La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…"La lista de Schindler"

08.11.2013 | 0 Comentarios
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La primera vez que vi “La lista de Schindler” (Steven Spielberg, 1993) desconfié, y reconozco que aquella desconfianza condicionó negativamente mi primer visionado de la película.

Permitan que me explique.

Desconfío cuando un cineasta, por prestigioso que sea, estrena en un breve intervalo de tiempo dos obras clave de su filmografía, un lapso que en ocasiones puede ser de pocos meses de distancia entre uno y otro título: fue lo que sucedió con “Parque Jurásico” (destinada a revolucionar el mundo de los efectos especiales) y “La Lista de Schindler” (destinada a revolucionar el género bélico contemporáneo). Como recordarán, ambas cintas vieron la luz en el año 93.

Yo había sido un gran devoto de Spielberg.

Pero reconozco que por aquel entonces, a comienzos de los años 90, atravesaba yo un periodo de dudas acerca de la capacidad innovadora de un Spielberg cuyas obras “El imperio del sol”, “Always”, “La última Cruzada” y, sobre todo, “Hook” me habían decepcionado profundamente hasta el punto de inducirme a pensar que la magia, el genio, la inspiración –llámenlo como quieran- habían abandonado para siempre al creador de “Encuentros en la tercera fase” y “Tiburón”.


Así, cuando se anunció a bombo y platillo la inminencia de dos estrenos tan dispares como “La lista de Schindler” y “Parque Jurásico” me sentí disgustado -¡lo que son las cosas, qué capacidad tenemos los seres humanos para juzgar pronto y mal!-, como si aquel doblete fílmico fuera un asunto personal contra mí: pensé que un Spielberg caído por entonces en desgracia ante la crítica y ante buena parte del público se había embarcado a la desesperada en un doble intento de recuperar la credibilidad perdida en años anteriores. Sencillamente, me parecía imposible que un artista que había sido tan meticuloso como él, por mucha capacidad de trabajo que conservara respecto a sus años de juventud, pudiera haber consumado de forma solvente una nueva visita a los terrenos de la ficción científica y la Segunda Guerra Mundial. Con anteojos de semejante color bruno vi, pues, por cuestión de disciplina cinéfila, “Parque Jurásico”, que me deslumbró no obstante por su forma externa aunque no por su fondo, y “La lista de Schindler”, que me convenció por su fondo pero no así por su forma.


Lo he dicho ya en anteriores post: el prejuicio, las ideas preconcebidas de un instante de nuestra vida, condicionan tanto el juicio de uno que a veces éste se nubla por completo; después, cuesta recuperar la lucidez.

En casi todo me equivoqué entonces:

De “La lista de Schindler” pensé al verla por vez primera: ¿por qué todo es tan obvio en ella? Me disgustó el blanco y negro de Kaminski (aquel técnico se acabaría convirtiendo, y con razón, en el director de fotografía de cabecera de Spielberg); de las melodías de John Williams pensé que sonaban demasiado efectistas (aquel soundtrack acabaría por convertirse, y con justicia, en una de las partituras que más me conmoverían de todos los tiempos: de hecho, hoy día, no soy capaz de escuchar las cuerdas de Itzhak Perlman sin emocionarme); del reparto, por último, diré que me pareció desequilibrado, descompensado entre lo que juzgué una excesiva intensidad dramática por parte de las estrellas principales, Liam Neeson, Ralph Fiennes y Ben Kingsley, respecto a la discreta interpretación, casi neorrealista diría, de todos los excelentes secundarios que aparecen en el film (a fecha de hoy, no se me ocurre una distribución de papeles más inteligente y eficaz que aquella).


Siempre, siempre hay que darle una segunda oportunidad a aquellas obras de los genios que nos han disgustado en un primer acercamiento.

Con toda seguridad, seremos nosotros los que habremos estado errados.

Cierta noche, un par de años después del estreno de “La lista de Schindler”, conseguí una copia en VHS de la película y volví a verla; así, alejado del ruido de mis propias inducciones, amortiguada la ofuscación, me reencontré con aquella historia real, durísima y aleccionadora, necesaria en cualquier caso, tan espeluznante como dolorosa, que me acompañará –que nos acompañará- para siempre. Y lloré como un niño.

De “La lista…” no sabría con qué secuencias quedarme, porque, al igual que sucede con “Vencedores o vencidos” de Kramer, con “Shoah” de Lanzmann, o con “La vida es bella” de Benigni, uno se queda sin palabras, estremecido de principio a fin: en parte, de admiración, porque una obra de arte pueda ser tan perfecta, tan imprescindible, pero también, en parte, de vergüenza, porque el ser humano haya sido capaz de comportarse con tanta ignominia, con semejante nivel de maldad.

Veinte años después de su estreno, visionada diez veces más como mínimo, cada vez con mayor fervor, “La lista de Schindler” está incrustada permanente en mi memoria y en mi conciencia.

Donde siempre debió estar.

José Manuel Albelda


 

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Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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