La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…”El hombre tranquilo”

23.08.2013 | 0 Comentarios
hombretranquilo

La primera vez que vi “El hombre tranquilo” (John Ford, 1952) fue en 1990. Demasiado tarde, en cualquier caso.


A veces se quisiera que determinadas películas –ésta es una de ellas- le hubieran acompañado a uno desde siempre, al menos desde ese primer momento de lucidez infantil que se ha venido en denominar “uso de razón”, películas que debieran ser para nosotros como una especie de refugio, o de leitmotiv, una muleta sentimental a la que recurrir en los momentos bajos o cuando las cosas no salen tan bien como uno espera.


Pero, claro, no podemos descubrir todas las cosas buenas y bellas del mundo a nuestra conveniencia, ni siquiera cuando esas cosas constituyen un universo en sí mismo, el universo paralelo del cine de John Ford en el que uno bien pudiera adentrarse por siempre para quedarse allí y no regresar jamás.


“El hombre tranquilo”, en cualquier caso, llegó a mí de la mano de mi buen amigo –y por aquel entonces compañero de carrera universitaria- Valentín Carrera. Descubrí por tanto a John Thorton, bendita sea su memoria, a Mary Kate Danaher y a Michaleen Flynn, homéricos todos ellos, es decir, descubrí a los memorables habitantes del pueblito de Innisfree, el cual, junto a las frondosas laderas de “¡Qué verde era mi valle!”, conforma la quimérica patria chica de todos los cinéfilos fordianos que en el mundo han sido, son y serán.

Llegó “El hombre tranquilo” a partir de un pase intempestivo en televisión capturado al vuelo por Valentín en una ya por entonces viejísima cinta de vhs, con una calidad de imagen y sonido ciertamente alarmantes: tal era la fragilidad de aquella grabación que, al realizar la subsiguiente copia a una cinta de mi propiedad, hubo fragmentos en que casi había que imaginar el contenido de los diálogos, o incluso adivinar el color de ciertos planos.


Sea como fuere, “El hombre tranquilo” se me subió a la cabeza como una buena pinta de cerveza negra irlandesa servida en la taberna de Pat Cohan, resituando dentro de mis prioridades cinéfilas la constelación del señor Ford desde la periferia hacia el centro.


Todo es verdad en Innisfree, el bien y el mal, lo bello y lo terrible, que de todo hay en “El hombre tranquilo”, la pasión y el rencor, las buenas intenciones y los prejuicios, las reglas inquebrantables y la transgresión perspicaz de las viejas costumbres, pues en esta historia sencilla y humana no existe el menor atisbo de impostura; es cine, sí, pero Cine con mayúsculas -perdónenme el tópico- Cine del imprescindible, del que uno se acuerda en aquellos momentos en que es necesario separar el grano de la paja. Rememoro la balada irlandesa “The wild colonial boy” y sus notas musicales resuenan hoy como si acabara de escucharlas por primera vez, rebosándome de nostalgia, como me desbordó la primera visión subidos en la vieja carreta de la pecosa Maureen O'Hara pastoreando sus ovejas, y como recordaré por siempre los andares de un John Wayne pletórico de confianza y de complicidad junto a su inseparable Barry Fitzgerald…


Sí. Descubrí “El hombre tranquilo” demasiado tarde. Pero eso ya no importa porque ya es mío.


Por ello, le tomo prestada una frase de la “Rebeca” de Du Marier, a la que adoro, y le doy la vuelta a mi antojo: “una cosa es segura: siempre podremos volver a Innisfree.
 

 

José Manuel Albelda

(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
1 + 1 =
Para prevenir spam automático, por favor, resuelve esta pregunta de matemáticas.
JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

Artículos anteriores

La Encuesta

¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?