La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…'Los siete samuráis'

11.07.2014 | 0 Comentarios
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La primera vez que vi “Los siete samuráis” (Akira Kurosawa, 1954) fue durante su reposición en versión original en 1992 en los cines Renoir de Cuatro Caminos. Llevaba años tratando de hincarle el diente a esta película, pero lo cierto es que hasta la fecha la pieza se me había escurrido en todos y cada uno de sus pases en el Doré.

Me gustaría poder decir ahora que aquella tarde salí de los Renoir enamoradísimo, encandilado con de esta historia de samuráis tan sencilla como épica, el reclutamiento de siete valerosos guerreros sin amo en su abnegada lucha para proteger una aldea del asedio de unos bandidos, pero he de reconocer que la película me aburrió bastante más de lo que esperaba.

Yo creo que aquel Kurosawa en sombrío blanco y negro de “Los siete samuráis” no era el Kurosawa para el que estaba yo preparado, un Kurosawa más asequible y cromático de películas que por entonces ya había visto de su filmografía, “Los sueños”, “RAN” y “Dersu Uzala”.



Por suerte, tratándose de cinefilia existen las segundas oportunidades.

La 2 de Televisión Española, bendita sea, programó a medidos de los 90 un ciclo intempestivo dedicado a Kurosawa. Fue entonces cuando grabé en VHS “Los siete samuráis” y cuando pude ponerme manos a la obra para estudiar seriamente en qué había fallado yo en aquel mi primer visionado de la película. Porque yo me equivoco muy a menudo. Kurosawa jamás.

Existe un condicionamiento nefasto que determina en algunos espectadores el primer acercamiento a “Los siete samuráis”: haber visto previamente su remake hollywoodiense, el muy inferior aunque bienintencionado western de John Sturges “Los siete magníficos”. Todo lo que puede esperarse de “Los siete magníficos”, grandes estrellas, entretenimiento a raudales, espectacularidad, escenarios épicos y prístina división entre las fuerzas del bien y del mal, no existe en “Los siete samuráis”, película cadenciosa, ambigua, contenida y magistralmente sobria.

Yo había visto de niño “Los siete magníficos”. Una pena esta inversión en el orden de prioridades.

Pondré un sencillo ejemplo musical que aclara mejor que mil palabras lo que quiero decir. Comparen la reconocible fanfarria, puros fuegos artificiales, del tema central de Elmer Bernstein de “Los siete magníficos”…


…con la tenebrosidad del compositor Fumio Hayasaka en la película de Kurosawa:


Entienden a qué me refiero, ¿verdad?

El abismo que separa a sendas bandas sonoras es, lógicamente, equiparable a todos y cada uno de los elementos que conforman las respectivas películas a que pertenecen. Sin embargo, “Los siete magníficos” con el paso del tiempo ha ido resbalándose poquito a poco de mi vida, mudándose de mí como una vieja piel de ofidio y quedando atrás en el recuerdo, mientras que “Los siete samuráis”, quién lo hubiera dicho en el 92, se me ha ido viniendo adentro, interfiriéndome, moldeando mi gusto cinematográfico a imagen y semejanza de la obra del maestro Kurosawa: “Los siete samuráis” es a fecha de hoy una de mis 15 o 20 películas preferidas de todos los tiempos. Y “Rashomon”, “Barbarroja”, “Vivir”, “Duelo silencioso”, “Trono de sangre”, “Sanjuro”, “Los canallas duermen en paz” y “El ángel ebrio” no andan muy lejos en mi lista de prioridades. 

Cada secuencia del metraje de “Los siete magníficos” contiene momentos inolvidables: el perseverante reclutamiento que realiza el veterano Kanbei de cada uno de los guerreros que conforman el grupo de samuráis es memorable; las escenas del adiestramiento de los campesinos por parte de nuestros siete protagonistas son una lección mucho más ilustrativa sobre teoría bélica que la lectura de media docena de tratados de historia militar; las interacciones de los samuráis con los aldeanos, el descubrimiento progresivo de la intrahistoria del poblado, el vínculo de los siete guerreros entre sí y su evolución psicológica son, decididamente, conmovedores. Por no hablar del asedio, de la batalla final, tan descarnada como bien filmada y vertiginosa: ríanse ustedes de las escenas bélicas de “Juego de tronos” o “Gladiator”.


“Los siete samuráis” aúna muchas cosas a la vez: es una magnífica película bélica ambientada en el Japón del siglo XVI pero también es un profundo retrato humano de siete hombres con personalidades distintas pero condenados a entenderse en aras de una causa común; por supuesto, es asimismo una lección incontestable en cuanto a composición de planos, iluminación y puesta en escena.

Pero es, sobre todo, una película emocionante como pocas, universal, que habla sobre asuntos que a todos nos atañen: la injusticia, el miedo, el valor, la lucha y la muerte. 

José Manuel Albelda


 

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Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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