La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…"El cazador"

16.09.2014 | 0 Comentarios
robertdeniro_213

La primera vez que vi “El cazador” (“The deer hunter”, Michael Cimino, 1978) fue durante un pase de la misma que ofreció Televisión Española en Sábado Cine. Según veía esta película áspera y según me emocionaba yo con su amargura, me frotaba también las manos y me decía a mí mismo que seguir la carrera del tal Michael Cimino, director del que hasta entonces yo lo desconocía casi todo, iba a ser muy inspirador; a mí me parecía que alguien que había sido capaz de dirigir “El cazador” a la fuerza tenía que tener una filmografía igual de fascinante. Hubo quien le saludó en los setenta como el nuevo Coppola. Por desgracia, el otro cine de Cimino no es semejante en calidad a “El cazador”. Después del desastre financiero que supuso su siguiente película, “La puerta del cielo”, injustamente tratada en su momento por crítica y público pero inferior en todo caso a “El cazador”, sus siguientes filmes fueron interesantes promesas, pero promesas frustradas: “Manhattan Sur”, “El siciliano” e incluso el remake “37 horas desesperadas” eran bienintencionados ejercicios con un estilo muy personal, sí, pero que en ningún caso alcanzaban la categoría de grandes películas. Obra maestra del cine universal es “El cazador” y punto. ¿Es suficiente una sola película para elevar a un cineasta a los altares? Desde mi punto de vista, sí.

Nuestro querido Carlos Pumares solía decir en Polvo de Estrellas que “El cazador” no es una gran película, sino dos grandes películas. Lo decía con un poco de ironía, por supuesto. Se refería Pumares a que sus 178 minutos de duración están divididos en dos partes magníficas, pero a su parecer demasiado independientes: la extensísima secuencia de la boda enlazada con la partida de caza que protagoniza el grupo de amigos, esto es, la primera parte del film, y el segmento de la guerra de Vietnam que desemboca en el doloroso regreso a casa, segundo acto de la obra.

Antes de seguir con el post de “El cazador” he de pedirles que se detengan un momento a escuchar el leitmotiv musical de la película, “Cavatina”, deliciosa pieza arpegiada, compuesta por Stanley Myers bastante tiempo antes de que la película fuera estrenada, y que a instancias del guitarrista clásico John Williams (no confundir con el compositor de “La guerra de las galaxias”), reescribió Myers en la forma instrumental que hoy todos conocemos. Estas notas desgranadas por las manos de Williams con tanta melancolía como virtuosismo son ya indisociables del recuerdo de la película. Me gustaría que las tuvieran ustedes presentes…

Respecto a la capacidad interpretativa de Meryl Streep no siento mayor aprecio por ella que el que profesaba Truman Capote, es decir, bien poco, pero reconozco que su permanente mirada de obnubilación, ese rictus de indecisión y pasmo que envuelve permanentemente a la Streep en pantalla le sienta a su personaje en “El cazador” a las mil maravillas: Robert De Niro y Christopher Walken giran a su alrededor como satélites naturales, lo cual está muy bien porque se interponen entre ella y el espectador, hacen de filtro. Sí. De Niro y Walken, como gigantes que son, están enormes en “El cazador”, pero más enormes están los secundarios, John Cazale y John Savage, desatados respectivamente, para bien. Les citaba antes la secuencia de la boda: desde mi punto de vista, junto con la boda de “El padrino” de Coppola, es la secuencia nupcial mejor filmada de toda la historia del cine. Sólo por cómo está narrada esa boda, con sus detalles finísimos y con sus trazos gruesos, “El cazador” merecería la pena. Pero no es sólo la boda, claro, lo que convierte al film en una pieza maestra: las secuencias de caza en el bosque nos evocan algo primitivo que subyace en el alma de todo ser humano cuando se encuentra consigo mismo en la naturaleza; esa partida de Caza con De NIro y Walken sincerándose en medio de lo salvaje provoca la misma sensación en el espectador que cuando vemos el “Deliverance” de John Boorman: nos sobrecoge, porque lo que les sucede a ellos podría sucedernos a nosotros; o no. Luego está Vietnam, la guerra: la larguísima secuencia de la ruleta rusa contiene algunas de las imágenes más terroríficas que yo he contemplado en una pantalla de cine. Pero esta secuencia es imprescindible. Sin ella, “El cazador” se desploma como un castillo de naipes: es la bisagra sobre la que todo bascula en la película. No les digo más.

Como saben, la guerra de Vietnam constituye todo un subgénero bélico en sí mismo: si yo tuviera que quedarme con un título, además del obligatorio “Apocalypse Now” de Coppola, “El cazador” sería mi preferida: ni el “Platoon” de Stone, ni “La chaqueta metálica” de Kubrick, ni “El regreso” de Ashby están a la altura, en mi opinión, respecto a “El cazador”. Y es que yo creo que esta película, sin ser del todo una película bélica, contiene a todas las otras referencias que he citado dentro de sí.

Por último, nunca podremos olvidar la secuencia del grupo de amigos en el bar de “El cazador” cantando juntos el “Can't Take My Eyes Off You”:

Lo cual es curioso, porque eso es exactamente lo que sucede con esta película: “can’t take my ayer of you”. Una vez que se empieza a ver, uno no puede apartar los ojos de ella.

José Manuel Albelda
 

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Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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