Abre los ojos

Guerrero: un español en Manhattan

13.03.2015 | 0 Comentarios
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“En aquella ciudad y en aquel mundo había un desafío tan grande que no era posible rendirse. Aprendí de todos estos artistas una cosa que nadie me puede quitar: su coraje, su libertad y su potencia”

José Guerrero (1914- 1991) desembarcó en Nueva York en los primeros días de noviembre de 1949 del brazo de su esposa, la periodista americana Roxane Whittier Pollock, con la que se había casado en París. En la ciudad de los rascacielos comenzaría una aventura que duraría quince años. El granadino llevaba en la sangre la tradición española y un cierto romanticismo, pero estaba algo cansado de la figuración y tenía sed de novedades. Enseguida absorbió la intensidad del expresionismo abstracto que dominaba el panorama artístico americano y se abrió camino junto a los grandes. Consiguió exponer en la prestigiosa galería Betty Parsons y trabajar junto a Pollock, Motherwell, De Kooning o Rothko.


 
En la Sala de las Alhajas podéis visitar “The Presence of Black” que es una exposición dedicada exclusivamente a esta etapa americana, el fruto de un sueño. ¿Por qué este título? Sólo hace falta atravesar la puerta de entrada para darnos cuenta de la omnipresencia del negro. El negro es un color monumental y dramático, pero también vivo y excitante y, sobre todo, muy español. Pero, dando una vuelta por la sala, nos damos cuenta de que no está solo, otros colores se convertirán en su pareja. Suelen ser tonos intensos, incluso cálidos y alegres aunque combinados con él nos transmiten una cierta sensación de angustia y desesperanza. Esta melancólica nostalgia alcanza también a los títulos de los cuadros como “Blues and Black”, una bella sinfonía de azules. Dramática es la combinación con el rojo en “Signo” o con los potentes naranjas que acompañan las formas negras de  “Black Cries”, pintado con motivo del nacimiento de su hija Lisa y, según el propio artista, el cuadro que le abrió las puertas de Norteamérica. También se atreve con el amarillo en el monumental “Signs and Portents”. En todos ellos, además del color, hay todavía unas reminiscencias orgánicas -que nos recuerdan a Miró y el organicismo de los años 40- que, poco a poco, abandona para llegar a una pintura más gestual como la de “Tierra roja”. Recordemos que en los primeros años americanos Guerrero pasa por un periodo de abstracción biomórfica en la que todavía son reconocibles algunas figuras. Los cuadros de esta época aparecen inundados de cruces, mujeres enlutadas y diferentes formas. Pero, poco a poco, las remisniscencias figurativas van desapareciendo dejando paso a una depuración total que conduce a la abstracción.


La exposición guarda algunas sorpresas  como el interés muralista del granadino que le llevó a la creación de los llamados “frescos portátiles”, cinco de los cuales cuelgan aquí. Se trata de paneles en los que intentaba integrar pintura y arquitectura introduciendo materiales ajenos al medio como la uralita, el ladrillo refractario o los bloques de cemento. El resultado son unas obras muy matéricas en tonos ocres, tierras o grises de pequeño formato.


 
En la planta superior está la producción de los años 60 donde aparece claramente la influencia de Motherwell que constata su plena integración en el expresionismo abstracto americano. Sin embargo, todo era un preludio para su regreso a España. En torno a 1962-63, después de una crisis profunda y poco antes de terminar el psicoanálisis al que se había sometido, el imaginario español vuelve a sus obras. Visita Madrid y se compromete a exponer en la galería de Juana Mordó. “Albaicín” o “Sacromonte”, claras evocaciones sentimentales, son algunos títulos de los cuadros que empieza a pintar. Pero será en 1965 cuando regrese junto con su familia para pasar una temporada más larga. Guerrero aprovecha para ir a Andalucía y hacer un reportaje sobre Lorca para la revista “Life”. Entonces visita el barranco de Víznar donde el poeta fue asesinado y que le inspiró hermosos dibujos, algunos de los cuales expuestos aquí, así como el monumental lienzo “La brecha de Víznar”. En él esta pintada la caída asfixiante dentro del negro barranco, a los lados el blanco grisáceo de un cielo plomizo aumenta  la sensación de agobio; no hay referencias pero está clara la presencia de un final sin esperanzas.  En la misma pared están “A la muerte de Sánchez Mejías”, “Andalucía tierra roja” y  “Antojos negros con amarillo”. Juntos forman una especie de homenaje a su amigo Federico cuyo mundo del romancero gitano habitaba en muchas de sus obras. Todas ellas, de pincelada convulsa, transmiten una gran intensidad emocional que convierten los sueños españoles en algo universal.

Twitter: María Vera


Sin duda donde más información tenéis sobre el artista es en http://www.centroguerrero.org
 

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He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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