Palabra de meteo

La banquisa ártica

18.07.2011 | 0 Comentarios
La banquisa ártica, un buen indicador del cambio climático
Uno de los mayores problemas que nos hemos encontrado los profesionales de la comunicación a la hora de explicar el cambio climático ha sido la falta de imágenes que representen el problema. Ante esta escasez, en varias ocasiones se han cometido imprecisiones en ese intento constante por ilustrar un fenómeno que en realidad es poco visual, al menos en el corto plazo. Porque a pesar de que existen ciertos recursos gráficos que representan de una forma simbólica lo que es el cambio climático, un desierto es un desierto, y no necesariamente ha comenzado a serlo por el calentamiento global. Igualmente, los huracanes tampoco los ha inventado el ser humano, y aunque no hubiera expulsado a la atmósfera ni un solo metro cúbico de CO2, se desarrollarían de forma inevitable cada verano.
 
De la misma manera, uno de los recursos visuales que más frecuentemente se ha utilizado para representar el cambio climático ha sido el deshielo de los polos. Sin embargo, el espectador debe saber que dicho fenómeno es perfectamente natural, y que sucede anualmente coincidiendo con los meses más cálidos del año. De la misma manera que la nieve aparece y desaparece de nuestras montañas todos los años, la cantidad de hielo de los polos aumenta y disminuye en función del mes en el que nos encontremos.
 
Sin embargo, la banquisa ártica se ha convertido en un excelente termómetro del calentamiento global, pues su progresivo debilitamiento está haciendo que, en los últimos años, haya marcado varios mínimos en cuanto a su extensión, llegando a abrirse incluso en el año 2007 el paso del noroeste que comunica el océano Atlántico con el Pacífico bordeando Norteamérica. 
 
 
En la gráfica superior, se puede comprobar cómo efectivamente el año 2007 fue el más funesto para la banquisa, pues aquel verano marcó su mínimo histórico desde que se tienen registros. Sin embargo, observamos que a pesar de que los siguientes años fueron ligeramente mejores, no encontramos ningún registro que se aproxime ni tan siquiera a la media comprendida entre los años 1972 y 2008, representada en la gráfica por una línea de puntos. 
 
En el siguiente gráfico se ve mejor esta evolución. En él, se representan exclusivamente la media histórica, el fatídico 2007, y el año actual. De esta manera, nos permite comprobar la alarmante tendencia que está teniendo otra vez este año la masa de hielo en el océano Ártico. Así, tras haber alcanzado un máximo ligeramente superior al de 2007 en abril, la línea azul se mantiene en valores muy similares a los del citado año, e incluso puntualmente tiende a situarse por debajo. Siguiendo por lo tanto la información que nos facilitan los gráficos, todo hace pensar que este tampoco va a ser un buen año para la banquisa, pudiendo incluso superarse el mínimo marcado el verano de 2007. 
 
 
A priori, una desviación puntual sobre la extensión media de hielo en el Ártico no debería ser preocupante. De hecho, esta puede producirse por muchos factores, entre los que se encuentra no sólo la temperatura, sino también por ejemplo el nivel de insolación que se produzca en la superficie. Así, con un tiempo anticiclónico en verano, y dado que la noche no existe durante ese periodo en el círculo polar ártico, se podría producir un descenso del hielo más acusado. Este último factor, relacionado directamente con la presión en superficie que hay en un momento dado en el océano Ártico, se mide habitualmente a través del índice AO (Artic Oscilation). Dicho índice mide la desviación sobre la media de la presión en el Círculo Polar Ártico, y su relación con el anticiclón de las Azores. En principio, un índice AO positivo implica una presión más baja de lo normal en el océano Ártico, mientras que un índice negativo conlleva altas presiones en la zona. Dicho índice es muy determinante sobre el tiempo de buena parte de Europa y Norteamérica, pero lo verdaderamente interesante aquí es señalar que un AO negativo implica más estabilidad y más horas de sol en el Ártico, por lo que en verano podría producirse un mayor deshielo. Además, dicha situación favorece los desalojos de aire frío hacia latitudes inferiores, provocando igualmente un ascenso de la temperatura en la zona polar. 
 
 
Sin embargo, como vemos en la gráfica, el índice AO ha tenido un comportamiento ligeramente superior al de la media, lo cual nos indica que la presión media en la zona ha sido inferior. Teniendo en cuenta esto, el acusado descenso del hielo en el Ártico durante esta primavera y lo que llevamos de verano no puede achacarse a dicho índice. Además, el último gráfico que proponemos nos permite comprobar que la anomalía negativa no es un fenómeno exclusivo de los últimos años, sino que se viene produciendo y además intensificando durante las últimas décadas. 
 
 
Consideramos por lo tanto que la banquisa Ártica sí puede ser un excelente indicador del calentamiento global que está sufriendo nuestro planeta. Un indicador que está aportando datos muy preocupantes en los últimos años, y que demuestra una tendencia muy clara al calentamiento de la superficie de la tierra, al menos en esa zona concreta del planeta. Sin embargo,  la utilización del deshielo Ártico o Antártico como recurso visual para representar el problema, sin explicar convenientemente el fenómeno, no es un comportamiento muy honesto por parte de los medios de comunicación. 
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