La Opinión de Hermann Tertsch

Emergencia

06.09.2011 | 0 Comentarios
Zapatero_ Congreso

Ya estamos todos otra vez aquí. Muchos no se han podido unir a la gran ausencia agosteña. Y razones hay muchas. Desde las angustias del día a día de millones de familias españolas a los sobresaltos financieros que han marcado el mes de agosto.

Precisamente por todo ello, han pasado muchas cosas desde que nos despedimos a finales de julio. Muchas de ellas sólo han agracado nuestras inmensas preocupaciones. Y hoy mismo se ha vuelto a ver, en el precio de nuestra deuda y en las bolsas, que la tormenta financiera no ha acabado. Y que podemos estar ante días o semanas aciagas.

Nuestra situación es de emergencia nacional. No lo decimos los que advertimos durante años que este Gobierno ocultaba la situación a la sociedad española. Lo dicen todos. Hasta el presidente del Gobierno ha tenido que hacer una dura inmersión en el realismo. Que es un medio que le era totalmente ajeno. Lo que ha hecho que el precio a pagar por los españoles sea muchísimo más alto que el de otras sociedades europeas.

Pero han sucedido cosas buenas también. Y que el presidente dejara de engañarnos y engañarse es una de ellas. Fruto de este acontecimiento es el acuerdo para la reforma constitucional entre los dos grandes partidos nacionales. Para anclar en ella un techo al endeudamiento. Era una propuesta del Partido Popular que Zapatero ha tenido que asumir. No por voluntad propia sino por imposición exterior. El caso es que es una medida positiva. Que sin duda tendrán que tomar otros países europeos si queremos que el euro y la Unión sobrevivan a esta crisis.

Si hubiéramos tenido más acuerdos de Estado entre los dos grandes partidos en la pasada legislatura no estaríamos en donde estamos. Ni en nuestra crisis económica, ni en la política, ni en la institucional. Pero a Zapatero, el mismo lo dijo, se lo impedían sus diferencias ideológicas. Después de siete años de apostar por un Frente populismo en contra del PP, Zapatero ha dado también en esto un giro de 180 grados. No es extraño que sus compañeros de viaje no le acompañen. Se resisten todos los que se han beneficiado del enfrentamiento total entre PP y PSOE. Los nacionalistas, los sindicatos y las minorías ultraizquierdistas dentro y fuera del parlamento.

Estamos a poco más de dos meses de las elecciones. Y Zapatero, a la vista del efecto devastador de su política, ya sólo intenta evitar que el país caiga en la quiebra y el desastre antes de despedirse. Esperemos todos que lo consiga. Ahora son Zapatero y Rajoy, el previsible ganador de las elecciones, quienes tienen que lanzar conjuntamente el mensaje de que este país cambiará radicalmente. Sólo así escaparemos a una suerte que para Grecia podría estar ya echada.

Tiempo habrá para pedir responsabilidades por los inmensos daños que se han causado a este país. Por el desastre de las cuentas, las arcas vacías, las facturas impagadas.

España tiene que dar la imagen de país decidido a retornar a una senda de probidad y credibilidad. Serán tiempos duros. Pero los ha habido antes. Y no hay otro remedio porque se lo debemos a nuestros hijos y nietos.

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