Abre los ojos

El caballero de la estrella

18.12.2014 | 0 Comentarios
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Huyendo del bullicio navideño de la plaza Mayor, me pierdo por los alrededores y llego a la tranquila calle del Codo donde todavía respiramos la auténtica esencia del Madrid de los Austrias. La travesía debe su fama a Francisco de Quevedo que, al parecer, pasaba por ella camino a casa después de sus noches de farra.

Todavía ahora parece que, al doblar la esquina, nos van a asaltar unos espadachines batiéndose en duelo. Avanzo un poco y en la placita del conde de Miranda encuentro el monasterio del Corpus Christi. En él las monjas guardan una preciosa sorpresa navideña: un belén barroco quiteño del siglo XVII.

Toda la manzana la ocupa su convento conocido como de las Carboneras. ¿Sabéis a qué debe su nombre? Según la tradición su lienzo de la Inmaculada Concepción fue hallado en 1665 por un niño en una carbonería. Durante un tiempo él y sus amigos jugaban a su alrededor hasta que lo descubrió un religioso que decidió dornarlo al convento más cercano: el de las jerónimas descalzas.

La iglesia tiene una fachada muy sobria: un zócalo de granito y, encima, un muro de ladrillo. Ni cruz, ni campanario avisa de la presencia de un edificio religioso que podría pasar inadvertido si no fuera por la puerta barroca rematada por un medallón con un relieve que representa a “San Jerónimo y santa Paula adorando la Eucarístía”. Se accede a su interior por un lateral, a la derecha nos encontramos el altar mayor y a la izquierda las rejas del coro donde no es raro ver a alguna monja rezando. Y aquí, dentro de la clausura, en una estancia pequeña, de techos bajos llenos de travesaños de madera, se aloja su famoso belén.

No se sabe mucho de su historia, ni de cómo llegó al monasterio. Está desde su fundación en 1605 y, lo más probable, es que viniera formando parte de la dote de alguna de las monjas de origen sevillano. Se sabe que es de origen ecuatoriano y que fue modelado a finales del siglo XVI o principios del XVII, teniendo reminiscencias de la escuela andaluza.

La cartela de la reja nos explica que está hecho de madera policromada y estofada con la técnica del pulimento. Una de sus principales características es el movimiento que transmiten las figuras, mirad las manos de san José y la Virgen. La teatralidad barroca aumenta con el imponente edificio de la tela del fondo que han colocado este año, porque cada navidad la ambientación es diferente.

Es un conjunto con pocas figuras donde se representan el nacimiento y la llegada de los Magos. Los distintos grupos tienen tamaños diferentes creándose una clara desproporción porque las figuras importantes son más grandes que las secundarias. En el centro está la Virgen con la corona ladeada, un vestido lleno de pliegues y, sobre los hombros, una capa azul y dorada. Junto a ella san José también ricamente ataviado. El Niño está recostado sobre blancos almohadones pero transmite vida con su ligero escorzo. A sus lados el buey y la mula, que a pesar de su escasa envergadura, parecen protegerle.


Para dividir las escenas y crear algo de profundidad se han utilizado distintas peanas. Una, a la derecha, con dos de los Reyes Magos y en la de arriba el tercero. A la izquierda hay dos personajes propios de los belenes monacales o místicos: “El heraldo” personaje altanero sobre un caballo algo pequeño y con aires velazqueños, que con su trompeta anuncia la llegada del Mesías y “El caballero de la Estrella” que guía a los magos. Son las figuras más originales y menos vistas porque  desaparecen con la llegada de los Borbones y no suelen estar en los belenes modernos.

Para completar lo que casi podría ser un bodegón hay también : dos granadas, símbolos de la Eucaristía y de la Resurrección, y tres flores blancas, camelias o rosas, que representan la virginidad y la pureza consagrada de las moradoras del monasterio.

No os marchéis sin ver el resto de la iglesia que, a diferencia de otras de Madrid, suele estar casi siempre abierta sin perder por ello el encanto de su silencio. El belén estará hasta después de Reyes y lo podéis visitar entre las 9 y las 13:30 y por las tardes entre las 16:30 y las 19:30.

Y si sois golosos llamad al timbre de la gran puerta que hay un poco más arriba. Una vez dentro y después de atravesar un zaguán, antigua caballeriza, y dos patios está el torno donde la amable voz de la monja os venderá naranjines, mantecados, nevaditos o pastas, que os trasladarán también a otras épocas y a otros sabores.

María Vera

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He sido siempre una apasionada del mundo del arte, me recuerdo adolescente comprándome en el kiosko unos coleccionables sobre museos del mundo que todavía conservo en casa. Cuando me licencié en la facultad me dediqué al arte moderno,  centrándome en Dalí, protagonista de mi tesis y de alguna de mis publicaciones. Ahora, en este blog, me apetece compartir con vosotros mis visitas a  las más interesantes exposiciones de Madrid, a sus museos y sus galerías, y teneros al tanto de la actualidad artística. ¿Os animáis a patear la ciudad conmigo?

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