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El oxímoron emboscado

08.12.2010 | 0 Comentarios
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Nuestro frame de hoy no es otro que el mismísimo título del reportaje de Treinta Minutos, “Novias robadas”. Como ven, nuestro frame está conformado por dos palabras, trece siniestras letras blancas sobre fondo negro, el triste color del destino de las protagonistas del programa de esta semana. Por si no lo han visto, les resumo el drama que narra el documental: decenas, cientos, tal vez miles de adolescentes y jóvenes chechenas están siendo secuestradas, arrancadas de sus hogares para, horas después, ser obligadas a casarse con urgencia y nocturnidad bajo coacción y amenaza. Hombres poderosos de clanes poderosos, impunes y omnipotentes en su salvajismo ancestral, orgullosos de esta costumbre caucásica (a mí, más que caucásica, me parece cretácica), deciden saltarse el protocolo del cortejo, el ritual del enamoramiento, la cortesía de las presentaciones y las formalidades, y encargar el secuestro de los objetos de su deseo, chicas jóvenes, sanas, hermosas y pobres, que son conminadas a contraer matrimonio forzado con sus verdugos

 

El reportaje –se lo aseguro- es espeluznante; pero, fíjense lo que les digo, lo es no tanto por los dramáticos testimonios de las jóvenes víctimas cuyo destino suele ser la resignación amarga, la amenaza constante, el asesinato o el suicidio, sino por la normalidad con la que los secuestradores y sus familias, las madres y hermanos de los verdugos, explican por qué les parece fenomenal y conveniente practicar este inveterado deporte caucásico. Algunos de los ancianos de los clanes abductores, en su cinismo y su embrutecimiento deliberados, llegan a justificar los secuestros afirmando que quienes se oponen a este hábito, en realidad, lo hacen porque no respetan lo que no es sino una antiquísima tradición chechena y, por lo mismo, no son dignos de ser considerados chechenos auténticos y verdaderos. 

 

Increíble. 

 

Hablan de secuestrar, de sustraer novias como si de manzanas de la huerta del vecino se tratase. He ahí la pertinencia del título del que antes les hablaba: “Novias robadas”. 

 

“Novias robadas”. Observen esas dos palabras con detenimiento y comprobarán que nos hallamos ante un posible oxímoron. Oxímoron: dícese de la figura literaria que refleja una contradicción en los términos, una contradicción que deviene en absurdo. Ejemplos de oxímoron hay muchos; algunos, aunque ridículamente imposibles, muy cotidianos: “aire asfixiante”, “crecimiento negativo”, “armonía discordante”, “naranja mecánica”, “dolor dulce” o “caos controlado”. En mi opinión, “Novias robadas” es también un oxímoron como una casa, una flagrante contradicción entre el término “novia” (palabra que deriva del latín, “nova”; esto es, “nueva”) y el término “robada” (vocablo que deriva del alemán antiguo, “rauben”, y que significa “despojar”, “hurtar”). Literal y etimológicamente, pues, a los ojos de uno de estos secuestradores cavernícolas del Caúcaso (que viven en el cretácico moral pero no se privan de conducir los mejores coches de lujo ni de utilizar los más modernos smartphones) las “novias robadas” serían simplemente “nuevas hurtadas”. 

 

Pero qué rostro más duro. 

 

Como no estamos en el cretácico ni la Edad Media, ni siquiera en el Cáucaso, los conceptos asociados universales que hoy día abarca o debería abarcar la palabra “novia” –o “novio” (tanto me da)- no pueden ser otros que libertad, amor, respeto y, si queremos extendernos, compromiso, fidelidad mutua, cariño, proyecto de vida, etcétera, etcétera. Hablar de novias (o de novios) y de hurtos, asociar a la palabra novia a todo eso de los robos, los secuestros, las coacciones, las amenazas en el compromiso, en el enlace, en la boda, es hablar de un oxímoron repulsivo y anacrónico

 

Este ejemplo extremo, este oxímoron inesperado, me hace reflexionar sobre qué otros ejemplos de contradicciones cotidianas, subconscientes o no, nos rodean a diario sin que levantemos un dedo por denunciar su impostura, por desterrarlas de nuestro vocabulario y de nuestro ideario. Hoy, aquí y por ahora, propongo comenzar por las tres siguientes, a saber: “comida basura”, “drogas seguras” y “armas inteligentes”. Cada uno de estos ejemplos de incongruencia humildemente pienso que es un oxímoron emboscado.

  

Que quede claro que el oxímoron no es siempre condenable, ni mucho menos; sálvense de la quema los ejemplos de oxímoron magníficos y afilados en ingenio que nuestros clásicos literarios emplearon para construir su prosa o su lírica: “vivo cadáver” (Calderón), “soledad sonora” (San Juan de la Cruz), “gentil descortesía” (Luís de Góngora) o “desmayo dichoso” (Fray Luís de León). 

 

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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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