La Opinión de Hermann Tertsch

La nueva ley del aborto

15.07.2010 | 0 Comentarios
bebé, niños, infancia

Buenas noches a todos. Ayer entró en vigor la nueva ley del aborto.

El aborto ya no es un delito despenalizado, es decir una solución para situaciones extremas, sino un derecho al que todos pueden recurrir, incluidas las menores de edad, sin dar explicaciones. Ya sabemos que nuestro Gobierno considera que con ella alcanzamos un grado superior de civilización. Y por ello motivo de celebración. A partir de ahora se podrá abortar con la misma facilidad con la que se va al cine o a Carrefour.

Otros españoles, muchos millones, piensan que el de ayer fue un día triste. Consideran que permite, trivializa y anima al asesinato de humanos indefensos. La demanda social que reclamaba esta ley era la misma que exigía un nuevo estauto catalán. Es decir ninguna. Nadie que realmente quería abortar se quedaba antes sin abortar. Y nadie ha sido nunca castigado por ello en democracia.

Ha sido el interés de la política, del poder socialista, -su necesidad de caballos de batalla, de lemas movilizadores- el origen de esta ley. Matar es siempre un problema. A no ser que uno se autoconvenza de que el individuo humano que crece en el seno materno es poco más que un sapo. Y que, despojado de su carácter sagrado y trascendente, el ser humano en sí es poco más que un sapo con mayores habilidades. Es cuestión de conciencia y cosmovisión. Algunos han ido lejos con su apología de la nueva ley.

Dice la socialista Elena Valenciano que la ley protege a la mujer, a los profesionales abortistas y al nasciturus. A las clínicas abortistas sin duda. A la madre quizás. Al nasciturus que muere desde luego no. Finalmente otro ejemplo de cómo funciona lo que se podría llamar la brújula moral del Gobierno. El ministro Moratinos, el abogado defensor de la dictadura cubana, se va a La Habana. Parece que la Iglesia cubana ha hecho avances en su negociación para la liberación de algunos presos.

Y Moratinos quiere apuntarse como propio ese hipotético éxito. Después del ridículo que ha hecho durante todos estos años en que ha vendido por Europa unas reformas cubanas inexistentes. Por supuesto no visitará a Fariñas, el preso político que agoniza tras 130 dias de huelga de hambre. La política de este Gobierno hacia la dictadura cubana ya no da siquiera vergüenza.

Produce náuseas.

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