La torre del alquimista

El Enigma

09.12.2010 | 3 Comentarios
blog_elenigma
El otro día, un buen amigo me hablaba de su viaje por Praga. A mi memoria surgió mi viaje por tan espléndida ciudad.
 
Hay una vieja leyenda sobre la creación mágica de Praga, una leyenda que protagoniza la bella princesa Libuse. En el año 700, esta princesa soñó que un caballero fuerte y arrogante construiría una puerta a la orilla izquierda de Moldava y, más allá de esa puerta, surgiría una ciudad de cuya fama todos hablarían; una ciudad cuyo esplendor haría palidecer el brillo de las estrellas.
 
Poco después la leyenda se convertiría en realidad, Praga, la ciudad de las cien torres, la ciudad de oro, la ciudad bohemia, una de las tres puntas del triángulo mágico europeo, cuna y hábitat de alquimistas, magos, matemáticos y músicos.
 
Pasear por sus calles es rememorar su historia, dejarse impregnar por su atmósfera y ver entre sus sombras personajes como Mozart, Kafka, Kundera, Goethe, Cagliostro, Casanova etc.etc. Sus hermosas fachadas y sus atractivos monumentos nos hablan de su historia y de su tremenda influencia en la cultura de occidente.
 
Cruce de caminos y lugar de encuentro de culturas y conocimientos. Frontera y enclave de confluencias. Allí se dirimieron no pocas batallas entre distintas influencias que luego se expandirían por Europa.  
 
La ciudad de Praga, en los tiempos del emperador Romano-germánico Rodolfo II de Habsburgo (1576-1612), hijo de Maximiliano II, se convierte en la capital europea de la Nigromancia y sucesora de Toledo en el desarrollo de las llamadas artes ocultas.
 
Rodolfo II, sobrino de Felipe II y educado en la corte del rey español, dará un fuerte auge a dichos estudios y pasará a ser el referente de dicha temática en toda Europa.
 
Dentro del Castillo y más particularmente en la llamada “Callejuela dorada” será el lugar donde acudirán, llegados de todos los principales países europeos, alquimistas, magos y practicantes del mundo de lo oculto.
 
John Dee, Edward Kelley, para algunos padres del manuscrito Voynich, el rabino Lew, que gracias a sus conocimientos sobre la Cábala llegó a animar el famoso Golem, y tantos otros consiguieron hacer de Praga la capital de este tipo de estudios en su época.
 
Personaje paradigmático, el alquimista, mago, astrólogo John Dee es una mezcla de investigador y charlatán que hace serios aportes a la matemática, astronomía (concibió la idea del meridiano básico, el meridiano de Greenwich) y náutica. Algunos le colocan como predecesor de algunos de los temas que posteriormente desarrollarían personas de la talla de Isac Newton.
 
Se dice de Dee que fue espía de la reina Inglesa Isabel I y que firmaba sus comunicaciones con el pseudónimo de 007. Se hizo acompañar de un alquimista inglés, Edward Kelley. Entre las proezas de Dee se cuenta que presentó al monarca Rodolfo II un escarabajo mecánico volador. También se ocupó de temas como el espiritismo y afirmaba que podía comunicarse con ángeles. Por medio de una piedra negra, que le habría dado el angel Uriel, decía que tenía el dón de la profecía(el “espejo mágico” que era un espejo de color negro, construido con antracita. Ese espejo se encuentra intacto en el British Museum).
 
John Dee dedicó gran parte a colecionar manuscritos raros y antiguos. Se cuenta que el Duque de Northcumbeerland le regaló un manuscrito, extraído de la abadía de Essex y atribuida su copia del original a Roger Bacon (1214/1294), era el manuscrito Voynich. Escrito en forma cifrada Dee trató de descifrarlo pero solo pudo averiguar que en la primera parte decía que trataba de “los secretos de los mundos olvidados y subyacentes”.
 
John Dee regaló el famoso manuscrito a Rodolfo II. Otros dicen que en realidad se lo vendió por una cifra astronómica para la época y que en definitiva no era otra cosa que una maravillosa falsificación del alquimista.
 
 El peregrinar del papiro es legendario. Años más tarde de la muerte de Dee el rector de la universidad de Praga lo hace llegar al famoso criptólogo jesuita Atanasio Kircher, que fracasa en el intento de desvelar sus secretos. Su rastro desaparece hasta que en 1914 aparece en manos de los jesuitas del pueblo italiano de Frascatti. Allí lo adquiere el editorialista Voynich, del que toma el nombre, que lo lleva a Estados unidos y lo pone en manos de un tal Cyrus Roidingercht que dice que descubre que en el texto se habla de una civilización desaparecida que dominaban la fuerza de la gravedad. Finalmente llega a manos de un tal H.P.Kraus que lo dona a la universidad de Yale, donde se encuentra actualmente.
 
La fascinación de este manuscrito es tal, que se ha creado un proyecto internacional llamado EVMTP (European Voynich Manuscript Traduction Proyect) que engloba expertos en diferentes materias como lingüistas, informáticos, filósofos, esoterístas, etc. con el fin último de descifrarlo.
 
Desde mi Torre del alquimista, experimento una sensación cercana a la camaradería, acompañada de una sonrisa cómplice.
 
Un saludo querido lector.

 

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Antonio Elegido González-Quevedo, el "profesor" del programa "Cifras y Letras". Lector infatigable de los clásicos. Viajero. Humanista. Amigo del Quijote.

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