La Opinión de Hermann Tertsch

Esperanza

14.10.2010 | 0 Comentarios
mineros_hermann

Si todo va bien y no hay motivos para dudarlo, antes de que muchos de ustedes se hayan dormido, habrá salido a la superficie el último de los 33 mineros chilenos de la mina San José. Han pasado sepultados bajo tierra, a setecientos terribles metros de profundidad un total de dos meses y siete días.

Casi todos están ya sanos y salvo en el campamento de la Esperanza. Como muy justamente se dió en llamar al campo de operaciones desde donde se perforó el pozo para este salvamento tan maravilloso como inverosímil. La gesta de los mineros chilenos nos han tocado la fibra sensible a toda la humanidad. La gesta de los que ahí abajo en las profundidades y de los de arriba que iniciaron la operación épica de un rescate improbable. Que cautivó de inmediato a toda Chile y a todo el mundo. Hasta convertirse en un fenómeno de solidaridad humana conmovedor e impresionante.

El accidente dejó encerrados y aislados a los 33 mineros a esa profundidad en principio inabarcable. Y despertó en todo el mundo la compasión por la trágica suerte de estos hombres, rapidamente entendida. Porque reune todos los elementos de la peor pesadilla para el ser humano de todas partes y todos los tiempos. Sepultados muy lejos del alcance de la ayuda. Que establecieran contacto con la superficie fue decisivo para su salvación, pero en absoluto la garantizaba. Un terrible suceso similar ajeno de la minería dejó a más de cien tripulantes del submarino ruso Kursk en el fondo del mar del norte tras una interminable agonía. Hace pocos años estos mineros habrían estado condenados al mismo destino. Y hoy están, en estos momentos, celebrando haber vuelto a nacer, arrebatados a la tierra que los había engullido.

La tecnología esa gran aliada del hombre para el bien y para el mal, ha jugado el mejor de sus papeles posibles. Pero detras o encima de todo está la fuerza del hombre por no desfallecer, por luchar con su principal arma de la esperanza contra la adversidad. Ahí están los cinco mineros que han bajado por turnos al infierno a ayudar a subir a los compañeros. La gesta del campo esperanza tiene todos los elementos literarios y cinematográficos para cautivar al mundo. Muchos se preocupan por el circo mediático y el futuro de estos mineros.

Dejemonos de paternalismos. Estos mineros tienen más y mejor futuro que cuando entraron aquel siete de agosto en la mina. Tienen todo el derecho a utilizar como quieran la vida que les ha sido regalada. Alegrémonos por ellos y también por nosotros que en estos casos, pese a todo, sabemos sentir la emoción consciente de ser todos miembros de esta especie trascendente que es la humanidad.

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