Abre los ojos

La Madonna de Fra Angelico

29.02.2016 | 0 Comentarios
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Contaba Vasari en “Las Vidas” que “Fray Giovanni nunca tomaba el pincel sin haber hecho antes sus oraciones. Y nunca pintó un crucifijo sin que las lágrimas le bañasen las mejillas: por eso, en los rostros y las actitudes de sus figuras se reconoce su bondad y su sincero y grande espíritu religioso cristiano”.

En 1817 Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, XIV duque de Alba, ávido coleccionista, adquirió en Florencia una obra extraordinaria, “La Virgen de la granada” . Su autor es Fra Angelico que la pintó en uno de los momentos decisivos de la historia del arte del Renacimiento.

Desde su llegada a España, el cuadro permaneció en el “Salón italiano” del palacio de Liria saliendo en escasas ocasiones, la primera de ellas hacia Ginebra durante la guerra civil. En 1955 volvió a su ciudad natal con motivo de una exposición conmemorativa del quinto centenario del fallecimiento del artista. Últimamente, en 2012, ha sido expuesta en CentroCentro dentro de la muestra sobre la colección de la Casa de Alba y en 2015 viajó al Meadows de Dallas. Justo un año después, hace escasamente un mes, fue comprada por el museo del Prado con un acuerdo que incluía la donación de una maravillosa tabla de predela. Sin duda ambas merecen nuestra visita.

¿Qué sabemos de Fra Angelico? Nacido en la Toscana en 1395 como Guido di Pietro da Mugello, se trasladó muy joven a Florencia donde se formó como iluminador. En 1423 profesaba ya como dominico en el convento de Santo Domingo en Fiésole. Dos años después se trasladó con su orden al convento de San Marcos donde pintó unos maravillosos frescos. Su estilo fue avanzando desde el gótico internacional de Lorenzo Monaco – con quien parece que se formó-, pasando por la influencia de Masaccio hasta las elegantes composiciones de Gentile da Fabriano. En la década de 1420 trabajó en una serie de Vírgenes con Niño entre las que destacan la “Virgen de la Humildad” del museo Thyssen y ésta del Prado. Vamos a verla .

La “Virgen de la granada” es un temple sobre tabla fechada en 1426. Cuando nos ponemos ante ella percibimos la devoción religiosa del artista. Su ejecución es preciosista y delicada y los detalles se han cuidado como si se tratara de una miniatura. Nos llaman la atención los brillantes rojos y azules de los vestidos de la Virgen, colores clásicos en la iconografía cristiana. Su espalda está protegida por un maravilloso paño dorado que sujetan dos ángeles que la custodian. Tiene un rostro dulce y tierno que es el único que mira al espectador. La Madonna sirve de trono a su hijo que guarda en la mano izquierda un fruto pequeño, quizá otra granada, mientras los deditos infantiles de la mano derecha juegan con los granos de la fruta abierta que sostiene su madre. La escena combina la intimidad de lo familiar con la serenidad regia de lo espiritual.

No sabemos para quién fue pintada, pero el coste de los materiales habla, sin duda, de un encargo especial, tanto por la abundancia de oro, incluso como base del suelo con hierba, como por el uso del lapislázuli. Es llamativo su impecable estado de conservación, con sólo unos pequeños desperfectos en el nimbo del Niño. Respecto al espléndido marco que la rodea no es el original, sino que data de 1920. 

Indaguemos algo en el tema iconográfico de la granada que sostiene la Virgen. Se trata del fruto de un pequeño árbol caducifolio originario del norte de la India y cuyo cultivo se extendió durante la antigüedad a toda la costa mediterránea. Hay restos de granadas entre las ofrendas de las tumbas egipcias. Según la mitología griega Afrodita, diosa del amor y la belleza, plantó el primer granado en la isla de Chipre. También Hera y Demeter aparecen a veces entronizadas con granadas en sus manos. Más tarde el cristianismo la adoptará como símbolo de la muerte y resurrección de Jesús. Sus semillas rojas semejantes a gotas de sangre prefiguran la Pasión y al posar el Niño su mano manifiesta su aceptación del futuro sacrificio. Cuando la lleva la Virgen representa su castidad. Pero la granada es también alegoría de fecundidad por sus abundantes granos, así como de la unidad de la iglesia. Por último, gracias al cáliz en forma de corona que la remata, se ha utilizado como emblema de la realeza.

No nos olvidemos del  “Funeral de san Antonio Abad” que está a la vuelta. Es una pequeña escena de la predela de un retablo dedicado a la vida del santo, monje fundador del movimiento eremítico. Parece que fue pintado en la misma época de la Madonna. El formato ha sido manipulado y se ha restaurado para devolverle sus calidades originales. La composición es compleja; en un primer término la horizontal del cuerpo, sobre una llamativa sábana roja, queda contrarrestada por el coro de monjes que lo rodean gesticulando. Me encantan las escultóricas figuras de los cuerpos arrodillados. Detrás, una sobria arquitectura y un particular paisaje en cuyo cielo aparece el espíritu del santo que contempla la escena.

MARÍA VERA
 

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He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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