La primera vez que te vi

La primera vez que te vi… ”ET, el extraterrestre”

07.09.2013 | 2 Comentarios
et_pelicula_extraterrestre

La primera vez que vi “ET” (“ET: The Extra-Terrestrial”, Steven Spielberg, 1982) fue la mismísima tarde de su estreno en España, el 6 de diciembre de 1982, un lunes festivo Día de la Constitución.

Retrocedamos unas horas en aquella jornada memorable, alrededor de las 12 de la mañana. Hace mucho frío, aunque el día es luminoso. Mi madre y yo acabamos de salir de la estación de metro de Bilbao y nos hemos quedado pasmados ante una cola descomunal de gente que recorre la calle Luchana hasta el cine Palafox. ¿Qué está pasando? Pues está pasando que “ET” ha sido estrenada en Estados Unidos cinco meses antes y que el vendaval planetario de éxito de taquilla y buenas críticas que la ha precedido antes de llegar a España es de tal intensidad que todo el mundo quiere ser el primero en verla. Mi madre y yo nos ponemos al final de la cola. “No hay ya entradas para la primera sesión”, comentan alguien entre dientes. El rumor se extiende, pero nadie se mueve de la fila. Si no la podemos ver a las cuatro de la tarde, la veremos a las siete. Pasa media hora y seguimos allí, de pie, la cola apenas avanza. “Que dicen que tampoco quedan ya entradas para las siete”, murmuran otros. Mi madre, apenada, me mira y repara en mi cara de desilusión: figúrense, tengo 10 años y llevo meses oyendo hablar de “ET”, cromos, revistas y reportajes por todas partes: el bicho es ya como de la familia. Esperamos y esperamos y esperamos. Apenas hay movimiento en la fila. Alguien grita: “¡acabadas las entradas para las 10!”. No hay nada que hacer. Ese día no veremos “ET”. De repente, como si se hubiera dado una consigna, la cola se diluye y mi madre y yo nos quedamos allí, pasmados, con nuestros ojos alzados hacia aquel mágico cartel azul del Palafox, pintado a mano por supuesto, que muestra una bicicleta voladora modelo California surcando la luna a contraluz. Permanecemos así un par de minutos más, indecisos, como si no nos atreviéramos a irnos. Mi madre me coge de la mano. Cruzamos la calle en silencio.

-¡Hoy tú y yo no nos quedamos sin ver “ET”! –dice de pronto mi madre con una sonrisa iluminándole la cara.


 

No me pregunten cuánto dinero pago mi madre a uno de los reventas que trapicheaban con entradas en la calle Luchana. Lo cierto es que a las cuatro de la tarde de aquel 6 de diciembre del 82 mi madre y yo estábamos sentados en dos butacas centradas de la platea del Palafox esperando a que empezara “ET”. Recuerdo, estremecido de gratitud, aquella maravillosa sensación: mi madre no sólo había comprado un par de entradas para ver “ET”; había comprado uno de los momentos más felices de toda mi vida.

 

Y vimos “ET”; y aquella tarde en el Palafox no hubo ya más padres ni más hijos en la sala, ni más adultos ni más chicos, grandes o pequeños, porque todo el público fue una misma cosa, niños y sólo eso, niños que se olvidaron durante dos horas de sus vidas y sus preocupaciones, niños que rieron y lloraron y soñaron con las aventuras de aquel pequeño ser extraterrestre feo como un dolor pero rebosante de ternura, ya ven ustedes lo que da de sí un pedazo de látex, aquel muñeco al que Rambaldi y Spielberg convirtieron –con el permiso del señor Yoda- en la marioneta más conmovedora de la Historia del Cine.
¿Quién, viendo “ET”, no se ha sentido un poco como Elliott, el protagonista, cómplice de la inocencia de un ser caído del cielo que mira la Tierra con ojos nuevos, que descubre cada detalle sorprendiéndose de todo con ojos de asombro, el asombro que nosotros, los de aquí abajo, nunca debimos perder?

 

 

Cuentan que a Spielberg se le ocurrió la idea de “ET” recordando lo importante que fue para él un amigo imaginario que se inventó cuando era niño para poder soportar el sufrimiento por la separación de sus padres. Detengámonos un momento en esta anécdota, porque es importante: aquel niño Steven que, como Elliott, sufre el divorcio de sus padres, cuando crece y se hace cineasta y se convierte en el gran Spielberg, transmuta aquel episodio de dolor de su infancia en una auténtica catarsis colectiva, en un regalo para los espectadores: recupera un mito clásico, el del deus ex machina, un caído del cielo torpe, uraniano, desvalido y hasta un poco grimoso, pero deus ex machina al fin y al cabo, porque a pesar de que es un extraterrestre que necesita de la ayuda de un niño para regresar a su hogar es asimismo poseedor de un don terapéutico potentísimo que no sólo cura las heridas físicas sino que transforma los corazones (siquiera por un par de horas) de quienes contemplan la película, adultos o niños. No es poca cosa ésta para tratarse de un film de entretenimiento. Se le critica mucho a Spielberg su propensión a la sensiblería. No comparto ese juicio: salvo, claro, que Spielberg estuviese tan equivocado como un Frank Capra, un François Truffaut o un John Ford. Y eso, créanme, no es posible.


Si no me traiciona la memoria, aquel “ET” del Palafox fue la primera película de Spielberg que vi, porque, por aquel entonces –paradójicamente-, aún no había visto yo ni “Encuentros en la Tercera fase”, ni “Tiburón”, ni tan siquiera “En busca del Arca perdida”. Sabía de ellas, es verdad, y les tenía ganas a todas, pero no había llegado a verlas. Vendrían a mi vida éstas y otras muchas más obras de Spielberg años más tarde, en aluvión, con la llegada del vídeo doméstico. Desde entonces y hasta hoy, de la filmografía de este cineasta, que más que cineasta diría yo que es mago, Mago con mayúsculas, unas películas me han gustado mucho, otras no tanto y algunas, las menos, más bien poco, pero en todas y cada una de ellas, desde “El diablo sobre ruedas” hasta “Alway”, pasando por “La lista de Schindler”, “Inteligencia Artificial” o “Atrápame si puedes”, he encontrado algo valioso que me ha hecho pensar, que me ha hecho sentir, que me ha hecho admirar… ¡O que me ha hecho esperar! Porque, para mi, desde aquel “ET” del Palafox, cada nueva película de Spielberg es sobre todo eso: una espera.

José Manuel Albelda

 

  • Qué tiempos aquellos en los que había reventas en las puertas de los cines!!!!
    11.09.2013
  • Cierto. ¡Y qué tiempos en que un estreno era UN ESTRENO!
    12.09.2013
(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
8 + 0 =
Para prevenir spam automático, por favor, resuelve esta pregunta de matemáticas.
JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

Artículos anteriores

La Encuesta

¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
Si
63.7%
No
36.3%