Abre los ojos

Flora y Arcimboldo

10.02.2014 | 1 Comentarios
FLORAYARCIMBOLDO

“Mientras hablaba, respiraba de la boca rosas de la primavera”. Ovidio
                                      
En una sala en penumbra de la Fundación Juan March nos aguardan “Flora” (1589) y “Flora meretrix” (1590), dos cuadros de Arcimboldo expuestos en un ambiente tan íntimo y recogido que convierten la visita en una experiencia casi mística. Se trata de un montaje sumamente cuidado: en una pared los dos óleos juntos, enfrente una proyección de todos los detalles, y en medio unos bancos que nos invitan a la observación cercana de un virtuosismo miniaturista excepcional.

Pero ¿merece la pena la visita para ver tan sólo dos obras? Sin duda; se trata de una gran oportunidad porque ambas vienen de colecciones particulares y es la primera vez que se exponen públicamente desde su subasta en Londres en 1965 ; además en España sólo tenemos otra tabla del artista, “La primavera”, expuesta en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Giuseppe Arcimboldo fue un pintor apreciado y alabado en su época pero, como tantos otros, cayó en el olvido al morir. No será hasta el siglo XX cuando artistas e historiadores lo recuperen atraídos por su personal estilo. Dadaístas y sobre todo surrealistas sintieron una atracción especial por la mezcla de sátira y alegoría de sus obras y por sus juegos visuales con los que creó un vocabulario propio y original que ellos van a imitar.

Arcimboldo nació en Milán en 1526 en el seno de una familia de artistas. Biaggio, su padre, será su primer maestro y, con veintidós años, inicia junto a él su carrera como diseñador de vidrieras en la catedral de la ciudad. En 1562 su vida da un giro decisivo; se trasladó a Praga donde trabajará en la corte imperial veinticinco años al servicio de Fernando I, Maximiliano II y Rodolfo II. Como artista aúlico se dedicó, sobre todo, al retrato aunque también diseñó múltiples espectáculos como torneos, representaciones teatrales o recepciones nupciales. En 1587, cargado de honores, regresó a su ciudad natal, donde murió en 1593, con sesenta y seis años.

Pero no son sus trabajos para el emperador los que le hacen famoso sino unas creaciones muy personales y singulares llamadas teste composte o cabezas compuestas. Se trata de piezas inventadas asociando elementos dispares, aunque claramente identificables, que se casan como en un puzzle hasta formar un retrato. Aunque parecen combinaciones caprichosas, fruto de una desbordante imaginación, no responden a algo aleatorio sino que están sujetas a ciertas normas, a una base científica.

Maravillosos ejemplos de estas teste son los dos cuadros aquí expuestos. Ambos son acabados poco antes de su muerte y regalados al emperador Rodolfo II, gran aficionado a la jardinería y la botánica. Arcimboldo configura el rostro, la piel, el peinado o el traje de las damas con un delicado ensamblaje de flores, ramas, pétalos, hojas y animales, ejemplo de maestría en su representación de la naturaleza. Pero ¿quiénes son estas mujeres? Las aquí pintadas son Flora, alegoría del amor marital y casto, y Flora meretrix, sensual y mundana, dos caras de la misma moneda.

En la mitología y, según Ovidio, Flora era, en realidad, una ninfa griega llamada Cloris. Un día de primavera vagaba por los campos, cuando la vio Céfiro, el dios del viento, que se enamoró y la raptó para casarse con ella. A partir de entonces y en recompensa por su amor le concedió el don de reinar sobre las flores. Es a ella a quien Arcimboldo pinta en su primer cuadro. Es la primavera llena de flores de distintas especies con las que crea una paleta cromática extraordinariamente sutil. Nos basta una mirada para distinguir margaritas, rosas, claveles, lirios, dalias, azucenas, campanillas o jazmines. Todas ellas se van distribuyendo según los tonos de piel, del cabello o de la ropa. La corona es la parte más colorista y variada donde sobresale un ramillete de flores de cuernecillo amarillas. Mucho más delicado es el rostro con los pequeños capullos de rosa de los labios. La solapa del traje hace uso de variedades sólo blancas que, después de un borde más vivo, dan paso a un manto casi monocromo de hojas verdes.

Las diferencias con “Flora meretrix” no son sólo simbólicas sino también estéticas. La más obvia es que en este caso la mujer muestra un seno descubierto, lo que plantea problemas para identificarla con el mismo personaje mitológico. Pero recordemos que en el Renacimiento junto a la Flora de tradición ovidiana también existía la Flora meretrix. Se llamaba así a una legendaria prostituta romana que, al morir, legó su fortuna para los “Florarie”, unos festivales que se celebraban en Roma durante los que tenían lugar juegos sexualmente provocativos. El contraste entre ambos cuadros es evidente; la figura se ha humanizado y además rezuma sensualidad. Los párpados son más ligeros, las finas cejas de espigas dejan a la vista unos ojos grandes que nos miran directamente. Otra novedad es la presencia de pequeños animales camuflados entre el follaje: mariposas, saltamontes, gusanos, una mariquita, un caracol, una lagartija… Además, las trenzas del cabello parecen apéndices de un pulpo. Toda esta peculiar fauna ¿no guardia relación iconográfica con la lujuria? Efectivamente posada sobre el pezón de Flora hay una hormiga, alusión a Zeus, que se metamorfoseó en este insecto para seducir a Eurimedusa.

En sus cabezas compuestas, Arcimboldo no sólo encontró su propio e inusual camino en el mundo artístico de la segunda mitad del siglo XVI sino que ideó un tipo de pintura indisociable de su nombre. Pero no nos equivoquemos, estas creaciones no eran sólo máscaras grotescas sino también una suerte de lecciones humorísticas de origen erudito.


No puedo dejar de señalar el diseño de los marcos. Arcimboldo elegía marcos coloridos con los que resaltar su obra; como los originales se perdieron, en los años sesenta el historiador Federico Zeri diseñó los actuales utilizando la técnica clásica de las “pietre dure”.

María Vera
 

  • Muy interesante, como siempre. Te agradecemos tus exhaustivas y didácticas explicaciones
    15.02.2014
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arte70x80

He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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