La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…”París Texas”

13.05.2013 | 0 Comentarios
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10 y media de la noche del miércoles 8 de marzo de 1989. Estoy en casa, frente al televisor, esperando a que comience en la Segunda Cadena “Operación Ogro”, la película de Gillo Pontecorvo que reconstruye cómo fue el atentado contra Carrero Blanco. Estoy sólo a unos días de cumplir los 18 años, y, aunque no debiera perder ni un minuto porque al día siguiente tengo examen de Latín, me persuado de que no será mucho el tiempo que esté frente a la tele porque en realidad no voy a ver entera la película, sólo el momento en que el más grande creador de efectos que ha tenido el cine español desde Segundo de Chomón, Emilio Ruiz, explosione el Dodge del Presidente del Gobierno.

Espero y espero pero “Operación Ogro” no comienza. Lo que si aparece es una pantalla en negro con sobretítulos rojo sangre sobre la que empiezan a sonar afiladas notas musicales procedentes de una guitarra de blues que esboza la melodía más inspirada que haya compuesto Ry Cooder, aquella por la que será por siempre recordado. ¡Cómo! ¿Es que ha empezado “Documentos TV”? ¿No es esa su sintonía?

Pues sí y no: es la sintonía de Documentos TV pero tampoco es un reportaje de Documentos TV lo que ha empezado. Televisión Española ha realizado un cambio de última hora en la programación y proyecta, nada menos, que “París Texas” (Win Wenders, 1984). Lo reconozco ahora: a esas alturas de mi vida yo no tenía aún la menor noticia de quién era el tal Win Wenders, aunque, según comenzó aquella primera secuencia del film con Harry Dean Stanton caminando como un naúfrago en medio del desierto, empecé a enterarme.

 

Aquel cambio de programación me acababa de presentar a uno de mis cineastas favoritos; había empezado a ver una de mis 20 películas preferidas de todos los tiempos.

Ni que decir tiene que aquella noche no estudié para el examen de latín del día siguiente. Tampoco mentiré si digo que los ojos se me cuajaron de lágrimas, de pura emoción, mientras escuchaba a Cooder y a Stanton interpretando la canción mixteca. Y, menos aún, faltaré a la verdad si reconozco que me quedé sobrecogido para siempre ante la larguísima secuencia en que Travis se reencuentra con su ex mujer, Nastassja Kinski, en la penumbra de una sórdida cabina de peepshow.



Los desiertos y sus silencios, el infinito de las autopistas de la ciudad de Los Ángeles, la sorpresa en los ojos de aquel niño que deshiela de escarcha el corazón de su padre.


Aquella noche, Wenders consiguió iniciarme, aún a costa de que yo dejara de lado las traducciones de La Guerra de las Galias de César, en el amor a las roadmovies, igual que un tal Hitchcock, años atrás, me inició en la devoción permanente del thriller. 


Después de aquel Wenders, no tardarían en llegar a mi vida joyas que me han cambiado la vida, como “El amigo americano”, “Cielo sobre Berlín”, “El estado de las cosas” o “En el curso del tiempo”, todas casi casi tan sugerentes y recomendables como la propia “París, Texas”. Porque, lo confieso, tengo una debilidad desde entonces: y es que del cine de Wenders me gustan hasta las mondas, hasta sus obras menores, incluso “Hasta el fin del mundo”, que ya es decir, “El hotel del millón de dólares” o “Más allá de las nubes“.   


Pero, ya se sabe: nadie es perfecto.

José Manuel Albelda

@jmalbelda

 

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Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

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