La Opinión de Hermann Tertsch

El discurso

08.12.2010 | 0 Comentarios
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Este martes se recordará por un gran discurso sobre literatura, la política y la vida. Por un discurso en Estocolmo que ha sido un discurso en español. Por fin nuestra lengua volvía a tener un premio nobel de literatura.

Los habrá habido tan merecidos pero no más que éste de Mario Vargas Llosa. El Nobel el nos lo había pagado a todos ya durante décadas con sus novelas y escritos. Pero el discurso de ayer es un regalo añadido, lleno de amor a la literatura, a la familia y al mundo. Y con un lugar muy destacado para su amor y gratitud a España. Ha sido un auténtico placer escuchar la lectura de su agradecimiento por este premio.

En Estocolmo, escenario tantas veces de discursos tibios llenos de relativismo, han vibrado las palabras españolas de Vargas Llosa. Que ha evocado su niñez, ha homenajeado a nuestra literatura a ambos lados del atlántico. Y ha hecho un canto a la verdad y a la libertad, los dos pilares de la dignidad. Y vargas Llosa no podía olvidar a las víctimas de la represión, la miseria y las dictaduras.

Ha mostrado su desprecio hacia las dictaduras de Cuba y Venezuela y sus pequeños lacayos, payasos los llamó, de Bolivia y Niicaragua. Y ha recordado que las condena como lo hizo siempre qcon todas las dictaduras de cualquier signo, como hizo con el Chile de Pinochet, la de los talibanes e imanes en Afganistán e Iran o la del apartheid en Suráfrica. Ha proclamado su amor incondicional como su segunda patria, a la que quiere como a la primera, Peru. Y lo ha hecho con un mensaje inequívoco. Ha alabado la Barcelona de los años de la transición, metrópolis de la cultura y el pensamiento libre. Para a renglón seguido atacar a los nacionalismos como "una plaga incurable del mundo moderno". Y ha hecho un canto a la transición española que ha calificado como "una de las mejores historias de los tiempos modernos".

Lo que les decía, Vargas Llosa, ese espíritu libre y recto, ha hablado de lo que ama y de lo que desprecia. Y no se ha olvidado de nuestra transición, de la grandeza y generosidad de las que fue capaz la nación española. Esa transición que tantos ponen hoy en duda desde el revanchismo y el sectarismo. Y esa reconciliación que algunos insisten en dinamitar abriendo heridas del pasado, incitando al odio ya desde las escuelas. Azuzando a unos españoles contra otros. Y queriendo dividirnos entre buenos y malos, según la proximidad a su ideología. Frente a este encanallamiento nuevo con ideas viejas, Vargas Llosa ha hablado de la libertad y la dignidad. En estos momentos de zozobra en que nos hallamos los españoles el discurso de nuestro Premio Nobel en Estocolmo, es un fresco manantial de verdad indómita.

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