1 frame de 30

La doble lectura

28.03.2012 | 0 Comentarios
Irene Villa

El mito griego de Sísifo es una herramienta manufacturada que, como los cuchillos o las navajas multiusos, puede emplearse de diversas formas, bien para provocar un estropicio en la salud de un inocente, bien para cortar el pan de un bocadillo de jamón.

El mito tiene, como todo en la vida, una doble lectura.

Reconozco que la imagen del pobre Sísifo, castigado eternamente a tener que acarrear su pedrusco por el monte Acrocorintio para, una vez coronado el esfuerzo, echar de nuevo a rodar el canto y volver a empezar, es, a priori, un tanto deprimente. Albert Camus, desde luego, como buen existencialista a medias que era, vio en este mito un material de primera para escribir uno de sus más célebres ensayos (“Le Mythe de Sisyphe”, 1942); Camus retrató a Sísifo como una perfecta representación del ser humano, de todos y cada uno de los seres humanos, seres desdichados que se afanan por levantarse una y otra vez desde sus desdichas y sus tribulaciones, eterno ciclo de caída, lucha y esperanza, perpetuo, extenuante, gratificado únicamente con la exigua recompensa de saberse dignificados en la propia batalla del existir.

¿A cuento de qué les suelto a ustedes todo este prolegómeno?

Les propongo que observen antes el frame de esta semana, que necesita pocas presentaciones: se trata de Irene Villa, protagonista del reportaje “Sin detenerse ante la vida”, un emocionante retrato del día a día de la mujer, de la mujer que un día fuera niña a la que una bomba de ETA segó en 1991 sus dos piernas.

Irene Villa y su madre María Jesús explican que, cuando tuvieron la desgracia de toparse de bruces con la sinrazón del terrorismo, optaron por empezar una nueva vida sin llevar a cuestas el fardo insoportable del odio. Esta decisión de ambas, valiente y madura como pocas, no puede ser más inteligente: si el odio de ETA les amputaba los miembros y les cercenaba parte de su salud no le iban a conceder a ese odio más territorio que el zarpazo en sí. No olvidaron ambas –imposible hacerlo-, sino que optaron por nacer de nuevo sin mirar hacia atrás, sin detenerse ante la vida.

Irene Villa, como Sísifo, se levantó después del atentado e izó sobre sus hombros de niña las dificultades de una recuperación física y psicológica heroica, una remontada que, aunque finalmente triunfante, estuvo trufada de simas y crestas, de dolor y de esfuerzo, de avances y retrocesos.

Rebobinemos hacia atrás 21 años en el tiempo.

Si alguien, ustedes o yo, por ejemplo, le preguntara a una niña de 12 años que está en la cama de un hospital, una niña que acaba de perder las piernas después de un atentado, si se imagina su futuro, si puede ser capaz de imaginar que algún día va a estudiar dos carreras, que va a ser campeona en varios deportes, va a conducir su propio coche, va a escribir libros, va a recorrer España y el mundo dando conferencias, va a ser ejemplo de tesón y de valentía para millones de personas, si se le dijera a esa niña que, de mayor, se va a casar con el hombre de sus sueños, que va a ser madre, que va a volver a caminar sobre unas piernas robotizadas, en definitiva, si le dijeran que va a ser tan feliz como cualquier otra persona, o más, si alguien le dijera todo esto, seguramente no lo creería.

La lección de Sísifo muchas personas no la ven, o la ven pero la entienden mal. Esas personas dicen: la vida es sólo lucha y penalidad, un perpetuo levantarse y volver a caer, sólo eso, y por tanto ¿qué sentido tiene ilusionarse? ¿qué sentido tiene pelear? Esas personas que así entienden el arquetipo de Sísifo, tras caer, se desesperan, y, tras desesperarse, se abandonan aún más en la sima de la desesperación: sufren, maldicen, se enfurecen, odian acaso, y miran el pedrusco de la existencia sobre sus espaldas como una carga injusta e inasumible.

Es una de las lecturas posibles del mito de Sísifo. No soy yo quien para juzgarla, aunque reconozco que contemplar esta particular visión, asomarme a la perspectiva de su abismo, me produce un miedo terrible.

Irene y su madre María Jesús, las miles, las millones de Irenes y de Marías Jesús que pueblan la Tierra, eligen cada día hacer otra lectura del mito de Sísifo: saben que la vida es lucha, en efecto, pero saben también que el hecho de la lucha en sí, la épica de vivir, de continuar, de no mirar por el espejo retrovisor del tiempo perdido, es lo que le confiere un sentido único a la existencia, es lo que les da fuerza, lo que nos da fuerza a quienes contemplamos su ejemplo.

Elegir una u otra lectura del mito de Sísifo, como ocurre con todos los mitos, es cuestión de voluntad personal. De ver la botella medio llena o…

(If you're a human, don't change the following field)
Your first name.
8 + 3 =
Para prevenir spam automático, por favor, resuelve esta pregunta de matemáticas.
Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

Artículos anteriores

La Encuesta

¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
¿Podemos permitirnos mas tiempo sin Gobierno?
Si
63.7%
No
36.3%