Abre los ojos

La bombonera de Cándido

13.11.2015 | 0 Comentarios
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En el número quince de la Corredera Baja de san Pablo, en el madrileño barrio de Maravillas, está el teatro Lara cuyas paredes esconden tantas anécdotas y secretos que merece la pena saber algo más de su historia.

Todo comenzó con Cándido Lara también llamado el “carnicero de Antón Martín”. Tenía en esta plaza un negocio de venta de carne y se hizo millonario con el suministro al ejército liberal en la segunda guerra carlista. Pensó entonces en construirse una casa en la Corredera. Allí mismo y aconsejado por Ramón García, buen conocedor del público madrileño, decidió levantar un teatro. A muchos les pareció una idea excéntrica porque se trataba de una zona mal comunicada y rodeada de pequeñas callejuelas. No le importó y continuó con esta aventura con final feliz que perpetuaría su nombre y le haría famoso.

Para el proyecto contrató al arquitecto Carlos Velasco y Peinado precursor de la Gran Vía y autor, entre otras obras, de san Fermín de los Navarros. Empezó a construir un teatro a la italiana, inspirado, según algunos, en el teatro del Palais Royal de París pero que resultó más coqueto e íntimo y por eso se conoció popularmente como “la bombonera de don Cándido”.

Accedemos a él a través de un vestíbulo adornado con unas señoriales columnas de fundición rojas y doradas. A continuación está la sala principal de planta de herradura y con un recoleto patio de butacas de madera. Más arriba hay dos pisos y un anfiteatro rodeados de pulidas barandillas. Aún se conserva el palco real donde acudían Alfonso XII y Alfonso XIII. Y en el techo los frescos pintados por el artista Contreras. Al principio y, cumpliendo con la normativa municipal vigente en 1872, había claraboyas en la cúpula y dos depósitos de agua, uno en el techo y otro en el suelo. Hoy en día la escalera de incendios está en la calle de San Roque, justo detrás. Es una pena que hayan desaparecido sus célebres pasadizos, uno unía el palco real con el camerino de la primera actriz y cuentan que debajo del escenario había una trampilla por la que se accedía a un túnel que llevaba al convento de san Plácido en la cercana calle del Pez y que se usó, al parecer, durante la guerra civil.

Una vez acabadas las obras, el tres de septiembre de 1880 el teatro se puso de tiros largos y abrió sus puertas con la representación de la obra de Bretón de los Herreros “Un novio a pedir de boca”. La futura reina Isabel II, entonces princesa de Asturias, presidió la inauguración. Don Cándido no  podía pretender más.

A partir de entonces el Lara se convirtió en el teatro burgués por excelencia, donde se representaba el género chico, la comedia…siempre con un sello de prestigio, con actores y actrices de calidad y un público selecto. Aquí se estrenaron  “Los intereses creados” en 1907 de Jacinto Benavente y el “Amor brujo” de Falla en 1915. Precisamente este año muere su dueño y el negocio quedó en manos de su hija y bajo la dirección de Luis Yáñez. Entre 1910 y 1930 la empresa superó el inconveniente que supuso la construcción de la Gran Vía que bloqueó el acceso a la Corredera.

Aprovechando este parón, en 1916, se hicieron obras en el edificio y se remodeló la fachada dejándola como está actualmente. Fue Pedro Mathet y Rodríguez el responsable del nuevo diseñó según el gusto francés. La dividió en cuatro vanos coronados por arcos conopiales y adornados con motivos vegetales dorados que dejan libres tres huecos donde se cuelgan los carteles. A los lados se colocan dos preciosos faroles traídos desde París. La parte superior tiene una sencilla cornisa que sujeta la balconada del primer piso.
 

El teatro pasó por muchas vicisitudes y poco antes de la guerra civil estuvo a punto de desaparecer. Su propietaria Milagros Lara había dicho en su testamento que el edificio fuera destruido a su muerte y se construyera allí una casa de vecindad que permitiría sufragar gastos de unas escuelas de las que era benefactora. Gracias a la intervención del entonces ministro Fernando de los Ríos siguió abierto. En los años ochenta y debido a la crisis económica cerró sus puertas hasta 1994, año en que se remodela y vuelve a abrir con el reestreno de “Enseñar a un sinvergüenza” de Alfonso Passo.

Todavía hoy sigue siendo un testimonio vivo de la historia de las artes escénicas de Madrid. Los retratos de sus protagonistas cuelgan en las paredes de su histórica sala del Parnasillo, los camerinos llevan los nombres de grandes actores que trabajaron allí:  Rosario Pino, Rafael Rivelle, Julián Romea o Balbina Valverde. Algunos nunca se han ido, dicen que el fantasma de Lola Membrives habita en el teatro y son muchos los actores y directores que dicen haberla oído cantar.

El sueño del carnicero se cumplió. El teatro, impregnado del sabor y el encanto decimonónicos, sigue siendo un referente aplaudido por todos los buenos amantes del teatro de dentro y fuera de Madrid.

 ¡Arriba el telón!

María Vera

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He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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