La primera vez que te vi

La primera vez que te vi…”The Maze”

05.12.2013 | 0 Comentarios
themaze1

La primera vez que vi “The Maze” (“El Laberinto”, William Cameron Menzies, 1953) fue el pasado domingo, 1 de diciembre de 2013, a las seis de la tarde; la vi en mi ordenador portátil, directamente desde Youtube. Sé que recordaré estos pormenores en el futuro porque llegar hasta “The Maze” ha sido una especie de heroica culminación.

¿Qué es lo que contiene “The Maze” que la hace tan especial?

Pues que hasta ahora fue inalcanzable para mí.


 


Empezaré por decirles que si no les suena “The Maze” no tienen ustedes por qué sentirse culpables, y es que, que yo sepa, salvo una reciente versión editada milagrosamente en dvd en inglés original con subtítulos, “The Maze” nunca se estrenó en España en salas comerciales ni fue difundida por televisión alguna, al menos en abierto. Dirigida por William Cameron Menzies, uno de los más reputados diseñadores de efectos especiales y decorados de los años dorados de Hollywood y, a la sazón, cineasta de culto (criaturas suyas son “Invasores de Marte”, “La vida futura”, y aunque no figurase oficialmente en los créditos, la archiconocida “Duelo al sol”), “The Maze” debiera ser a estas alturas –si la memoria de la crítica fuera menos lagunosa y más propensa a la justicia poética- un clásico de la ciencia ficción al nivel de “Invasión de ladrones de cuerpos”, “La guerra de los mundos” o “Ultimatum a la Tierra”. Pero…


 “The Maze”, para que me entiendan ustedes, y para no fastidiarles con un innecesario spoiler, es un cruce argumental entre las hitchconianas “Alarma en el Expreso” y “Rebeca” con “La isla de las almas perdidas”, ya saben, la adaptación cinematográfica de “La isla del Doctor Moreau” de H.G.Welles.

Cuando se estreno, en 1953, “The Maze” contenía ingredientes más que suficientes para ser perpetuada en la memoria del público: tenía misterio, belleza, perfección visual y lirismo literario aliñado con una dosis justa de horror gótico. Sin embargo, no cuajó, no me pregunten por qué ni por qué no, y terminó por convertirse en una perfecta película maldita. Maldita y olvidada. Mejor para mí, o miel sobre hojuelas, porque no hay nada en el mundo que excite más la curiosidad de un cinéfilo contumaz que la leyenda que arrastran películas como “The Maze”, cintas escurridizas, deliberadamente esquivas incluso en los ciclos temáticos de las Filmotecas, filmes que pareciera que estuvieran dotados de vida propia y que disfrutaran dándole esquinazo a uno.

No exagero si digo que llevaba un par de décadas queriendo ver “The Maze”, más o menos desde que tuve conocimiento de su existencia gracias a un monográfico de la legendaria revista “Nosferatu” dedicado a clásicos del fantástico de los 50.

Créanme que busqué y busque “The Maze” como a la Adelita de la canción aquella, por tierra, y por mar, pero no la encontré.

Hasta la pasada semana.

Hace poco, googleando (sí, sí, la Real Academia Española está estudiando admitir este neologismo, desde mi punto de vista imprescindible), se me ocurrió teclear la palabra mágica: “The Maze”. Cansado de rastrear, hacía años que no tiraba la caña al mar. ¡Bingo! Esta vez di a la primera con mi anhelada película gracias a un link que me redirigió milagrosamente a Youtube, lugar en que “The Maze” reposaba esperándome, deseable, indiferente, si bien fragmentada en seis incómodas rebanadas de catorce minutos, que deglutí, consecutivamente, con delectación.

Youtube, como Google, como Wikipedia, es un milagro.


Les cuento todas estas particularidades sobre “The Maze” porque igual que les hablo de la desconocida “The Maze” también les podría hablar de decenas de clásicos japoneses de Ozu y Mizoguchi que también dormitan, aletargados, en las cuevas de Youtube. Las viejas obras de Lang, de Dreyer, de Ford, de Keaton, de Griffith, ¡de Chaplin…! descansan también en los mismos recovecos digitales. Lumiere, Chomón, Meliès, Vertov, Flaherty, todos los padres del Séptimo Arte por los que siempre he sentido veneración, esperan allí; con infinita paciencia, nos esperan a todos. Imagino que Youtube alberga con despreocupación de eterno nirvana todas estas alhajas, más valiosas que el diamante para mi, porque como reliquias antiquísimas que son ya no están sujetas a las terrenas exigencias del copyright. Digo yo. En cualquier caso, Youtube se me aparece como un apetecible lago de profundas aguas en las que podría zambullirme sin necesidad de regresar a la superficie a buscar oxígeno. Porque ¿quién necesita respirar cuando tantos tesoros yacen en las profundidades?

José Manuel Albelda

Sígueme también en LA VUELTA AL CINE EN DIEZ PELÍCULAS

 



 

(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
6 + 11 =
Para prevenir spam automático, por favor, resuelve esta pregunta de matemáticas.
JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

Artículos anteriores

La Encuesta

¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
Si
63.7%
No
36.3%