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El haz de ramitas

30.09.2011 | 0 Comentarios
Blog Albelda Shalit

El frame de esta semana corresponde al soldado israelí “Gilad Shalit”, secuestrado por terroristas de Hamás hace ya seis años. “Una familia en cautividad”, reportaje que ha emitido esta semana Treinta Minutos, desvela la desgarradora lucha que está manteniendo la familia de Gilad para salvar su vida.

Noam, el padre, Hadas, la madre, y Joel, el hermano, lo han dejado todo para recuperar a Gilad sano y salvo: desde que hace 5 años esa familia emprendiera una lucha contrarreloj todos han sido permanentemente conscientes de que la única opción de rescatar a Gilad con vida es conseguir que Israel, el mundo entero, no se olviden de él: Gilad, aún reducido a una caricatura de lo que era, aún enfermo y preso a saber en qué oscuro zulo de Gaza, es para el resto de los Shalit como un miembro recién amputado del cuerpo; un miembro cercenado de un cuerpo sangrante, pero vivo, que lo reclama para sí con la esperanza ciega de reintegrarlo a su tronco.


No sé si recuerdan la excelente roadmovie de David Lynch “Una historia verdadera” (“The Straight Story”, 1999) en la cual el anciano protagonista atravesaba Estados Unidos en un destartalado tractor con el fin de reencontrarse con su hermano antes de morir.
En una emotiva y memorable secuencia observamos al entrañable Alvin Straight acampado en mitad noche a un lado del camino frente a un fuego, explicándole a una joven fugitiva mediante una sencilla metáfora el significado del concepto de familia: “cuando mis hijos eran pequeños solía jugar a un juego con ellos; les daba una ramita a cada uno y les decía: rompedla.
Podían hacerlo, era muy fácil. Luego les decía: atad esas ramitas todas juntas y tratad de romperlas. No podían. Entonces les explicaba: esas ramitas juntas son la familia”.

Los Shalit, al igual que cualquier familia que se reconozca a sí misma como tal y que se sienta unida, son como esas ramas que, divididas, son vulnerables y quebradizas, pero juntas en haz se trasmutan en una fuerza misteriosa y creadora, capaz de la maravilla y hasta del milagro.

Esta metáfora de las ramitas y el haz es cierta no porque yo crea en ella, ni tampoco porque la defienda tal o cual líder de opinión, ni porque esté escrita en el frontispicio de nuestra maltrecha civilización occidental; es cierta porque la antropología, la psicología social, la historia y la sociología (además de la etología, lo cual no es poco) nos demuestran con ejemplos prácticos y constantes que el instinto de protección y la querencia por lo próximo, por lo propio, por el vínculo filial de la sangre y de la carne de la carne, son más fuertes que cualquier afinidad meramente ideológica o afectiva entre semejantes.

Siento a quien esta realidad le parezca obsoleta, pero ocurre entonces que es tan obsoleta como los millones de años de carga genética que llevamos encima. Las raíces sanguíneas pesan.
La sabiduría popular española, que es muy noble pero muy bruta, suele resumir esta unión con otra metáfora bastante contundente: “yo, por mi madre o por mi padre, mato”.

Quién sino un hijo por una madre, quién sino un hermano por una hermana, quién sino un padre por un hijo es capaz de dejarlo todo sin cuestionárselo racionalmente, es capaz de abandonarse a sí mismo por el otro, de sacrificarse sin hacer cálculos, sin deliberar, sin estimar riesgos.

Se me objetará que, además del nexo filial, existen manifestaciones poderosísimas de altruismo, basadas en la motivación religiosa, ética, patriótica, política, corporativa o meramente empática. No digo que no; pero lo que sí digo también es que sólo el vínculo filial, el vínculo de clan íntimo unido por la carne y la sangre, (cuando existe amor, cariño y respeto verdaderos), se manifiesta de una forma instintiva y vertiginosa sin ningún filtro o retardo, como un rayo. Este misterio va más allá de la solidaridad, del deber y del afecto: tiene que ver con las entrañas, entendidas éstas en la mejor de sus acepciones: la del amor profundo.
Todos estamos siendo testigos de ello.

Si no, que se lo digan a los cientos de miles de padres y madres que han tenido que volver a acoger a sus hijos en casa (otrora emancipados, ahora en el paro) ante la inclemencia de una crisis económica que no cesa.
Nunca como ahora, la metáfora del haz de ramitas de la que antes les hablaba ha demostrado ser tan cierta.

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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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