La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…"El Evangelio según San Mateo"

16.04.2014 | 0 Comentarios
El Evangelio según San Mateo, Pasolini

La primera vez que vi “El Evangelio según San Mateo” (Il Vangelo secondo Matteo, 1964, Pier Paolo Pasolini) fue, como tantas otras veces, en La Clave de Balbín, aquella que iluminó de tan buenas películas clásicas los viernes de los setenta y los ochenta. Siento repetirme a lo largo de los post de este blog, pero qué le voy a hacer si el cine que ha marcado mi vida, el de mi infancia y mi adolescencia, discurrió frecuentemente por los mismos caminos.

 

 

Tengo que reconocer que cuando “El Evangelio según San Mateo” de Pasolini llegó hasta mi me quedé un tanto desconcertado, como no sabiendo qué pensar de aquella película tan austera como desaliñada que sin embargo me golpeó el corazón y la conciencia con la sinceridad de un relámpago. Porque, estéticamente hablando, ver “El Evangelio según San Mateo” es un poco -salvando las distancias cinematográficas y teológicas- como caerse del caballo en el camino de Damasco. Quiero decir que el cine religioso al que yo estaba acostumbrado por entonces era el de las grandes superproducciones de Hollywood, el de “La túnica sagrada” de Henry Koster y “Rey de Reyes” de Nicholas Ray, el de “La historia más grande jamás contada” de Stevens, “Los Diez Mandamientos” de DeMille y “La Biblia” de Houston: ejércitos conformados por miles de extras, efectos especiales disparados a discreción, música sinfónica resonando en la retaguardia, galopes de caballería sobre decorados fastuosos y aluvión de tropas de refuerzo cruzando las aguas de un río llamado Technicolor

 

 

 

 

Por contraste, “El Evangelio según San Mateo” representaba la sobriedad más absoluta: aquel blanco y negro de Pasolini, áspero como el granito, aquellas imprecisiones técnicas del director en el encuadre, en la narrativa y en el montaje, tan poéticas como cómplices de la propia historia, aquella impericia de muchos actores que en realidad no eran tales, interpretaciones inocentes tan desmañadas como honestas, tan limpias de artificio como los propios pastores de aquel pesebre de Belén de hace dos mil años. Aquella música, tan elemental, tan obvia, tan sin pulir, pero plena de una espiritualidad que al cine espiritual le había resultado ajena hasta aquel mismo momento. La veracidad de un Bach y un Mozart ilustrando el texto sagrado

 

 

 

 

Y, por supuesto, desgarrador, extraordinario, el Gospel “Sometimes I feel like a motherless child” en la voz de Odetta:

 

 

 

 

Decía antes que viendo por primera vez “El Evangelio según San Mateo” que se emitió en La Clave quedé yo descolocado, y es que mi mente de niño no entendía cómo una película tan radicalmente diferente a todo el cine religioso que yo había visto hasta entonces podía atrapar mi atención de tal forma. La Palabra, las palabras, brotaban con fulgor de la boca de aquel inesperado Enrique Irazoqui de 19 años que interpretaba a un Jesucristo de 33, y uno, como espectador, como testigo, se quedaba enmudecido: ¿ha existido acaso una mejor puesta en escena cinematográfica que ésta para el Sermón de la Montaña? Ni Scorsese ni Mel Gibson, muchas décadas después, han conseguido una autenticidad tal:

 

 

 

 

El Evangelio según San Mateo” es una película repleta de paradojas y, probablemente, repleta de contradicciones. ¿Pero acaso no lo es también la Poesía? Antes que realizador, Pasolini se consideraba a sí mismo un poeta. Yo creo que Pasolini en realidad era un poeta fílmico: como Tarkovski, como Ozu, como Chris Marker, como Erice… Aquel Pasolini del inicio de su carrera como cineasta, el Pasolini ateo que dedicó sin embargo “El Evangelio según San Mateo” a la memoria del Papa Juan XXIII, logró lo que otros directores mucho más piadosos formalmente no consiguieron en toda su vida por mucha buena voluntad que le echaran al asunto: Zefirelli es buen ejemplo de ello. Lo cierto es que el Pasolini que años después se refocilara con rudeza en la ciénaga de la podredumbre humana, el Pasolini de “Pocilga” o de “Saló”, por entonces, en el 64, consiguió ante la crítica, ante los espectadores cristianos y ante los espectadores no cristianos elevar una película religiosa a la categoría de Arte absoluto.

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JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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