La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…'Bailar en la oscuridad'

20.10.2014 | 0 Comentarios
dancerINTHEDARK

La primera vez que vi “Bailar en la oscuridad” (Dancer in the dark, Lars Von Trier, 2000) fue en los Alphaville de Martín de los Heros, el mismo año de su estreno. Apostaba sobre seguro, porque a excepción de “Los idiotas”, única película de Lars Von Trier por la que siento absoluta indiferencia, sus anteriores trabajos “Europa” y “Rompiendo las olas” me habían deslumbrado por completo. Así, la irreverente incursión de Von Trier en el género musical que significaba el estreno de “Bailar en la oscuridad” con la siempre sorprendente Böjrk como estrella absoluta y con la señora Katherine Deneuve como secundaria deluxe, despertaron toda mi atención.

Ningún musical contemporáneo me ha cautivado más que “Bailar en la oscuridad”, una portento inclasificable. Después de aquello, únicamente “Who were we”, el número musical interpretado por Kylie Minogue en el “Holy Motors” de Leos Carax, me dejó, hace un par de años, con la boca casi casi igual de abierta. Vean el motivo:

El cine musical es como la pintura contemporánea. Uno siente el flechazo o no lo siente. Por mucho que alguien -un crítico, un amigo, tu pareja- trate de convencerte de que estás ante géneros artísticos magníficos, como el propio curso de tu corazón no te arrastre hacia estas categorías estéticas, así, plás, de sopetón, como no te diga algo muy profundo un cuadro de Rothko o una película musical de Donen, es difícil el acceso a estos fenómenos por la vía racional.

“Bailar en la oscuridad” es cine musical del grande, del que crece con el paso del tiempo. Cierro los ojos, evoco sus imágenes y lo que me viene a la cabeza, por asociación emocional, por inspiración deliberada de su realizador, Von Trier, son “Los paraguas de Cherburgo”:


… y “The sound of music”:

De hecho, “Bailar en la oscuridad” es un nada disimulado homenaje a ambas maravillas, y yo aplaudo el gesto.

Claro que no a todo el mundo le gustó “Bailar en la oscuridad”. Parte de la crítica se ensañó especialmente con ella y la acusó de ser excesiva en la forma y en el fondo: Von Trier empleó más de 100 cámaras digitales simultáneas para rodar una de las escenas más memorables que nos ha dejado el género musical de todos los tiempos:

 

Aunque la hubiera rodado con un único teléfono móvil la magia de esta escena seguiría siento igual de cautivadora para mí.

Les confesaré algo: me encanta que la crítica se ensañe con una película determinada; porque ese arrinconamiento me hace defender aún más el film atacado como si de una cuestión quijotesca se tratase. No es cosa, claro, de defender lo indefendible; no me verán por ejemplo atrincherarme ante una nueva franquicia de “Saw” o ante el último “Scary Movie”, pero ante joyitas insólitas como aquella “Audition” de Takashi Miike que tanto y a tantos exasperó, por milagros como el “Primer” de Shane Carruth que sólo los físicos teóricos entendieron” y por audacias como “El cosmonauta” de Nicolás Alcalá, astro recientísimo que brilla por encima de todos los meteoros hispánicos, yo me doy de bofetones (dialécticos) con quien haga falta, para faltón usted, faltaría más.

Lars Von Trier es una apisonadora fílmica que se adentra en los géneros como un elefante en una cacharrería, deconstruyéndolo (permítanme el término) todo a su paso y dejando el ecosistema revuelto tras de sí. No veo por qué esta afición suya ha de mover tanto a escándalo. Si los cocineros creativos pueden desmontar una tortilla de patatas de toda la vida para volverla a montar como si de un mecano se tratase, los genios de cinefilia, cuando realmente son tales, bien pueden entrar en el musical, en el terror, en el teatro, en la ciencia ficción, en el drama, en la comedia y hasta en el subgénero erótico y hacer de su capa un sayo. Todo esto y mucho más ha hecho Von Trier con los géneros que ha abordado, casi siempre con éxito. Yo creo que lo único que le resta es entrar en el western o en el noir y no disparar un solo tiro, lo cual sería toda una audacia.

Von Trier es un provocador, insufrible como portavoz de sí mismo (de ello dan buena prueba sus intervenciones en los festivales, muy cansinas), pero terriblemente estimulante en su faceta estética. “Bailar en la oscuridad” ha sido criticada por –afirman sus detractores- manipular los sentimientos del espectador de manera fácil y maniquea. Si esto es así, también lo hicieron Richard Brooks en “A sangre fría”, Kurosawa en “El idiota” y “ Fellini en “La Strada”, lo cual me paree muy bien si se hace con estilo e inteligencia.

De la música, medula espinal de “Bailar en la oscuridad”, ¿qué puedo decir? Tengo debilidad absoluta por Björk, como la tengo por Bowie o por Peter Gabriel: es gente es muy seria, muy profesional, y sabe lo que hace ya se trate de juguetear con un sintetizador Moog, de orquestar un coro tanzano o de volar a Marte:

Como siempre que manejo material fílmico cargado de pasiones extremas, les prevengo: “Bailar en la oscuridad” les dejará tristes, muy tristes. Porque Von Trier, que presume de ser doctorando en tristezas, con el público nunca tiene compasión.


Twitter: José Manuel Albelda


 

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JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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