La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…”Pasaje a la India”

14.03.2014 | 0 Comentarios
pasajeIndia

La primera vez que vi “Pasaje a la India” (A Passage to India”, David Lean, 1984) fue en el viejo Cine Peñalver, reconvertido hoy en tienda de ropa, el mismo año de su estreno.
Y no me gustó.Reconozco que me extenuaron sus 163 minutos de metraje hasta el punto de que me desentendí completamente de aquella trama exótica que me resultó ajena; al salir del cine recuerdo que pensé: “sería un milagro que yo pudiera disfrutar algún día de esta historia”. 

Pero los milagros existen. Solo que llegan a nuestra vida cuando tienen que llegar, y no antes.


Siempre he pensado que David Lean es un director cuyo cine es mucho más complejo de lo que a simple vista pudiera parecer: ¿puede un adolescente de 13 años asimilar las miles de aristas que conforman “Lawrence de Arabia”, “Doctor Zhivago”, “El puente sobre el Río Kwai” y “Pasaje a la India”. Por poder, puede. Solo que yo, en su día, no fui capaz. Todas estas películas las visioné por vez primera en un momento u otro de mi adolescencia y todas ellas me superaron. Paradójicamente, a fecha de hoy, todas ellas sin excepción se hallan incorporadas a ese hipotético y siempre sinuoso listado de mis cien películas preferidas de todos los tiempos.

Sucede lo que ya les he comentado a ustedes otras veces: a determinadas películas hay que dejarlas macerar el tiempo que haga falta hasta que alcanzan ante nuestro paladar particular el punto exacto.

“Pasaje a la India” es muchas cosas a la vez. Todas ellas buenas.

“Pasaje a la India” es una gran superproducción que derrocha por los cuatro costados técnica, madurez y sabiduría. Como saben, y para nuestra desgracia, fue también la última película que alumbró el maestro Lean, una especie de canto del cisne que estuvo plenamente a la altura de los otros grandes trabajos de su vida. 

Sin embargo, si tuviera que explicarles cómo entiendo yo ésta película les diría que no es una obra concebida para deslumbrar por su forma, aunque sea ésta, desde luego, admirable. Yo creo que “Pasaje a la India” es un film cuya historia podría haber sido rodada al estilo dogma con una sencilla camarita de mano y sería igualmente fascinante. Porque cuando terminas de ver “Pasaje a la India” y la dejas reposar en la memoria, no son las inmensidades de Chandrapore con su leyenda inabarcable y sus especias embriagadoras y su orgía perpetua de colores lo que uno más evoca. No. Lo que permanece después de todo son las miradas de unos y otros personajes: miradas sinceras, esquivas, intensas, compasivas, furiosas…

La condición humana y sus esquinas, vamos.

“Pasaje a la India” está basada en la novela homónima de E. M. Foster que describe la tensión entre dos culturas difícilmente compatibles, tensión que se concreta en los desafortunados incidentes que se desatan a partir de un irracional malentendido que acontece durante una excursión al interior de las cuevas de Marabar: no quiero estropearles a ustedes la trama pero les anticiparé que es esta una película de ambigüedad calculada, de frustración, de desencanto y de profundo sentimiento de dolor por la injusticia.
Luego está la música de Maurice Jarre. Porque la partitura de Maurice Jarre, el único Jarre de la familia con auténtico talento de genio, es arrebatadora: uno escucha esta polifonía apasionada que desciende como una tormenta y no sabe si de repente es un Mahler o un Brukner quien te envuelve. Jarre, siempre inspirado como sólo lo pueden estar un John Williams o un Bernard Herrman, desplegó una paleta de colores sonoros que abarcan desde lo fastuoso a lo íntimo con rigor de neurocirujano.

Decía antes que “Pasaje a la India” fue el canto del cisne de Lean. No es exacto. Decir eso significaría que Lean reservó para el final de su vida lo mejor de su arte, lo cual no es del todo cierto porque “La hija de Ryan”, “Breve encuentro” o “Cadenas rotas” son obras maestras como también lo son sus otras películas citadas más arriba, las de mayor presupuesto. Lo que quiero decir, más bien, es que es asombroso que alguien de la talla fílmica de David Lean pudiera regalarnos una última gran obra nada menos que a sus 76 años y después de permanecer 14 años inactivo de cara la gran pantalla. No es fácil rematar una carrera de esa categoría dejándola en alto, confirmar una leyenda en última instancia. Kurosawa no fue capaz de tal cosa. John Ford tampoco. Hitchcock, para mi dolor, menos aún.


Por eso, “Pasaje a la India” es un prodigio.

José Manuel Albelda

 

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Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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