La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…'Prometheus'

09.01.2015 | 0 Comentarios
prometheus_435

La primera vez que vi “Prometheus” (Ridley Scott, 2012) tenía tanto hambre del viejo Ridley Scott, es decir, del buen Ridley Scott de “Los duelistas”, “Blade Runner” y “Alien, el octavo pasajero”, que en el momento de verla no supe reconocer que lo que estaba viendo era un fiasco. Es decir, que vi “Prometheus” y esa tarde me quedé más o menos contento creyendo que mi venerado Ridley Scott había recuperado su genialidad. Vi “Prometheus”, pues, sin enterarme de que me habían dado gato por liebre.

Con “Prometheus” me pasó lo que con “El padrino III”, cierre de trilogía, fin de ciclo, crepúsculo de carrera genial, film al que en su momento concedí prematuramente el beneficio de la duda por tratarse de un Coppola reserva con retrogusto a madera y viejo habano. Error. Al final, 25 años después de salir del cine, he acabado por entender que la única persona de la familia Coppola digna de llevar actualmente el peso de ese apellido es Sofía, la hija de Michael Corleone, quiero decir, de don Francis Ford, la cineasta responsable de “Las vírgenes suicidas” y “Lost in translation”.

Ahora, que lo de “Prometheus” fue bastante peor que el declive de la saga de El Padrino…

Se preguntarán ustedes por qué me da ahora por escribir sobre una película que me decepcionó en su segundo visionado. Pues por eso mismo, porque me sentí un poco bobo. “Prometheus” es lo de menos; en realidad, me sirve de excusa para reflexionar sobre la vieja cuestión de qué es el talento.

Que Ridley Scott tuvo, ha tenido, tiene y tendrá talento, mucho talento, es indudable. La cuestión sin duda es por qué alguien que tuvo paciencia para esperar a cumplir 42 años de edad para abrazar la gran oportunidad de su vida, “Alien, el octavo pasajero”, sintió a los 75 años la necesidad de revisitar de manera tan rutinaria, tan previsible, aquel universo exótico de monstruos primigenios que cambió para siempre el propio género fantástico y, con él, la historia del cine.

“Alien, el octavo pasajero” se filmó con un presupuesto de 11 millones de dólares con un director que, aún siendo un hombre maduro, en la industria de Hollywood era casi un debutante. “Prometheus”, en cambio, contó nada menos que con 130 millones de dólares y fue dirigida por un Scott con una larga experiencia entre pecho y espalda. Más de 30 años separan ambas películas y ambos Scott. ¿Por qué, entonces, “Prometheus” es tan decepcionante frente a “Alien”? ¿Qué desaprendió Scott por el camino? Porque no es una cuestión de reflejos, de edad, lo que esclerotiza a “Prometheus”. Es más bien lo contrario. Un exceso de músculo, de ganas de deslumbrar y de rizar el rizo, de ofrecer respuestas que nunca debieron ser contestadas. El velo de Isis nunca debe ser rasgado.

En 1979 Ridley Scott hizo de la necesidad virtud. Le faltaba de todo: principalmente, dinero, medios técnicos, prestigio y tiempo. Pero peleó contra la tempestad –se enemistó con los productores, el equipo técnico e incluso con algunos de los actores- y llevó la nave, nuestra Nostromo, a buen puerto.

El mundo (cinéfilo, se entiende) contuvo la respiración cuando la Fox anunció en 2010 que Scott dirigiría la precuela de “Alien, el octavo pasajero”. Después de la decepcionante “Alien Resurrection” y de la irregular “Alien 3”, después de las dos “marcianadas” de “Alien vs Predator”, por fin el maestro Scott iba a ponerse al frente de la franquicia. Pocas veces se ha generado tanta expectación, tanta “hype”. Yo mismo, con la ilusión de un crío, me tragué el cuento aquella tarde de estreno de “Prometheus” con ganas de devorarme al alienígena mismo si me lo servían cocinado en una bandeja.

Me lo sirvieron en bandeja, en realidad, y por eso mismo me lo tragué de un bocado. Sólo puedo esgrimir en mi defensa la excusa de que tenía mucha, mucha hambre.
Así, todos los errores que Scott eludió cometer en “Alien, el octavo pasajero” (tópicos de guión, exceso de efectos especiales, reincidencia en los aspectos más grotescos del horror) los incorporó a su curriculum al dirigir “Prometheus”. No parecía dicha precuela la obra de un anciano; más bien se parecía al primer trabajo de un nuevo “enfant terrible” hollywoodiense, malcriado y con deseos de epatar, un protegido al que dos o tres productores de cartera abultada hubieran dado rienda suelta para hacer de la película un sayo con toda su capa. Donde un día lejano hubo misterio y sombras, Scott puso ahora taquígrafos y luces, pero luces de discoteca; donde en un tiempo hubo quietud y letanía lovecraftiana, Scott puso vértigo de carrousel y montaña rusa. Las comparaciones son odiosas, pero a veces son necesarias.

Qué despliegue visual tan innecesario el de “Prometheus”. 

Sólo Michael Fassbender, el robot David, salva la película; él, y quizá también la protagonista, Naomi Rapace, convincente remedo de la vieja Ellen Ripley.

Pero qué contraste entre la sobriedad trágica de aquella banda sonora de Jerry Goldsmith para “Alien, el octavo pasajero”…


…con las obviedades que compuso Marc Streitenfeld para “Prometheus”:

Por no hablar de las naves espaciales. En “Alien, el octavo pasajero” la Nostromo aún siendo maqueta ¡volaba!

“Prometheus”, nave homónima, siendo mucho más perfecta, más espectacular y más detallada que la Nostromo por ser digital, no era creíble. Quiero decir que no volaba, al menos para mí: 

No es que “Prometheus” sea una mala película. Ni mucho menos. Si no fuera una obra de Ridley Scott, padre de “Blade Runner” diríamos que es un más que aceptable film de ciencia ficción teniendo en consideración determinadas criaturas de ciencia ficción que vienen poblando las carteleras desde el principio del milenio.

El problema es que, siendo como es “Prometheus” hija de Scott, director al que un día le exigimos una nota en el examen de 10 sobre 10, se conviertió una película innecesaria.

Twitter: José María Albelda



 

(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
8 + 8 =
Para prevenir spam automático, por favor, resuelve esta pregunta de matemáticas.
JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

Artículos anteriores

La Encuesta

¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
Si
63.7%
No
36.3%