La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…"Psicosis"

10.04.2014 | 0 Comentarios
psicosis_237

La primera vez que vi “Psicosis” (Psycho, Alfred Hitchcock, 1960) fue relativamente tarde, ya de adolescente, en el 87.

La vi en una maltrecha copia de VHS alquilada en un videoclub de barrio.

No pudo ser de otra forma, ni antes. Y bien que lo siento, porque esas no son formas de hacerle los honores a una película así…

Bastante tiempo atrás, cierto 29 de abril del año 1980 en que estaba yo de visita en casa de mis abuelos paternos, el telediario de la noche informó de que el mago del suspense sir Alfred Hitchcock acababa de morir en Los Ángeles a los 81 años de edad; a continuación, el locutor anunció que Televisión Española ofrecería aquella misma noche una programación especial consistente en la proyección de “Psicosis”, la película más emblemática del director inglés: relampaguearon en la pantalla de la Telefunken algunas imágenes espeluznantes en blanco y negro, Bates, la mecedora, Marion, el plano cenital de la escalera, el detective Arbogast, la sombra del cuchillo, la ducha, el luminoso del motel con la palabra “vacancy”, imágenes vertiginosas, violentas, enigmáticas, sobre música de violines estridentes; después continuó el telediario como si tal cosa. Como comprenderán, con 9 años recién cumplidos, yo no tenía ni idea de lo que significaba la palabra ‘psicosis’, un término tan cacofónico como nebuloso que ahora sé que evoca enfermedad, angustia y tinieblas; no obstante, por el rictus de aprensión que observe en las caras de los adultos intuí que la temática de la película anunciada no debía de estar cercana a la comedia ni tampoco al western, por aquel entonces mis dos géneros preferidos. Sutilezas del lenguaje no verbal…

 “¿Quién quiere ver cosas tristes?”, dijo mi abuela con expresión de disgusto mientras apagaba el televisor: “suficientes angustias tiene ya la vida”.

Terminamos nuestra cena. Y los niños, a la cama, que ya es hora.

Me quedé, claro, con la mosca detrás de la oreja porque aquella noche, mientras los adultos se quedaban en el comedor charlando de sus cosas, a mí me mandaron a dormir un ratito antes de lo normal...

Dulces sueños.

Lo cierto es que al día siguiente, después del desayuno, de refilón, escuché a mis abuelos comentarle a mi madre, que también se había acostado temprano la noche anterior, que finalmente ellos sí se habían quedado a ver la susodicha “Psicosis”. Recuerdo, como si hubieran sido pronunciadas hoy, las palabras exactas de mi abuela: “era una película muy rara, y muy desagradable, sobre un muchacho loco que vivía en una mansión junto al cadáver de su madre; no la vimos terminar”.

Y así fue como se despertó en mí un runrún de curiosidad hacia aquella “Psicosis” de Hitchcock que entonces, en el 80, a mí me fue vetada: qué tendría esa “Psicosis” que tanto les había desazonado a mis abuelos, cómo sería aquel chico que se había vuelto loco, cómo sería su madre muerta, y cómo sería aquella casa terrible, la mansión; lo que habría dado yo por ver “Psicosis” la noche antes, por qué seré todavía un niño, cuándo me haré mayor para verla.

“Psicosis” tuvo que esperar por un tiempo, porque tampoco crean ustedes que durante los años 80 esta película se prodigó demasiado en televisión.

Entretanto, durante los años de espera, buena parte del cine de Hitchcock, su filmografía más asequible, paso por mi vida gracias a un par de ciclos afortunados: “Vértigo”, “La ventana indiscreta”, “El hombre que sabía demasiado”, “39 escalones”, “Alarma en el expreso”, “Rebeca”, “Recuerda”, “Los pájaros”, “El hombre que sabía demasiado”…


Hagamos un flash forward, pulsemos avance rápido en el mando a distancia del vídeo y situémonos en el 87. Tengo en mi mano la cinta VHS recién alquilada en el videoclub del barrio. Drops, baja definición, sonido nefasto, pero, por fin. “Psicosis”.


Me gustó “Psicosis”, pero no esperen ustedes que diera palmas con las orejas en aquel primer visionado: la película me pareció fría, densa, lejana, incluso un poco lenta.

Esperaba, quizá, otra cosa: puede que por entonces me hubiera acostumbrado demasiado al Hitchcock más amable. Me impresionó Norman Bates, claro, y su historia truculenta, pero tuve que dejar macerar el argumento algunos años para asimilarlo y valorarlo en su justa medida. Es lo que siempre me pasa con aquellos primeros visionados en los que tengo depositadas demasiadas expectativas: ¡qué les voy a contar a ustedes que no les haya dicho ya antes en otros post!

“Psicosis” empezó a apasionarme cinco o seis años después de verla por primera vez. Fue a raíz de leer el libro “El cine según Hitchcock”, de François Truffaut, el mejor libro de entrevistas cinematográficas que haya sido sido escrito, cuando empecé de veras a interesarme por la historia de Norman Bates. Leí también por entonces el relato del escritor Robert Bloch. Espeluznante. Conocí, por reportajes escritos, cómo había sido la historia real en que estaba inspirada la ficción de Bloch y Hitchcock: el caso Ed Gein. Así, recomponiendo las piezas del puzle, entendí por fin qué había impulsado a sir Alfred a emprender uno de los proyectos más arriesgados de su carrera, quizá el más arriesgado.

Entendí, por tanto, que “Psicosis” era en realidad la primera película de terror verdaderamente moderna, la frontera a partir de la cual se había trazado un antes y un después en el género.

Entonces, sólo entonces, experimenté el verdadero escalofrío de “Psicosis”.

José Manuel Albelda



 




 

(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
4 + 6 =
Para prevenir spam automático, por favor, resuelve esta pregunta de matemáticas.
JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

Artículos anteriores

La Encuesta

¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
Si
63.7%
No
36.3%