La primera vez que te vi

La primera vez que te vi… "El amanecer de los muertos"

01.08.2014 | 0 Comentarios
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La primera vez que vi “El amanecer de los muertos” (“Dawn of the dead”, Zack Snyder, 2004) fue en un pequeño cinestudio de la localidad barcelonesa de El Masnou, un cine  destartalado cuya amenaza de cierre por derribo era tan inminente que a uno le parecía que no le iba a dar tiempo a terminar la película. Fue durante una tarde de verano de 2005 en que programaban al precio de 3 euros, ¡3 euros!, una sesión triple de remakes de terror: la inefable “Van Helsing” (spin-off en clave pastiche y enésimo remedo del veterano Drácula), la razonablemente pavorosa “La Matanza de Texas” (versión de 2003) y, por último, la película que nos ocupa, “El amanecer de los muertos”, inspirada en la primigenia cinta del señor George A. Romero, padre indiscutible del género de muertos vivientes tal y como hoy en día lo conocemos.


No esperaba gran cosa de ninguna de estos tres remakes; mi intención al meterme en aquella tórrida sala que expedía series b al por mayor era disfrutar, quién sabe si por última vez, del placer de aquellas viejas sesiones continuas que tan feliz me hicieron durante mi adolescencia, las del Fantasio, Gruocho, Griffith y Covadonga.  Lo de menos era el programa. Quería volver a sentirme joven.

Pero más allá del revival, “El amanecer de los muertos” me sorprendió muy gratamente.


Vaya por delante que este subgénero de muertos caminantes que se halla a medio camino entre el terror más eviscerante y la ciencia ficción más calumniosa ni me va ni me viene. Pero salvo la primitiva “La noche de los muertos vivientes” de Romero, la interesante vuelta de tuerca de Danny Boyle en “28 días después”, la divertidísima “Reanimator” de Stuart Gordon y la no menos desternillante “Bienvenidos a Zombieland” de Ruben Fleisher, el asunto me resulta indiferente. Miento. Hay otra película a la que salvo decididamente de la quema: la fascinante cinta francesa “Les revenants” de Robin Campillo, más metafísica que terrorífica. Por otra parte… y ahora que lo pienso, la reciente superproducción “Guerra Mundial Z”, aún siendo tan gamberra como excesiva, también me hizo pasar un buen rato. Ah, se me olvidaba: “Retornados”, de Manuel Carballo, terrible metáfora de supervivencia en busca de una vacuna contrarreloj en la era del SIDA, me sobrecogió y me dio qué pensar. Me parece que a estas alturas del párrafo empiezo a darme cuenta de que para no interesarme el subgénero de zombis estoy bastante enganchado al tema, porque he de reconocer que el remake del cásico “The Crazies” realizado en 2010 por Breck Eisner me entretuvo de lo lindo, y que el “Carriers” de los hermanos Pastor” me hizo temblar de emoción (de acuerdo en que estas dos últimas referencias pertenecen más a la subcategoría de infecciones ultraviolentas que a la tipología de muertos vivientes, pero para el caso me parece que en aras de engrosar la lista de recomendaciones cinéfilas todas las criaturas que se agitan con hambre de casquería bien pueden aceptarse como animales acuáticos). ¡Imperdonable olvido el mío!: no dejen de ver tampoco la miniserie inglesa de televisión “Dead set, muerte en directo”, una inteligentísima y malintencionada bofetada al moderno panorama de los reality catódicos. Lo dicho. Una de dos: o rehago el presente párrafo de arriba abajo o acepto que me he equivocado y reconozco que las pelis de zombis me gustan tanto como el sonido de una Fender Stratocaster, el strudel de manzana y los cabellos de Verónica Lake.


Volviendo a “El amanecer de los muertos” de Snyder he de reconocer que con toda seguridad es el único remake del mundo que me parece infinitamente superior a la película original, en este caso a la homónima cinta de Romero de los setenta, también ambientada en un centro comercial. Cuando vi “El amanecer de los muertos” de Snyder en 2005 yo no tenía ni idea de quién era Snyder, claro, ni podía imaginar que aquel director debutante nos regalaría en el futuro cercano taquillazos como “Watchmen”, “300” o “El hombre de acero”. Pero viendo “El amanecer de los muertos” sí me di cuenta de que el género de muertos vivientes gracias a esta película (aún con sus concesiones, que las tenía) por fin se había hecho adulto. De acuerdo en que George A. Romero había sido el pionero, el predecesor, la primera causa, el motor inmóvil, pero lo cierto es que todas y cada una de las secuelas de su matriz “La noche de los muertos vivientes” desde mi punto de vista habían devenido en disparates mal concebidos y peor dirigidos. Soy consciente de que esta última valoración podría ganarme no pocos enemigos.

Sin embargo, “El amanecer de los muertos” combinaba astucia y entretenimiento a partes iguales: tenía mala baba, ironía, desparpajo, pero al mismo tiempo daba miedo, inquietaba. Formalmente, por otra parte, era impecable, estaba muy bien dirigida. Luego estaba la cuestión de Sarah Polley, la protagonista. Snyder había tenido la sagacidad de entregarle a Polley el papel conductor de la cinta: decidida, inesperada, tenaz, la doctora interpretada por Polley era una especie de personaje “tapado” gratamente inesperado, como aquella teniente Ripley, nuestra Sigourney Weaver, la heroína que inopinadamente tomara las riendas de la Nostromo en el “Alien” de Ridley Scott. Polley, actriz de culto, directora de joyas como “Lejos de ella”, no es una persona cualquiera: una película protagonizada por Polley puede ser vulgar, o incluso mediocre, pero estén seguros de que esta actriz confiere a todos y cada uno de sus papeles una triste grandeza que los hace inolvidables.

“El amanecer de los muertos”, a pesar de los guiños irónicos, es triste, sombría, pero no sólo lo es por la presencia de Sarah Polley, sino por su guión, por la perspectiva oblicua con la que Snyder afronta el tema, porque poco a poco consigue el director que hasta el espectador más desentendido empiece a implicarse, a ver algo más que muertos que reviven, que comen y mueren y vuelven a morir; aquí se masca la tragedia según avanza el metraje hasta hacerse insoportable el clima. Sin “El amanecer de los muertos”, al igual que sucede con su inmediata predecesora en el tiempo “28 días después”, todo lo que ha venido después, incluida la celebérrima serie “The Walking Dead”, no existiría.

Calculen, pues, su impacto.

José Manuel Albelda
 

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Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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