La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…”La Jetée”

18.07.2014 | 0 Comentarios
Scene-from-La-Jetee-1962-001

La primera vez que vi “La Jetée”  (Chris Marker, 1962) fue en Youtube hace ocho años.

El primer regalo que a los cinéfilos nos trajo aquel alumbramiento inesperado de Youtube fue la espontánea subida por parte de miles de internautas –un auténtico pan debajo del brazo- de miles de peliculitas clásicas como “la Jetée”, obras no del todo accesibles hasta ese momento.

 

Llamo peliculita a “La Jetée” y sueno cursi, pero es que además hago el ridículo: aunque es éste un film de extensión mínima -siquiera tiene media tiene hora de metraje- no es menos cierto que estamos ante una obra maestra como la copa de un pino que es estudiada y analizada plano a plano en todas las escuelas de cine del mundo. “La Jetée” es un diamante tan sublime como aquel “Metrópolis” de Lang, tan misterioso como “El perro andaluz” de Buñuel y tan evocador como “La bella y la bestia” de Cocteau.


Explicarles a ustedes en unas pocas líneas qué tipo de artista fue el padre de la criatura, el francés Chris Marker, recientemente desaparecido en 2012, no es cosa sencilla: les diré a que Marker fue una clase particularísima de genio que consagró su vida al documental más experimental y menos accesible al gran público, un documental tan etéreo como filosófico, cine multiformato y multplataforma, cine rarito, de ensayo y de arte (que no de arte y ensayo), cine antropológicamente fascinante, inesperado siempre, cine cinéfilo (valídenme esta redundancia, justificada a causa de sendos trabajos suyos dedicados a Kurosawa y Tarkovski), cine inconformista consigo mismo e incluso contradictorio consigo mismo. Podría seguir calificando su obra con mil adjetivos más pero sería un ejercicio de retórica porque resulta que el cine de Marker no puede enmarcarse dentro de ninguna clasificación al uso, salvo, claro, que creemos específicamente una categoría denominada “Chris Marker”.

Cineasta, teórico, fotógrafo, eremita en su torre de marfil como aquel hombre en el castillo de Philip K. Dick que se fabricó una posguerra mundial alternativa y ucrónica, Chris Marker fue un ser escurridizo del que no existen apenas fotografías o entrevistas, una especie de Terrence Malick del documental, marciano Marker cuya nave celeste se arribó sobre la Tierra una sola vez para cruzar la segunda mitad del siglo XX como un bólido impredecible: indómito y vanguardista, Marker sólo se puede conocer y reconocer a través de las imágenes inquietas de sus diferentes trabajos.


Pero hablemos de “La Jetée”.


Porque la paradoja creativa que riza todavía más el rizo y que acrecienta la leyenda que existe alrededor de “La Jetée” es que esta película extraña y desesperada es el único trabajo consagrado por completo a la ficción del documentalista Marker: por ello “La Jetée” se convierte en una rara avis incluso dentro de su propia filmografía; por otra parte, no es sólo que “La Jetée” sea el único film de ficción de Marker sino que, para más inri, es un film de ciencia ficción.

“La Jetée” está ambientada en un París apocalíptico tras la Tercera Guerra Mundial: un hombre que vive atormentado por la imagen de un terrible recuerdo de infancia es enviado al pasado para buscar una solución desesperada que evite la extinción del género humano. Pero estas incursiones prohibidas que trasgreden las leyes de la causalidad tienen siempre un alto precio.

La influencia de “La Jetée” en el tratamiento de los viajes en el tiempo es enorme: se extiende a obras contemporáneas de los años 60 como el “Je t’aime, Je t’aime” de Resnais o “El planeta de los simios” de Franklin J. Schaffner y llega hasta el “12 monos” de Gilliam (parte de su argumento es calcado), influye en la divertidísima “El día de la marmota”, en la reciente “Días del futuro pasado”, en la matemáticamente perfecta “Primer”, en la terrorífica “Triangle” y en la española “Los cronocrímenes” de Nacho Vigalondo.


Discretísima en su día, “La Jetée” supuso un antes y un después, y hoy es objeto de veneración.

Pero una cosilla tengo que confesarles a propósito de “La Jetée”. Si a estas alturas del post les dijera a ustedes que “La Jetée” no es una película en movimiento, si les dijera que se trata de una película construida únicamente a partir de fotografías, fotos fijas, urdida de principio a fin con memorias del futuro procedentes de un hombre, el protagonista… ¿seguirían ustedes animándose a verla?


Uno de los motivos por los que el argumento de “La “Jetée” sigue fascinando a teóricos del Séptimo Arte, a cinéfilos de todo el mundo y cualquier espectador que se adentra en ella sin prejuicios es su irresistible capacidad poética para narrar mediante instantes congelados esta trágica historia de amor y muerte ambientada en el peor París imaginable. Instantes que paradójicamente poseen más fuerza, más agilidad y más capacidad de convicción que las que pudiera tener cualquier montaje hiperacelerado y postmoderno de muchas películas de temática análoga (léase, por ejemplo, “El efecto mariposa”):

 Yo no sé si se puede sentir mayor sensación de pérdida y absurdo que la que experimenta nuestro viajero del tiempo en “La Jetée” al recorrer el vértigo de los siglos: lo que sí sé es que admirar esta obra ubicada en catacumbas y terminales de aeropuerto es una experiencia estética y emocional que no se olvida.

“La Jetée” es amarga y pequeña como una exótica delicatesen gourmet que les trajera un recién llegado desde la otra punta del mundo.

Por eso, si me permiten la invitación, concédanse un capricho y prueben su sabor. 

José Manuel Albelda


 

(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
9 + 4 =
Para prevenir spam automático, por favor, resuelve esta pregunta de matemáticas.
JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

Artículos anteriores

La Encuesta

¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
Si
63.3%
No
36.7%