La primera vez que te vi

La primera vez que te vi..."Senderos de Gloria"

03.05.2013 | 0 Comentarios
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La Primera vez que vi "Senderos de Gloria" (Stanley Kubrick, 1957) fue en 1986, durante su estreno en España, un estreno que, como pueden ustedes fácilmente calcular, se retrasaría casi tres décadas respecto a su fecha de creación.

Aquel primer visionado de la película debió de ser en los cines Alphaville, tal vez en los Renoir, de Martín de los Heros; disculpen ésta imprecisión mía pero tengo más facilidad para recordar los nombres de las calles, el escenario genérico, que las salas de cine, el decorado concreto. En cualquier caso, tenía yo 15 años por aquel entonces y "Senderos de Gloria" fue mi primera película en versión original en pantalla grande.

Fue entonces cuando, para mí, empezaron a encajar las piezas de lo que yo llamo el "rompecabezas Kubrick". Estoy convencido de que la obra de Kubrick es como un puzzle compuesto por 13 piezas asimétricas -cada una de sus películas-, un puzzle que en la vida de los cinéfilos se presenta de forma desordenada, pero lógica. En mi caso, a esas alturas, yo había descubierto a Kubrick aleatoriamente, como debe ser: “2001, una odisea espacial” y “Telefóno Rojo” por allí, “El Resplandor” y “La naranja mecánica” por allá…

En cualquier caso, “Senderos de Gloria” llegó tarde a mis ojos de cinéfilo, como a los ojos de la mayor parte de los cinéfilos españoles. Pero así es como llegó. Cosas de la censura.


Recuerdo los faldones de publicidad en los periódicos: “se estrena es España la obra más prohibida de Stanley Kubrick”. Me parece que se pasaron: para prohibida, prohibida, yo creo que mejor anteponer “La naranja mecánica”, que estaba autocensurada hasta por el propio Kubrick. Pero en fin, el marketing…

“Senderos de Gloria” es asfixiante, como dar una bocanada de gas mostaza al despuntar el alba. Nunca mejor dicho: porque de trincheras y de guerra, de uno de tantos incidentes vergonzantes acontecidos durante la Gran Guerra, de fusilamientos al amanecer, va su historia. “Senderos de Gloria” te deja el cuerpo revuelto, lo mismo que te lo deja el “¡Quiero vivir”! de Wise, el “Johnny cogió su fusil” de Trumbo o el “A sangre fría” de Brooks. Solo que aquí, en “Senderos…”, la sensación es peor. Porque “Senderos de Gloria” es, narrativamente hablando, perfecta: una maquinaria de precisión tan exacta, un mecanismo de relojería con bomba incorporada tan puntual, como sólo Kubrick podía concebir. Si no la han visto, prueben a hacer un experimento: empiecen con ella y, si son capaces, déjenla a la mitad. Fracasarán. Y es que “Senderos de Gloria” puede amarse u odiarse, como todo el cine de Kubrick; lo que no puede es abandonarse, porque todas sus secuencias se van engarzando en la conciencia del espectador, o, en su defecto, en sus tripas, como las madejas de alambradas de un campo de batalla.

Vi “Senderos de Gloria” un año antes de “La chaqueta metálica”, tercera película bélica de Kubrick, a la que la crítica del 87 calificaría generosamente como “la mejor película de guerra jamás filmada”. No estoy de acuerdo. Creo que “Senderos de Gloria” es infinitamente superior a “La chaqueta…”, igual que creo que supera con creces la acidez de “Teléfono Rojo”. Esto es así porque “Senderos de Guerra” trasciende su género…

 

Muchas veces se ha dicho de esta película que es uno de los más terribles alegatos antibelicistas jamás filmados. No me parece exacto. De hecho, no creo tanto que “Senderos de Gloria” sea tanto un alegato antibelicista, ni siquiera un alegato anti pena de muerte, que también, cuanto una detallada radiografía sobre la mezquindad humana, una mezquinadad que se revela, sí, en los campos de batalla de las guerras, pero también en las mesas donde se firman los tratados de paz.

Porque “Senderos de Gloria” tiene la lógica y la belleza de las partidas de ajedrez que tanto amaba Kubrick. Y su crueldad. El ajedrez –lo sé bien- es un juego muy violento, solo que, como su violencia está sublimada por la belleza de la madera de las piezas y del tablero, no nos damos cuenta. “En Senderos…”, aunque explícita, la violencia es también muy sutil. Y muy lógica. Porque, se lo advierto, queridos lectores: “Sendero de Gloria” es dura, sobre todo, porque exhibe de manera impúdica cómo la maldad de los hombres se revela tal cual es, banal, con la naturalidad de un amanecer, como una sencilla suma de dos más dos son cuatro.

Así de despiadado con su arte era el señor Stanley Kubrick.

Con “Senderos de Gloria”, imagino a Kubrick en su torre de marfil como a Goya, el cual, como una vez fuera interpelado por alguien que le preguntara por qué gustaba de retratar en sus “desastres” las barbaridades de los hombres, respondiera: “para darme el gusto de decirle a los hombres que no sean eternamente bárbaros”. Pues eso.
 

 

José Manuel Albelda

@jmalbelda

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Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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