La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…'Las verdes praderas'

05.12.2014 | 0 Comentarios
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La primera vez que vi “Las verdes praderas” (José Luis Garci, 1979) fue hace cuatro años. Muy tarde, por tanto. Sucede que aunque tenía grabada esta película desde hacía tiempo en un disco duro, allí podía haber seguido la pobre, silenciosa y cubierta de polvo junto a otros grandes clásicos del cine español de los setenta como “El nido” de Armiñán, “El jardín de las delicias” de Saura y “El bosque del lobo” de Olea, esperando el sueño de los justos. Pero ya saben ustedes como discurren de impredecibles los ríos de Cinefilia, nuestra ciudad natal: escuchas una conversación en la fila de una taquilla o encuentras una pequeña reseña en un periódico olvidado, y ¡zas!, se te abre el apetito y ya no puedes esperar a llegar a casa para ver ese film que alguien ha mencionado. Eso es exactamente lo que me pasó con “Las verdes praderas”. Que alguien -un buen amigo- se acordó de ella en voz alta y me transmitió su emoción. Recuerden esto: la pasión por el buen cine es uno de los virus más contagiosos que existen.

Yo he estado enamorado –lo que se dice enamorado de verdad- de tres películas de Garci:


Siendo adolescente, de “Volver a empezar”:


Más tarde, de joven, de “El crack”:


Y ahora, de adulto, de “Las verdes praderas”:

Estas tres películas me llegaron al alma y las tres me rompieron el corazón. Por eso: si alguien me obligara a elegir, a punta de pistola por ejemplo, no sabría cuál escoger de estos tres amores (a mi me gusta deleitarme con este tipo de absurdos cinéfilos porque, ¿quién tendría interés en poner a otra persona en semejante apuro?).
Verán. Cuando el año pasado se nos murió Alfredo Landa y todo el mundo echaba la vista atrás, cuando todos recordaban su vida y obra en imágenes, yo no era capaz de pensar en otra cosa que no fuera aquel monólogo de Landa en el bosque de “Las verdes praderas” junto a María Casanova. Vamos a ponernos estupendos por un momento: probablemente, Sartre, Shakespeare y Tennessee Williams monologaron con más pompa y circunstancia acerca de futilidad de la existencia en sus respectivas obras “La nada”, “Hamlet” y “De repente el último verano”, pero no creo que este momento de “Las verdes praderas” con José y Conchi sentados en ese pinar de Cerceda a las faldas de la Sierra de Guadarrama contenga menos verdad ni menos belleza. Hay que agradecérselo al guion de José Luis Garci y González Sinde.

Porque esas palabras de Landa, de José, indistinguibles ambos para mí, yo creo que van mucho más allá de una crítica a la sociedad de consumo contemporánea. Son, casi, una declaración de guerra contra el destino, contra la vida, contra esa ilusión de felicidad que todos perseguimos y que permanentemente se nos escapa. Calderón de la Barca, tres siglos antes, lo dijo con otras palabras, pero en el fondo dijo cosas muy parecidas:


Por cierto, casi nunca hablo de carteles cinematográficos, pero en esta ocasión me parece imprescindible hacerlo. “Las verdes praderas” cuenta con uno de los posters más deliciosos de toda la historia del cine español:


 
Su autor, el gran ilustrador José Ramón Sánchez.
 

Twitter: José Manuel Albelda

 

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Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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