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La forja del corazón

03.12.2012 | 0 Comentarios
Fotograma del programa de Dossier Telemadrid 'Acoger a un niño'

¿Qué maravillosa y desconocida fuerza motiva a unos padres que ya tienen cuatro hijos biológicos -por ejemplo- a acoger otro niño más en su hogar, un niño procedente de una familia con problemas?

¿Qué generosidad es esta, de dónde brota, por qué se abre paso contra todo pronóstico, allá donde menos se la espera?

Son misterios del corazón humano.

Esta semana, Dossier 30minutos ha emitido “Acoger a un niño”, un reportaje dedicado al programa de acogimiento de niños y adolescentes que tiene la Comunidad de Madrid y que está destinado a aquellas familias que atraviesan situaciones que suponen riesgo para los menores, situaciones donde los pequeños están expuestos a entornos de marginalidad, a episodios de violencia doméstica o a graves dificultades económicas.

Como les decía a ustedes al comienzo de este post, durante los meses que ha durado la preparación de este reportaje, me he estado preguntando de qué material ético está forjado el corazón de aquellos padres que deciden abrir las puertas de su casa a los niños que corren el peligro de perder para siempre su infancia. Decía Juan Pablo II, el anterior Papa, que la abnegación con la que los padres y madres contemporáneos sacan adelante a sus  hijos biológicos es en sí misma, nada más y nada menos, una vocación heroica. Siendo así, me pregunto qué necesidad tienen estos mismos progenitores, desbordados por los contratiempos de su propia lucha cotidiana, de complicarse la vida con alguien a quien no conocen, un niño ajeno, alguien que, con mucha probabilidad, habrá sido tiznado por la injusticia o el maltrato, contaminado por la tristeza de no haberse sentirse querido hasta entonces.

Es asunto muy delicado el acogimiento de uno de estos niños infelices en el seno de un hogar feliz.

Porque el acogimiento es distinto de la adopción. Unos padres que adoptan, aun siendo generosos, que lo son, saben también que incorporar para siempre a un niño a sus vidas tendrá la más bella de las recompensas: construirán una familia que perdurará en el tiempo: los padres que adoptan, educan, y edifican cimientos sólidos; esto es así porque trabajan con la ventaja del largo plazo y la complicidad del futuro. En cambio, el acogimiento, como por definición es temporal y acotado, tiene incluido un plus de altruismo, ya que lleva incorporado dentro de sí la certeza de la inevitable despedida del niño acogido.

Por todo esto a mí me parece que el acogimiento es el bien en estado puro. El acogimiento es silencioso, sufrido, humilde en pretensiones y modesto en gratificaciones, y esto es así porque el acogimiento es benigno como pocos actos en la vida; las cosas benignas, como diría Pablo de Tarso, no se engríen ni se hinchan por la vanidad. Yo creo que no existe mayor abnegación que la que no es previsible ni lógica, aquella abnegación que irrumpe desde el corazón, porque sí, y que germina como una flor, de la noche a la mañana: ahora o nunca, si lo piensas con la cabeza no lo haces, donde comen tres comen cuatro, hay que dar a otros parte de lo que recibes, a nuestro hijos les vendrá bien conocer a otros niños que no han tenido tanta suerte en la vida, podemos hacer tanto bien con tan poco…

Y lo mismo que me pregunto de qué material precioso está forjado el corazón de los padres que reciben niños en acogida, me pregunto cómo se transformará el corazón de aquellos niños que han experimentado la vivencia de haber sido acogidos en una familia que les ha dado, siquiera por un tiempo, el cariño que quizá, antes, pocas veces tuvieron. Me pregunto si con el transcurso de los años el corazón de estos niños que han sido acogidos recordará que la verdadera felicidad es algo que se puede compartir y que se debe derrochar a manos llenas.

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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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