La primera vez que te vi

La primera ver que te vi… ”Apocalipse Now”

07.06.2013 | 0 Comentarios
apocalipsisnow470

La primera vez que vi Apocalipse Now (Francis Ford Coppola, 1979) en realidad no la vi, sino que la imaginé. Me explicaré mejor: cuando se estrenó en España yo tendría unos 8 años. Por aquel entonces tenía en el colegio un maestro de los de toda la vida, don Juan de Dios, al que los alumnos apreciábamos mucho: era un hombre de cierta edad que se encontraba a las puertas de la jubilación y que estaba tan consagrado en cuerpo y alma a toda una vida de docencia que incluso le había solicitado al ministerio una prórroga para que se le permitiese ejercer el magisterio durante un par de cursos más. Don Juan de Dios era muy exigente con sus alumnos pero, al mismo tiempo, tenía conquistada nuestra complicidad infantil porque gustaba de acompañar las clases con ocurrentes paréntesis sobre sus años mozos, su vida familiar y sus aficiones, técnica singular que sin duda alguna reforzaba nuestra atención y el aprendizaje.

Una tarde del 79, en la víspera de un examen, nos mandó a casa don Juan de Dios aconsejándonos que preparásemos bien la prueba del siguiente día: “hincad bien los codos porque las preguntas no van a ser fáciles”. Después añadió: “ésta noche me estaré acordando de vosotros: voy con mi esposa al cine a ver el estreno de Apocalipse Now”.
¡Apocalipse Now! Cuando dijo aquello, recuerdo que pensé que nuestro maestro era la persona más afortunada del mundo por poder ir al cine entre semana a ver una película de guerra, mientras nosotros, sufridos pupilos, teníamos que quedarnos en casa a estudiar.


-¡No hay derecho! –protestamos los niños como un coro-. ¡A nosotros también nos gustaría ir al cine a ver Apocalipse Now…!

-Vosotros la veréis cuando seáis mayores –objetó don Juan de Dios-. Es muy sangrienta.


Por aquel entonces yo no sabía nada de nada sobre Coppola pero sí había escuchado cosas sueltas sobre lo que las personas adultas, don Juan de Dios entre otros, comentaban sobre la dichosa Apocalipse Now: que iba sobre la guerra del Vietnam, que era polémica y muy violenta, tanto que había sido prohibida para menores de 18 años; también se decía que era una gran superproducción muy espectacular con fabulosos efectos especiales nunca vistos. Y que muchas personas se salían del cine porque no podían soportar algunas de sus escenas. Fascinante. Mi imaginación infantil completó el resto: comencé a fabular montándome mi propia película mental sobre lo que suponía debía ser aquel Apocalipse Now vetado a los niños: se me asemejaba como la filmación más explícita de los más espantosos horrores concebibles, una especie de colección de atrocidades inasumibles para el ojo infantil. Me amedrantaba tanta advertencia, pero al mismo tiempo me fascinaba porque, en definitiva, sospechaba que si tanta gente acudía a verla era porque aquella película era algo así como la prueba iniciática definitiva que abriría el acceso al mundo adulto.

Con el paso del tiempo, años después, el fantasma de “Apocalipse Now” volvió a aparecerse en mi vida varias veces más, intermitentemente. Alguien, algún amigo por ejemplo, había conseguido verla a hurtadillas en un cine de reestreno y yo, al enterarme, le hacía un tercer grado: “¿de verdad es tan terrible como nos dijo don Juan de Dios?”. Y el amigo de turno, indefectiblemente, como para darse importancia, respondía: “es brutal, ¡brutal!”.

Llegó la adolescencia y llegó el vhs, y con ellos llegó la posibilidad de acceder a una copia de alquiler de la susodicha Apocalipse Now en el videoclub de El Corte Inglés de Princesa (por aquel entonces, en el 86, las películas en vhs aún no se compraban). Sin formato respetado, doblada, editada en una cinta llena de arrugas a causa del tránsito indefinido por mil magnetoscopios domésticos y con un sonido más que deficiente, pero Apocalipse Now al fin y al cabo. Tras muchos años de espera, con 15 años recién cumplidos, la vi. De hecho, mírenme, mírenme viéndola como la vi entonces: sentado en la sala de estar ante aquel televisor ITT y aquel vídeo SABA (“el que sabe SABA”), con la boca abierta, las pupilas dilatadas, la respiración congelada durante las tres horas de metraje… Me quedé estupefacto: pero no de horror (“¡el horror, el horror!”), como hubiera sido previsible ante tantos años de expectativas, sino de admiración cinéfila. Aquel viaje de Willard río arriba al encuentro del Coronel Kurtz me pareció una odisea terrible, sí, violentísima, es verdad, hacia el corazón de las tinieblas, pero, sobre todo, me pareció una odisea gloriosa que me permitió adentrarme en el corazón del mejor cine bélico que yo había visto en mi vida. Recordé entonces a Don Juan de Dios -retirado ya hacia tiempo- y, evocando aquella tarde del pasado víspera de examen en que nuestros viejo maestro nos puso los dientes largos, le agradecí en silencio que nos abriera el apetito de ver la que considero, junto con los Padrinos 1 y 2 y La Conversación, mejor película de Coppola.

José Manuel Albelda

(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
3 + 2 =
Para prevenir spam automático, por favor, resuelve esta pregunta de matemáticas.
JMALBELDA_CINE

Un blog de cine desde el que rememoro dónde y cuándo vi por vez primera las películas que han marcado mi vida. Mezcla de cinefilia y de recuerdos autobiográficos, pero también retrato de épocas y lugares determinados de nuestra Historia: salas de cine que desaparecieron hace tiempo o que fueron reconvertidas, pases extravagantes en la Filmoteca del Doré, furtivos cineclubs en la madrugada, inverosímiles sesiones continuas en cines de barrio, videoclubs de hoja caduca a la vuelta de esquina y avistamientos fortuitos en viejas televisiones en blanco y negro y con antena de cuernos que difundían por el UHF las más preciadas joyas del Séptimo Arte.

Artículos anteriores

La Encuesta

¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
Si
63.3%
No
36.7%