La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…'Whiplash'

22.01.2015 | 0 Comentarios
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La primera vez que vi “Whiplash” (Damien Chazelle, 2014) fue el domingo pasado. Aunque no suelo escribir en este blog películas recientes, haré una excepción porque la ocasión lo merece y sé que siempre recordaré este primer visionado. Todavía estoy -tal y como suele decirse coloquialmente- en estado de shock: yo creo que al protagonista de la película seguramente se le escapó alguna de sus baquetas y que me dio en la cabeza con ella. Porque de percusión va el asunto.

De cuando en cuando uno se tropieza sin pretenderlo con películas pequeñas en las que casi nadie repara, películas discretas que sin embargo le devuelven a uno la fe en el cine como arte. “Whiplash” es una de estas deliciosas sorpresas, un film intenso y sincero que cuenta la historia de un jovencísimo batería de jazz que sueña con llegar a ser uno de los grandes y que está dispuesto a renunciar a todo con tal de conseguirlo. “Whiplash” es una película atronadora y silenciosa al mismo tiempo, y esta paradoja es posible ya que todo en ella es amor por la percusión más estremecedora, la que te sacude el pecho con su estruendo de bajos de apisonadora y agudos de cuchillo, pero también toda ella es amor por los silencios del alma y sus matices, silencios de fusa y semifusa: ambición, renuncia, esfuerzo, orgullo, superación, minucias que constituyen en definitiva la sustancia de que está hecha la vida.

“Whiplash” con justicia y por méritos propios se ha hecho un hueco en los Oscars entre otros films recientes mucho más aparatosos, como “Birdman”, “La Teoría del todo” o “Descifrando enigma”. Más allá de los Oscar, premios que como espectador y como cinéfilo nunca han interesado lo (más) mínimo pero que entiendo son la coartada perfecta para acreditar cualquier título que desee alcanzar el Olimpo, “Whiplash” cuenta con una trayectoria deslumbrante en el circuito de cine independiente. Ese rastro sí que merece la pena olfatearlo. Por otra parte, es la película a la que los críticos más prestigiosos de Estados Unidos adoran, y con razón. Además, fue nominada nada menos que a la Palma de Oro en Cannes y ha sido ampliamente premiada en los Globos de Oro y en el Festival de Sundance. Un detalle: también ha sido realizada y escrita facturada por un director novel que apenas ha cumplido los 30.


Mientras veía “Whiplash” el domingo en una pequeña multisala a una cuarta parte de su aforo no salía de mi asombro: pensaba en lo que hubiera podido ser aquel “Fama” de Alan Parker y no fue:

Porque donde Parker inyectó considerables dosis de previsibilidad, Chazelle, padre de “Whiplash” insufló incertidumbre, es decir, autenticidad. 

Pensé en “La chaqueta metálica” de Kubrick mientras veía “Whiplash” –es inevitable no comparar al sargento de marines interpretado por Lee Ermey con el director de orquesta interpretado por J.K. Simmons-, y pensé también en tantos y tantos instructores de acero que el cine nos ha regalado, como el médico interpretado por Toshiro Mifune en el “Barbarroja” de Kurosawa:


El señor Miyagui de “Karate Kid”:


El sargento de “Oficial y caballero”:


El profesor Higgings de “My Fair Lady”:


Y en el viejo bluesman de “Cruce de caminos”


Dicho lo cual, todos los tópicos que se pudieran esperar de una película sobre músicos de jazz que tratan de convertirse en los más grandes “Whiplash” los evita. Donde uno imagina complacencia, encuentra aspereza, y donde se prevén certezas, hay inseguridades. El guion funciona con la precisión y desasosiego de los buenos thrillers de antes, y todo porque alguien con mucho talento, el propio realizador de la cinta, se ha molestado en cada línea de texto en eludir como alma que lleva el diablo los lugares comunes.
Piensas en el “Bird” de Clint Eastwood mientras ves “Whiplash” y ello es muy buena cosa porque también se te vienen a la mente otras maravillas del mismo director como “Million Dollar Baby” o “Grand Torino”. Escuchas los redobles interpretados por el protagonista, te hipnotizas con “Caravan” mientras al chico sangran las manos de tocar y tocar y tocar, y piensas en “El hombre del brazo de oro” y en “Alrededor de la medianoche”, y te sorprendes al extrañarte de que una simple batería de jazz pueda comunicar tanto sentimiento, tanta furia, tanta grandeza.


Si no aman el jazz, “Whiplash” es esta una muy buena ocasión para enamorarse de esta música y para sumergirse en su swing por los siglos de los siglos.

 

Después de todo, como dijo Carlos Santana, “el rock es una piscina, pero el jazz es todo un océano”.

Twitter: José Manuel Albelda


 

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JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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