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Elixires de mi vida

04.11.2011 | 1 Comentarios
Elixires de mi vida

No le den más vueltas. Es lo que parece: vino es lo que se ve en el frame del reportaje que hemos emitido esta semana en Treinta Minutos “Vino, cerveza y salud”, un exhaustivo repaso alrededor de todas y cada una propiedades beneficiosas para la salud que poseen ambas bebidas.

Vino, néctar de Baco, bálsamo de sobremesas. Es bien sabido el dicho: el vino, una bebida espirituosa que se menciona profusamente en no pocos pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento no puede ser mala; consumida, eso sí, con moderación y, en todo caso, ingerida por población adulta sana. Ahora que la ciencia ha demostrado sus virtudes a través de la denominada “paradoja francesa” (los franceses, a pesar de ser contumaces consumidores de grasas poco saludables, presentan menor índice de enfermedades cardiovasculares, todo gracias a su mayor ingesta regular de tintos), el vino y sus derivados está a un paso de alcanzar el estatus de elixir que nos acerca un poquito más al mito de la eterna juventud.

No digo yo que no sean bien ciertas las propiedades beneficiosas del vino; lo deben ser, ya que doctores tiene la ciencia que las acreditan. Sin embargo, quiero hoy utilizar como excusa el ejemplo del vino para reflexionar en este post sobre la facilidad con que los seres humanos nos lanzamos de cabeza en pos del menor rayo de esperanza que nos prolongue, siquiera, cinco minutos la vida. Dicho de otro modo: nos agarramos a un clavo ardiendo.

Media década atrás causaba furor el té verde: ¡venga, bebe-sin-sed, a consumir té verde por decilitros!; hace un par de años, las bayas de goji del Tibet prometieron dar marcha atrás al reloj biológico: ¡hala, goji grande (a precio de doblón), ande o no ande, hasta en la sopa!; y ahora, iniciada la segunda década del siglo XXI, surge del cuerno de la abundancia el celebérrimo resveratrol, sintetizado a partir de la uva tinta, la nueva panacea del antienvejecimiento celular.

Repito: no me parece mal que la ciencia avance, ni que sentencie, separando  las ovejas de los lobos, los productos alimenticios nocivos y lesivos de los salvíficos y reparadores; pero resulta conmovedor comprobar cómo los mortales inteligentes, esto es, los seres humanos, incorporamos a nuestra dieta con la prisa del relámpago aquellos complementos que un dedo cualquiera (autorizado o no) señala como tabla de salvación.

Desengañémonos. No vamos a vivir por siempre. Esto, nos guste o no, es la evidencia más verdadera que existe sobre la tierra: el cuerpo languidece, las células se deterioran y el orden físico de la lozanía tiende inevitablemente al caos…

Siendo lógico el hecho de que nos preocupe nuestra salud y siendo natural que deseemos conservar nuestros cuerpos en las mejores condiciones posibles, lo que me parece paradójico es conocer por qué esos complementos alimenticios beneficiosos que en este post yo he venido a denominar “elixires de mi vida” se convierten en una especie de muletas, Purgas de Benito, que limpian a posteriori los frecuentes excesos y regulares despistes gastronómicos que cometemos con impunidad en el día a día. Con el estilo de vida que llevamos, comemos mal y bebemos peor. Descuidamos con despreocupación nuestra magnífica dieta mediterránea, no hacemos el ejercicio físico que debiéramos, intoxicamos con azúcares superfluos y conservantes improcedentes nuestras autopistas gástricas y circulatorias hasta convertirlas en un campo de minas lleno de trampas, a veces, desgraciadamente, fatales.

En conclusión: elixires de mi vida, bienvenidos, encantado de conoceros y de recurrir a vosotros como apoyo, como complemento. Dicho esto, podéis quedaros a vivir en esta nuestra humilde morada orgánica el tiempo que queráis, dado que venís en son de paz. Pero, ojo, elixires, no os equivoquéis: sois huéspedes, no hospederos; satélites circundantes, no astro rey.

  • Muchas veces culpamos a nuestro cuerpo, o al cuerpo humano en general, de todos los males que le acechan, pero, ¿es él el realmente culpable de todos esos males?. Si he de ser sincero, creo que somos nosotros, con nuestros miedos y nuestras inseguridades, los que continuamente estamos desajustando esa máquina tan perfectamente diseñada y preparada para nuestra supervivencia que es nuestro cuerpo.
    23.11.2011 alias
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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