La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…"El coloso en llamas"

21.03.2014 | 192 Comentarios
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La primera vez que vi “El coloso en llamas” (The towering Inferno,  John Guillermin e Irwin Allen, 1974) fue siendo yo muy niño, en el 77 o quizá en el 78, durante uno de los muchos pases que Televisión Española ofreció de la película.

Los setenta fueron años extraños en lo cinematográfico: yo creo que tras la ingenuidad de los sesenta, los setenta fueron como un resacoso despertar -con migraña incorporada-, un tránsito atormentado hacia tiempos más sombríos que cambiarían para siempre la estética del Séptimo Arte así como los propios gustos del público.

Desde entonces, a partir del 71, todo el Cine es Cine contemporáneo: “Apocalyse Now”, “Pat Garrett y Billy the Kid”, “El cazador”, “Frenesí”, “El exorcista”, “El Padrino”, “Taxi Driver”, “Deliverance” y “Alien”  son la prueba de ello. Hubo un antes y un después. Fue como si el Cine, de un día para otro, se hubiera hecho… un poco más viejo.

Precisamente, como resultado de aquella década post prodigiosa y a caballo entre el fantástico, el thriller y el cine de acción, brotó el subgénero cinematográfico de “catástrofes”, que muy pronto derivaría en un filón con múltiples franquicias: se trataba siempre de películas de gran formato, normalmente de larga duración y generoso presupuesto, cintas en que los guionistas se recreaban en la desgracia colectiva y hacían confluir en un espacio único (un trasatlántico, un aeroplano, un gran hotel, un estadio de fútbol, un rascacielos…) a un puñado de personajes yuxtapuestos que se veían involucrados en los más extravagantes peligros sin tener tiempo de decir esta boca es mía. Ya saben de qué les hablo: “Aeropuerto” (1970), “Pánico en el estadio” (1977), “El enigma se llama Juggernaut” (1974), “El puente de Cassandra” (1976), “La aventura del Poseidón” (1972), “Terremoto” (1972) y, por supuesto, “El coloso en llamas”. Los casting de aquellos filmes estaban tan hipertrofiados de estrellas de Hollywood en el atardecer de sus carreras que, frecuentemente, el desfile de famosos era tan entrañable como patético: Ava Gardner, Fred Astaire, Burt Lancaster, Shelley Winters, John Cassavetes, o Ernest Borgnine se convirtieron en parroquianos habituales. También el no menos veterano Charlton Heston se dejó caer en más de una ocasión por aquellos lares, solo que a él en particular no le fue del todo mal: curtido en mil batallas previas, aquellas travesuras crepusculares le reportaron una especie de segunda juventud cinematográfica.

Ahora bien: que a fecha de hoy tenga yo los ojos completamente abiertos respecto a la pobreza estética y argumental que contenía aquel subgénero cinematográfico tan denostado por la crítica actual no significa que no disfrutara de lo lindo con aquellas historias durante mi infancia. Recuerdo con profunda nostalgia todas estas películas trepidantes que me hicieron vibrar de emoción. Ojalá pudiera volver a sentir lo que experimenté la primera vez que se programaron en las noches memorables de mi añorado Sábado Cine. Les aseguro que todas estas cintas que hoy nos parecen tan atolondradas, en su día fueron auténticos regalos.

Y entre todas ellas, “El coloso en llamas” siempre significó para mí algo muy especial. 

 
Yo creo que “El coloso en llamas” es como un símbolo para toda aquella generación de críos que crecimos viendo este tipo de cine en la tele: aunque todo en “El coloso en llamas” es ficción, y aunque esta película es una hiperbólica adaptación de sendas novelas ambientadas en rascacielos de infinitas alturas, lo cierto es que vista la película desde la España en aquellos setenteros años, una España carente por entonces de arquitecturas ciclópeas como hoy lo puedan ser las Cuatro Torres o las Kio, todo parecía pero que muy espectacular, muy peligroso, y también muy verosímil.


Mirabas hacia aquella torre de cristal envuelta en llamas, “The Towering Inferno”, guau, y lo que veías arder no era el Empire State Building sino tu propio bloque de viviendas de Avenida de América o de Francisco Silvela. “¡Siempre les digo a los arquitectos que no deben construir por encima del octavo piso!”, aseveraba el jefe de bomberos interpretado por Steve McQueen; y nosotros, niños, adolescentes, asomábamos las cabezas por la ventana de nuestras respectivas casas, alzábamos los ojos hacia la cornisa y murmurábamos: “¡pues a lo mejor tiene razón!”.

Lo que quiero decir es que “El coloso en llamas” nos marcó.

Años después, desgraciadamente, la realidad superó con creces a la ficción.

Cuando aquel fatídico 11 de septiembre de 2001 contemplamos por televisión cómo dos aviones suicidas inflamaban de muerte las Torres Gemelas de Manhattan, fueron las imágenes de “El coloso en llamas” y no de “La jungla de cristal” (John Mc Tiernan, 1991) lo que primero me vino a la mente. Cuando la realidad nos desborda, la mente necesita encontrar aquellas analogías de ficción que más honda huella nos han dejado en el pasado. Y, por lo mismo, cuando aquella medianoche de febrero de 2005 ardió como una tea el Edificio Windsor de La Castellana fueron los horrores de maquetón de “El coloso en llamas” y no los ardores flamígeros de la mucho más reciente “Llamaradas” (Ron Howard, 1991) lo que primero evocó mi recuerdo.

Por eso, no necesito especificarles en qué película pienso (les daré una pista: está protagonizada por Charlton Heston) cada vez que experimento turbulencias dentro de un avión.

José Manuel Albelda

 

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Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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