La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…'Abre los ojos'

06.03.2015 | 0 Comentarios
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La primera vez que vi “Abre los ojos” (Alejandro Amenábar, 1998) fue en los cines de Méndez Álvaro un sábado por la mañana, un día después de su estreno.

La sala estaba prácticamente vacía.

Como fui solo y como aquellas sesiones matinales destilaban en sí mismas una atmósfera extemporánea y surrealista, el disfrute de la película de Amenábar fue todavía más intenso.

La inmersión en el argumento de “Abre los ojos”, puro Calderón de la Barca en clave cibernética, fue absoluta por mi parte, y cuando salí de la sala tuve que pellizcarme para regresar de nuevo a la existencia del anodino mundo exterior. La vida es siempre más pálida y más insulsa si se la compara con el tráfago del celuloide. Raras veces he experimentado semejante emoción de nostalgia, un ascenso tan doloroso a la superficie de la realidad desde las profundidades de la ficción. Quizá viví algo similar, de niño, cuando vi por vez primera “La guerra de las galaxias”. Con “ET, el extraterrestre” también sentí lo mismo. Y después, de adolescente, sufrí de nuevo esta clase de melancolía al salir de “La naranja mecánica”, “Blade Runner”, “El resplandor” y “Pink Floyd, The Wall (El Muro)”. Más tarde, ya de adulto, “Leaving Las Vegas” y “Pulp Fiction” me hipnotizaron y casi no regreso de sus obnubilaciones. Recientemente sólo he vuelto a experimentar esa descarga después de ver los films  “Mullholand Drive” y “Melancholía”. ¿Cómo podría definir todas estas experiencias? No obedecen a ninguna regla fija, ni se atienen a un patrón común. Lo único que sé es que en todas las ocasiones, acabada la película, sufrí una extraña sensación de pérdida, quizá por abandonar aquellos universos fílmicos aberrantes, distópicos, e incluso sórdidos si se quiere, pero universos más firmemente construidos que el tejido del que está hecha la propia vida. La única forma de ingresar de nuevo en los ensueños que proponen es comprar una nueva entrada en taquilla.


Eso es exactamente lo que hice con “Abre los ojos”. Hasta en cuatro ocasiones la vi en diferentes salas de cine en los dos meses posteriores al primer visionado. Necesitaba mi “dosis” de celuloide para poder sobrevivir entre cada periodo de abstinencia.

“Abre los ojos” no es perfecta, ni es exacta, ni tan siquiera es la mejor película de Alejandro Amenábar. Pero, por alguna razón que se me escapa, me atrapó, y es una de las obras de ficción que mejor me parece que describen el concepto de realidad virtual.

La prefiero, desde luego, a tres obras sobre el mismo concepto que florecieron meses después de “Abre los ojos”. La prefiero a “Matrix”:


La prefiero al “Existenz” de Cronenberg:

Y al “Nivel 13” de Josef Rusnak:

 

Probablemente nunca había visto la Gran Vía madrileña de una forma tan sugerente como nos la mostró la secuencia de apertura de “Abre los ojos”. Sólo por este momento memorable, la película ya merecería la pena:


A pesar de que “Abre los ojos” fue un absoluto éxito de taquilla, hubo críticos y espectadores que no perdonaron a su realizador que recurriera a las triquiñuelas del género fantástico para resolver los recovecos de la trama. Reprochar esto a “Abre los ojos” y a Amenábar es un poco absurdo, incluso infantil, porque la película de principio a fin es ciencia ficción de corte filosófico-existencial al más puro estilo Philip K. Dick. Ello es una virtud y no un defecto. Pero en 1998 el fantástico español aún era un territorio árido en el que estaba vetado entrar, y muy pocos agentes cinéfilos hacían concesiones al respecto. Vista con perspectiva, con todo el cine sobre realidades paralelas y mundos virtuales que el público se metido entre pecho y espalda, el argumento de “Abre los ojos” se entiende mucho mejor y se percibe ahora como una exploración pionera.

Por otra parte: que “Abre los ojos” es única e irrepetible lo prueba el hecho de que su remake hollywoodiense, “Vanilla Sky”, quedó en muy poquita cosa a pesar de contar con un presupuesto estratosférico respecto a su predecesora española:


Volví a ver “Abre los ojos” hace unos días. En dvd, claro. Buena experiencia, aunque ya no sentí lo mismo. Me quedo con su esencia más que con su forma. Me quedo con la imagen de una ciudad onírica contemplada por César, el sonámbulo, nuestro posmoderno Segismundo; me quedo con el skyline de nuestro Madrid visto desde Torre Picasso, un Madrid al que ya no volveremos a ver con la misma mirada. 

Twitter: Jose Manuel Albelda
 

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JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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