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Guerra interminable

30.05.2012 | 1 Comentarios
Alimentos para esquivar el cáncer

Cáncer. Estamos en guerra, señores, y ya es hora de que alguien lo proclame oficialmente. Estamos en una guerra interminable –el cáncer ha declarado hostilidades a los seres humanos a cañonazos, aunque a veces parece que estemos sordos o pasmados- y, como nuestro enemigo es poderoso, sibilino, retorcido, no le hemos devuelto el acuse de recibo: porque nos enfrentamos a un enemigo con mil semblantes, en mitad de un frente de trincheras que se entrecruzan y que laceran nuestra carne en trizas, en girones, cual cicatrices obstinadas que permanecieran ante nosotros para certificar una lucha desquiciada con una fiera atroz e inesperada. Cáncer. Nuestro enemigo, sépase, recuérdese, no hace distingos y no respeta nada, no detiene su zarpa ante nadie, puede infiltrarse en nuestros hogares cualquiera de estas noches y dejarnos heridos para siempre, y nosotros sin enterarnos, durmiendo plácidamente, o puede atraparnos y agarrarnos desde las profundidades insondables de la herencia de nuestros ancestros, laberinto de genes, y hacernos un estropicio.

Nuestro enemigo viene de lejos, desciende de antaño, de siempre, si bien prolifera en el ecosistema moderno porque le place retozar en los ineludibles océanos de la radioactividad cotidiana que tocamos, encuentra solaz en la improvisada química contemporánea que ingerimos, se expande dentro del estrés de vida en que nos ahogamos, y se engríe como un pavo nada más oler la nicotina y el alquitrán con que le alimentamos.

Que nuestro enemigo campe por sus respetos no debería intimidarnos más de lo necesario. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará si no se le echa el alto; así es la naturaleza del mal: destruye a la mínima oportunidad, como un bulldozer sin conductor. Porque, si le dejamos, si levantamos la guardia, nuestro enemigo invadirá más territorio del que tenía previsto, llegará con vértigo de relámpago, masivamente, en plan ráfaga de sicario y no parará hasta devastar la vida o los escombros que de ella queden. Cualquier ruina le aprovecha.

Por eso, que no cunda el desánimo, ni mucho menos: porque las fuerzas de nuestro ejército son también poderosas: contamos con batallones de oncólogos, de genetistas y de químicos farmacéuticos que combaten contrarreloj para plantarle cara a la bestia allá por donde se la avista. Cada vez con mayor precisión. Nunca como ahora hemos sabido tanto sobre nuestro enemigo, aunque, es justo reconocerlo, es mucho también lo que desconocemos de él.

Esta semana, Treinta Minutos ha emitido “Qué comer para esquivar el cáncer”, un reportaje donde diversos expertos en este mal ofrecen pautas, desde distintos enfoques disciplinares, para concienciarnos acerca de los alimentos que resultan más poderosos para darle la espalda al enemigo.

En los últimos tiempos, es cierto, proliferan abultados bestsellers que ofrecen exhaustivos listados de los licopenos, cúrcumas y resveratroles más aconsejables, libros que muchos especialistas ven con escepticismo. No soy yo quién para juzgar esta severidad. Desconozco si dichos trabajos devenidos en superventas literarias de supermercado tienen validez científica universal, pero sí creo que, al menos, sirven para sensibilizar, para robarle ceros a las estadísticas: estoy convencido de que, por cada persona que, después de leer uno de estos libros, por ejemplo, decide aportar más fruta y verdura a su dieta, el enemigo retrocede unos pasos, desconcertado; por cada persona que decide abandonar el tabaco y hacer más ejercicio físico, aunque nada más sea porque uno de esos libros le ha recordado que tal vez sería buena idea hacerlo, el enemigo se recoge refunfuñando a su campamento; y, por supuesto: estoy convencido de que por cada persona que, concienciada por uno de estos libros, acude a su médico y se somete a las pruebas que éste le prescribe para la detección precoz de la enfermedad, el enemigo rebufa, se agita como loco y repliega velas, quién sabe por cuánto tiempo, quién sabe si por siempre.

A mí me parece que es siempre positivo introducir variables de control sobre nuestra salud: aprender a gestionar el estrés, regularizar el ejercicio físico, optimizar nuestra dieta, someternos a exámenes médicos en función de nuestra edad y de nuestra propensión familiar a padecer una determinada enfermedad.

Que un libro o un modesto reportaje periodístico consigan que, al menos, una sola persona (ojalá sean millones) se conciencie e introduzca un pequeño cambio en su vida, una variable de control en esta guerra interminable, siempre merecerá la pena.

Digo yo, ¿no?

  • Estupendo programa. Enhorabuena!
    02.06.2012 vlorenzo
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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