La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…”Pulp Fiction”

15.11.2013 | 2 Comentarios
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La primera vez que vi “Pulp Fiction” (Quentin Tarantino, 1994) yo no estaba aún enamorado del cine de Tarantino.

Había visto ya, por supuesto, “Reservoir Dogs”, estrenada un par de años antes, y me había gustado mucho, pero para serles sincero me había parecido exagerada la aureola que acompañara a aquella ópera prima a la que ciertos críticos habían puesto al nivel del “Atraco Perfecto” de Kubrick.

¿Estuvo “Reservoir Dogs” sobrevalorada?

En cualquier caso, cuando se estrenó “Pulp Fiction” la sensación fue, ¿cómo definirlo?, completamente distinta: me quedé literalmente sin palabras.

Sé que que los tarantinianos más puristas defienden “Reservoir Dogs” como su obra más perfecta y genuina hasta la fecha, pero yo he de decir que “Pulp Fiction”, aún siendo consciente de que está plagada de autocomplacencia y de que está diseñada para epatar a un público más convencional, por encima de “Django…”, y de “Malditos bastardos”, y de “Jackie Brown”, y de los dos “Kill Bill”, fue la película que de verdad consiguió catapultarme al paraíso de cinefilia, aunque fuese a tiro limpio.

Si lo pensamos bien, la excusa argumental de “Pulp Fictión” es, como su propio nombre indica, cutre, barata, pulp: la aventura equinoccial de dos matones de medio pelo que se ganan la vida cobrando las deudas de su jefe, el inefable Marcellus Wallace. Todo gira, de una u otra forma, alrededor de estos tres tipos. ¡Ay! Pero es que es ahí, en esa aparente pobreza argumental, donde reside la mayor virtud de la película, porque con esa simple idea, mil veces antes contada, Tarantino desplegó todo lo que del Séptimo Arte había aprendido hasta la fecha, lo que no era poco: diálogos, puesta en escena, reparto, decorados, montaje, iluminación, dirección artística, producción, ambientación musical, planificación, vestuario y sonido estaban contenidos dentro del volcán que es “Pulp Fiction”, borbotando, esperando a escapar en erupción.


A mi “Pulp Fiction” me cogió completamente desprevenido. Lo que yo esperara de ella, quedó centuplicado. Mientras la veía en aquella noche de estreno en el 94 en el cine Rosales de la calle Quintana de Madrid, mientras contemplaba aquellas historias deconstruidas (permítanme el palabro, denme ese gusto), tan magníficamente hilvanadas, no podía creer lo que veía. Muy, muy fuerte. No sé me ocurre otra expresión mejor. Como el resto de los espectadores de la sala era consciente de que me había rendido por completo a la película: me reía a carcajada limpia, desinhibido, con esa risa floja que se les pone a los adolescentes cuando no pueden parar de reír, mandíbulas desencajadas, estómago dolorido… Ni con el “El guateque” de Blake Edwards me había reído así. Pero, ¿es que es “Pul Fiction” una comedia? Sí, es una comedia. Y es también cine negro. Y cine de aventuras. Y cine dentro del cine. Y cine dentro del cine dentro del cine. Contiene todo los metalenguajes que uno quiera. Sólo sé que esa noche del 94 disfruté como hacía años no lo hacía con toda aquella sucesión de diálogos, de secuencias que surgían ante mí como fuegos artificiales. ¡Qué dominio de las situaciones, del disparate, del absurdo más delicioso: un batido de cinco dólares en un dinner retro, una simple katana en una tienda de empeños, una chopper, una inyección de adrenalina y un librito negro de primeros auxilios, un cupé con la tapicería recién manchada de sangre, una hamburguesa con queso y unas patatas bañadas ¿en kétchup o en mayonesa?, qué cosas tan insignificantes, qué chorradas, vaya, si las analizamos fríamente, pero qué artefactos tan sublimes en manos de Tarantino!

Porque en manos de otro cineasta no cabe duda de que esos mismos elementos hubieran significado el ridículo más absoluto.

Existen muchos espectadores a quienes les espanta “Pulp Fiction” por su extrema violencia, por su lenguaje soez, o por la crudeza de buena parte de sus escenas: no puedo negar que es una película dura, complicada para la sensibilidad del público en según qué momentos; lo que sucede es que debajo del trazo grueso de Tarantino, muy evidente, se esconden estratos y más estratos de sutilezas verdaderamente geniales que sólo se hallan tras los segundos, terceros, y hasta cuartos visionados de la cinta. “Pulp Fiction” es como una cebolla cuyas capas deben desprenderse una a una. Esta cualidad fascinante e inagotable es lo que, en mi opinión,  exonera a “Pulp Fiction” y, en general, a todo el cine de Tarantino de una condena moral a secas.

 

Por otra parte, es éste un tipo de cine que no es posible tomárselo en serio “en serio”, aunque en el fondo cada película suya sí sea una cosa muy seria. Y tan seria: como que sus películas han revolucionado el cine norteamericano contemporáneo.

En el caso de Tarantino yo no diría que el director es la estrella. Aquí lo que pasa es que el director es la propia película.

Como decía el personaje de Mozart en el “Amadeus” de Forman, “puede que yo sea vulgar, pero mi música no lo es”. Pues eso.
 

Twitter: José Manuel Albelda

 

  • ¡Es uno de mis directores favoritos! Y esta es para mi la mejor. ¿Violentas sus películas? Pues claro. Pero tiene su público. Y yo soy fan.
    15.11.2013
  • Entonces estamos de acuerdo. Un saludo!!
    17.11.2013
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JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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