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El decorado perpetuo

27.04.2011 | 2 Comentarios
30 Minutos Los Trucos del Cine

Una cabeza grotesca, un maquillaje pavoroso, truculento y retorcido, conforma el frame de esta semana. No se asusten, es sólo una máscara. La imagen del monstruo que en el frame aparece pertenece al reportaje "Los trucos del cine", un programa dedicado íntegramente a los efectos especiales cinematográficos, un territorio en el que, por cierto, un considerable número de profesionales españoles comienza a destacar internacionalmente por su impecable factura y buen hacer.

Decir que toda la vida es cine y que el cine, cine es, no supone novedad alguna. A pesar de ello, me permito parafrasear a Calderón de la Barca y a Luis Eduardo Aute porque considero que las cosas en nuestra sociedad en crisis del siglo XXI han llegado a un extremo tal, que lo que antes parecía metáfora, al final ha derivado en literalidad.

Porque, ¿qué es el cine sino la fabricación de universos imposibles, construcción de realidades alternativas, ficticias -peores o mejores que la nuestra-, elevación interminable de mundos, decorados y tramoyas, exaltación del énfasis, del éxtasis, ebullición de promesas y de sueños? De Dreyer a Tarantino, de Dziga Vertov a Godard, de Lumiere a James Cameron o Isabel Coixet, el cine es eso. Y lo es gracias a los efectos especiales, que, para mí, todo lo abarcan: efectos especiales, sueños encarnados gracias a la técnica de los profesionales de cada área, son la iluminación, la pirotecnia, el montaje, la fotografía, el empleo o no del 3D, la infografía y la postproducción digital, la vieja truca multiplano, los painting, las grúas, los steadys, las escuelas de interpretación, las triquiñuelas del guión, los argumentos, los decorados, el vestuario, la utilería y hasta el fallido "odorama"... Por tanto, visto el cine así, desde mi perspectiva, (la cual, por ser mía, subjetiva, no ha de ser única y, menos aún, correcta), la intervención humana del creador, esto es, del cineasta, por eximia que sea, por deliberadamente inexistente y minimalista, por intencionadamente naturalista que se declare, implica la edificación de un ensueño: un universo alternativo al de la vida real.

Bien, pero ¿y la vida? He dicho antes que toda la vida es cine. ¿Sucede, entonces, lo mismo en el cine en que la vida?

Me temo que sí; al menos, en la vida que nos ha tocado vivir en esta nuestra moderna sociedad de espejos y cavernas, en este particularísimo mundo feliz donde realidad y ficción, ética y estética, se confunden y se aliñan al gusto para conformar una ensalada mixta de considerables proporciones que consumimos con delectación.

Lo que quiero decir es que en este nuestro queridísimo siglo XXI, somos todo menos nosotros mismos; y lo somos menos de lo que nunca pudimos imaginar; somos sombras, caretas, reflejos, como en el cine: envolvemos nuestra identidad, nuestra esencia humana, cultural, lingüística y antropológica en decorados de cartón piedra, en oropeles y disfraces, nos embebemos en millones de imágenes y sonidos virtuales FULL HD, en hologramas tridimensionales que nos desvían de cualquier propósito a largo plazo, de cualquier buena intención, de cualquier esencia o reflexión, de una mínima autenticidad.

Al fin y al cabo, como hemos devenido en números, como tales nos sentimos, y como tales nos comportamos e interactuamos.

Nos falla la conexión ADSL (la mayor "catástrofe" imaginable, que puede provocar, no lo duden, el peor día de nuestra vida) y, cuando reclamamos a la compañía telefónica, no somos clientes, sino números de incidencia. Es un ejemplo tonto pero creo que define perfectamente en qué nos hemos convertido, lo que somos. Somos expedientes, pues, dígitos, ceros y unos, flujo electrónico, plasma: en el banco, en la Seguridad Social, en los aeropuertos, en las carreteras, en los parques y hasta en la ópera… Entramos en un supermercado y todas y cada una de nuestras reacciones son estudiadas por mil cámaras que diseccionan nuestros gestos y decisiones y que nos convierten en interesantes patrones de consumo. Números. Otro ejemplo tonto: internet, las redes sociales: parece que si no nos convertimos voluntariamente en números, si no digitalizamos nuestra opinión, nuestro criterio, si no contabilizamos seguidores, si no agregamos amigos por miles, si no exponemos nuestra vida como una ofrenda digital y blasfema, no somos más, no somos mejores, pareciera que somos menos, peores; pareciera que, si no nos hacemos digitales, no entraremos en el paraíso de las cifras integradas e iremos derechitos al infierno analógico, nos condenaremos por antiguos, por extraños, por salvajes y primitivos, por analfabetos cibernéticos. Números.

Y así con todo.

No estoy haciendo una apología nostálgica y romántica del pasado pre-digital, ni una invocación a la insurrección analógica, como en "Matrix", como en "Tron", como en "Origen".

No. No podemos volver atrás: esta verdad es cierta. Sólo deseo formular en voz alta la pregunta crucial: "¿quiénes somos?". Porque creo que, sinceramente, ninguno de nosotros, españoles, europeos, pobres actores digitalmente desorientados por un torbellino de efectos especiales de plasma y polyester, lo sabemos ya a ciencia cierta.

Como decía Larra hace 174 años, pareciera que en esta España nuestra, en esta nuestra Europa, todo es máscara, todo el año es carnaval… Pareciera que todo es un inmenso, descomunal, perpetuo decorado de película, como en una superproducción del Hollywood dorado. En 1833, cuando Larra escribió su artículo en El pobrecito hablador, un periodista como Fígaro no tenía aún a mano la metáfora del cine; por ello recurrió Larra al símil del carnaval, de las máscaras, del teatro, para explicar la farsa de la vida inauténtica, de las apariencias dolosas, de las quimeras deliberadas. En definitiva, cine o carnaval, apariencias o sueños, efectos especiales, dígitos, virtualidades, replicas, decorados, todo es lo mismo.

¿Será entonces que nada ha cambiado en dos últimos siglos?

 

 

  • hola nesesito ayuda urgente pero no me trevo a escribirlo por aki podrias escribirme al email para explicarte bien mi situacion a ver si tiene remedio?
    29.04.2014
  • Eso parece, eso parece...
    17.05.2011 alias
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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