La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…'Solaris'

12.12.2014 | 0 Comentarios
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La primera vez que vi “Solaris” (Andrei Tarkovski, 1972) fue de madrugada, a principios de los noventa, durante el mini ciclo que programó La 2 sobre la obra de dicho realizador ruso.

Sabía de Tarkovski porque por entonces ya había visto su película póstuma, “Sacrificio”, y estaba advertido de que su forma de entender el cine y el arte era, ¿cómo decirlo…? distinta.

“Solaris” es la historia de un científico, Kris Kelvin, que es enviado hasta una lejana estación espacial que orbita alrededor del misterioso océano de un planeta que tiene la peculiaridad de resucitar en carne y hueso los seres que habitan en el recuerdo de los cosmonautas.

Así, el “Solaris” de Tarkovski no es una película de ciencia ficción en el sentido que puedan serlo “Avatar” o “El planeta de los simios”, grandes películas, sí, pero películas al fin y al cabo. “Solaris”, como les ocurre a “Stalker” o a “Sacrificio”, las otras obras maestras de Tarkovski de corte fantástico, es como una delicada criatura alumbrada tras un doloroso parto. Digo que “Solaris” no es una película y sí una criatura porque “Solaris” nació como ser mortal, creció como ser mortal, pero ascendió directamente hacia el promontorio del Olimpo para no bajarse ya nunca de él; digo estas cosas en plan brindis al sol y me quedo tan ancho, y añado que “Solaris” está más cerca de ser un lienzo sin precio como La Gioconda o uno de esos vinos rarísimos que se conservan desde la época de Napoleón y que ningún sumiller se atrevería a catar por aquello de no profanar el sueño de los siglos. De todas formas, el “Solaris” de Tarkovski no podría alumbrarse hoy día porque, entre otras cosas, Tarkovski hace casi treinta años que ya no está entre nosotros: “Solaris” es hija de su tiempo, setentero tiempo soviético, pero sin duda es más que eso, porque otra intentona de adaptación precedente, también soviética, resultó ser un bodoque de tomo y lomo:

Cuidado también con los remakes de “Solaris” posteriores al de Tarkovski, porque los carga el diablo. Vean lo que sucede cuando a un Steven Soderbergh se le ocurre entrometerse de nuevo en la novela de Stanislav Lem:

¡Psché!

El “Solaris” de Tarkovski es el mejor “Solaris” de Lem que pueda concebirse, de la misma forma que no hay mejor padrino de Puzo que “El padrino” de Coppola. A propósito de Lem: les recomiendo cierta adaptación de “El test de el piloto Pirx” que habita íntegra, subtitulada,  vivita y coleando en los recovecos de youtube:

Pero hablemos de “Solaris”:

Tarkovski no sólo tuvo que afrontar las dificultades inherentes a la censura soviética de su época; también tuvo que defender sus postulados artísticos en un entorno creativo donde no siempre le fue fácil escribir poesía sin pluma ni papel, es decir, escribir poesía a cañonazos como quien dice, empleando los subterfugios del sétimo arte para su propósito último, volcar su alma. Porque Tarkovski, le pese a quien le pese, fue tan cineasta como poeta, tan cineasta como filósofo de la imagen. Tarkovski filósofo, sí: ¿y qué? Hay muchas formas de filosofar: Sócrates, por ejemplo, filosofó sin dejar una sola línea escrita; Nietzsche, en cambio, filosofó a martillazos; y Cioran, pobre, filosofó a base de amargarse -y amargarnos- las sobremesas y el café de todas las tardes con sus noches. 

“Solaris” es lenta. “Solaris” es triste. “Solaris” es hermosa.

Ver “Solaris” de Tarkovski es descubrir, gracias a un leit movit músical que recorre todo su metraje como una columna vertebral, el más maravilloso preludio coral que compuso

Bach:

https://www.youtube.com/watch?v=mGb0tP1Gz5Y

Ver “Solaris” de Tarkovski es asombrase del Cosmos y sus secretos, y creer de buena fe que algún día convergerán la física cuántica, la filosofía y la religión:

Ver “Solaris” es enterarse gracias al compositor Artemiev, bendito sea, de que un teclado sintetizador puede ser algo más que un arma de destrucción masiva. Quien dice

“Solaris” dice “Stalker”, otra pieza sonora de Artemiev que es igual de maravillosa:

Y ver “Solaris” es darse cuenta de que existieron otras formas de dirigir actores y de interpretar diferentes al Actor’s Studio; y no pasa nada:

Ver “Solaris”, en definitiva, es encontrar un tesoro, pero también es quedarse uno con el corazón sumido en una extraña sensación de pérdida muy difícil de superar.

Twitter: José Manuel Albelda

 

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Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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