La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…'West Side Story'

15.01.2015 | 0 Comentarios
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La primera vez que vi…”West Side Story” (Robert Wise, 1961) fue en Sábado Cine, allá por el 86. Sólo con ver y escuchar la apabullante obertura con aquellos rótulos diseñados por Saul Bass ya supe que esa película iba a enamorarme, a cambiarme para siempre la forma de entender el musical.

Saul Bass es un artista que si en lugar de haber elegido el diseño gráfico como especialidad se hubiese hecho pintor, hoy estaríamos hablando de un genio de la altura de Dalí o Klimt. Saul Bass no era sólo un buen diseñador de créditos y carteles cinematográficos, señas de identidad de por sí legendarias: el arte de Bass impregnaba desde el primer segundo de metraje las películas de los cineastas para los que trabajaba hasta el punto de que dichos films estaban al servicio del prólogo, y no al revés; parecían películas que se hubieran postrado de rodillas en señal de veneración hacia su maestro de ceremonias.

La película “West Side Story” no es una excepción, y en conjunto podemos decir que es el maravilloso resultado de la suma de tres genialidades: Bass+Wise+Bernstein. Si me obligaran ustedes a quedarme con un tema de la partitura de Leonard Bernstein de “West Side Story”, sinceramente, no sabría cuál escoger. Me haría trampas a mí mismo si dijera “María”…

si dijera “Tonight”…

o si dijera dijera “América”…

Cada nota, cada estrofa, cada coreografía de esta obra de arte estrenada en Broadway en 1957 cuatro años antes por tanto de realizarse la adaptación cinematográfica de Wise, desde “Jet Song” a “Something’s coming” pasando por “I feel pretty” o “Cool”, me deja sin respiración.

Como saben, “West Side Story” es una libre adaptación del “Romeo y Julieta” de Shakespeare. Voy a decir una barbaridad con la que muchos puristas probablemente no estén de acuerdo: algunas de las mejores adaptaciones cinematográficas que se han realizado de la obra de Shakespeare quizá son tan magníficas porque, de tan libres, resultan casi irreconocibles. Para mí, estas películas desprovistas de ataduras rigoristas, de academicismo, son las que mejor reflejan la esencia del teatro de Shakespeare. Es una paradoja, lo sé. 

Pero “Planeta Prohibido”, adaptación de “La Tempestad”, en mi opinión demuestra esta paradoja:

Como también la prueba la adaptación que de “El Rey Lear” hizo Kurosawa en “RAN”:

“West Side Story” nunca debiera ser tomada por lo que no es: una película ñoña que se ha quedado anticuada donde un puñado de actores cursis se ponen a cantar y bailar sin ton ni son. Es la crítica apresurada que escucharán ustedes procedente de quienes no aman o no comprenden los particulares códigos narrativos del musical. De hecho, es la sentencia que yo tuve que escuchar de boca de algún que otro compañero de clase de aquellos años de mi adolescencia cuando al llegar un lunes al aula, después del memorable pase de Sábado Cine, conté lo emocionado que estaba después de haber visto lo que había visto.

“West Side Story”, diez Oscars entre pecho y espalda, es una buena ocasión para adentrarse dentro de la obra de Robert Wise, otro monstruo inconmensurable que lo mismo revolucionaba el musical que la ciencia ficción, el cine histórico o el policiaco. Permítanme un consejo. Si un día están apáticos -cinéfilamente hablando- y no saben por qué película tirar, prueben a elegir al azar un film cualquiera de Wise. No se arrepentirán.

Twitter: José Manuel Albelda




 

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Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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