La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…”Fahrenheit 451”

27.09.2013 | 0 Comentarios
fahrenheit451

La primera vez que vi “Fahrenheit 451” (François Truffaut, 1966) fue un sábado.

¿Qué cómo puedo acordarme del día concreto de la semana?

Les contaré el secreto: a principios de los años 80, había sábados que fueron gloriosos gracias a cierto programa infantil titulado “Sabadabada”, lo que hoy denominaríamos un espacio contenedor, sábados que quedaron para siempre grabados en mi memoria.



Hubo un tiempo en que los niños aún podían, aún podíamos, encontrarnos con la maravilla cuando encendíamos la tele: los sábados te levantabas por la mañana a eso de las 9 o las 9 y media y salías de la cama despistado, tambaleándote de puro sueño con una absoluta desubicación con respecto al resto de la semana, pero era encender aquel televisor en blanco y negro con pantalla convexa y transformador de 125 a 220 voltios y al instante te encontrabas a ti mismo, como si te hubieran puesto una brújula en la mano: te ponías ante la pequeña pantalla esperando el “Sabadabada” y, ¡oh capitán mi capitán!, como por arte de magia te desayunabas durante la espera con la “Invasión de ladrones de cuerpos” de Siegel, las “Viejas leyendas checas” de Jiří Trnka y hasta con las “Veinte mil leguas de viaje submarino” de Fleischer.

Aquellos inesperados cineclubs matinales de los sábados te transportaban lejos, lejos; tan lejos que ustedes no se pueden imaginar cuánto echo de menos aquel paraíso perdido, aquella fabulosa sensación de hallazgo que nunca ha de regresar.

Fue durante una de aquellas mañanas fortuitas cuando conocí a Bradbury y a Truffaut, cuando tomé contacto con el bombero Montag, aquel hombrecillo de mediana edad y vida pequeña cuyo trabajo le provocaba a él tantos problemas de conciencia; no debe ser fácil tener un empleo que consiste en prender piras enteras de libros, cualquier clase de libro, literatura, filosofía o poesía, en un mundo donde la imagen ha arrinconado por completo al texto escrito hasta expulsarlo del mapa.


Cogí empezado aquel “Fahrenheit 451”, transcurridos ya sus títulos de crédito, asombrosos títulos de crédito que en realidad no eran títulos porque no estaban impresos sobre la pantalla sino que estaban leídos en voz alta por un locutor y estaban acompañados por la hipnótica banda sonora del hitchconiano Herrmann. “Fahrenheit 451” me atrapó al momento porque todo en ella es desde el primer fotograma hasta el último extrañamente bello y triste, como observado a través de un fantástico cristal deformante. Fue ésta la primera película que vi perteneciente al subgénero de ciencia ficción distópica, lo cual equivale a decir que aquel visionado insospechado fue como una especie de impronta que me condicionaría para apreciar con fruición, años más tarde, pesadillas fílmicas tan suculentas como “THX-1138”, “La fuga de Logan”, “1984”, “Brazil” o “Soilent Green”.


Es curioso: 10.000 películas más tarde, he de decir que “Fahrenheit 451” no se parece a ninguna otra película que yo haya visto. Observándola de lejos, uno tampoco diría que “Fahrenheit 451” hubiera sido rodada por Françoise Truffaut, salvo, quizá, por ciertos detalles narrativos, pequeñísimos, muy suyos, o salvo por esa amargura que impregna toda la cinta, aparentemente dulce, equívocamente amable, tan de Truffaut, o salvo por la mirada de Julie Christie, que es la mirada que se le ponía a todas las actrices a las que filmaba Truffaut, el cineasta que amaba a las mujeres. Pero para percibir estos pormenores hay que observar a “Fahrenheit 451” muy pero que muy de cerca.

“Fahrenheit 451” describe un mundo abominable de peligrosas concomitancias con el nuestro, una humanidad anestesiada, instalada en una sensualidad banal y adocenada, tan resplandeciente como pegajosa, un orden social que tal vez nunca exista en nuestro futuro próximo pero que, paradójicamente, a poco que nos descuidemos,  existe o ha existido en nuestro presente o en nuestro pretérito perfecto. Aún así, aún cercado el protagonista, Montag, por toda esta superficialidad asfixiante que inflama cualquier texto escrito hasta la temperatura en que arde el papel, nosotros, los espectadores, querríamos acercarnos a este hombre atormentado y tenderle la mano, compartir con él su secreta devoción por Poe, por Verne, por Goethe, por Whitman, por Sócrates, para decirle que le comprendemos y que, si pudiéramos, atravesaríamos con gusto la pantalla para huir con él a las afueras de la ciudad hasta el refugio ferroviario y forestal donde habitan los hombres-libro. Esto, claro, no es posible, porque los héroes de las distopías, los de las buena distopías, literarias o fílmicas, están tan solos en el mundo, tan encarcelados se encuentran en su prisión de incomprensión existencial, que ni siquiera pueden mirar hacia la cuarta pared para reclamar nuestra ayuda.

He dicho que “Fahrenheit 451” no se parece a ninguna otra película de Truffaut y es cierto, pero paradójicamente no se me ocurre ninguna otra película de Truffaut, salvo “El pequeño salvaje”, que sea mejor para iniciarse en el cine de Truffaut. Spielberg, Lucas, Verhoeven, Gilliam, incluso Kubrick, eran conocedores de esta verdad y dejaron que la impronta a la que antes me refería se dejara notar en sus respectivas visiones distópicas del futuro.

José Manuel Albelda
 

(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
12 + 2 =
Para prevenir spam automático, por favor, resuelve esta pregunta de matemáticas.
JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

Artículos anteriores

La Encuesta

¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
Si
63.7%
No
36.3%