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El Arca Española

11.07.2011 | 0 Comentarios
El arca española
¿Conocen “El Arca rusa” (Rusia, 2002), la ambiciosa película del cineasta Alexander Sokurov, discípulo intelectual y espiritual del inigualable Andrei Tarkovsky? Les pongo en antecedentes:  Sokurov, durante 96 minutos rodados en un único y milagroso plano secuencia, logró en “El arca rusa” recorrer trescientos años de la historia de Rusia. Ahí es nada. Para ello, filmó en la mejor localización posible: el Hermitage. Un solo equipo de cámara recorrió de un tirón y sin corte alguno las 33 grandes habitaciones del museo, mientras una fastuosa coreografía de 2000 actores y figurantes representaba diversas escenas de la historia eslava. La intención de Sokurov fue, pues, convertir un museo entero en arca, en inmenso contenedor, para resumir en esencia guerras, imperios, gestas espirituales, y avatares culturales de la Madre Rusia.  
 
Observando el frame de esta semana, el trasatlántico Ruby Princess, localización en que se ha grabado el reportaje de Treinta Minutos “Lujo a bordo”, he dejado volar la imaginación y me he planteado una hipótesis, que paso a exponerles a ustedes a continuación: supongamos que, como en el “Arca Rusa”, se nos pidiera a los españoles que empaquetáramos nuestros más preciados tesoros culturales, nuestro más valioso legado espiritual, algo así como el destilado más puro de la síntesis de nuestra historia, y que lo embarcáramos todo en un gigantesco trasatlántico –un barco enorme, como el de la foto- para salvarlo de un temible cataclismo. 
¿Qué incluiríamos los españoles en ese Arca?
 
Lo primero que se me ocurre es preguntarme si sería posible que los españoles, puestos a escoger, nos pusiéramos de acuerdo en algo. 
“Las meninas” de Velázquez, claro,  tendrían que estar, en eso sí habría consenso; y “El Quijote”, desde luego; y la receta de la tortilla de patatas, faltaría más. Hasta aquí vamos bien.                              
 
Pero, ¿y más allá? ¿Hasta dónde sería posible continuar con el inventario de tesoros destinados al arca, sin llegar a las manos? Hace unos días escuchaba al célebre escritor Amos Oz, Premio Príncipe de Asturias,  lamentarse de que en Israel existan tantas opiniones sobre cada problema como israelíes hay. Lógico. Yo creo que aquí, en España, pasa un poco lo mismo: cada español tiene su particular recetario casi para cualquier cosa; solo que aquí somos casi 50 millones de mentes pensantes. Y 50 millones de mentes, puestas a opinar, son muchas mentes para ponerse a consensuar sobre si los campos de Machado, los murales de Tapies, las semifusas de El Amor Brujo o las las croquetas deconstruidas de Adriá deben o no salvarse del Diluvio Universal.
 
Por no hablar de nuestra Historia, que es una verdadera Babel de datos, enfoques e interpretaciones.
 
Es curioso: España, Hispania, con sus dos mil y pico años de existencia, daría lugar, no ya para cientos, miles de adaptaciones cinematográficas, sino para varios géneros fílmicos en sí mismos. Fíjense ustedes, si no, en los norteamericanos: hicieron de la conquista del Oeste un género entero, bien poquita cosa en términos históricos si lo comparamos con media docena de nuestros episodios nacionales, que son un guión en sí, con adaptación incluida para la gran pantalla. 
De verdad que no sabemos los españoles la riqueza que tenemos; a veces me da la sensación de que no nos la merecemos.
 
En fin, qué le vamos a hacer. Sin embargo, como no quiero polemizar, me voy a permitir ofrecer, como  español que soy, mi particular lista de sugerencias para incluir en el Arca. Ustedes, queridos lectores, si lo desean, pueden ofrecer las suyas. 
 
Yo, si me dejaran, embarcaría el Museo del Prado entero, a saco, sin olvidarme nada. Y subiría al arca también nuestro recetario gastronómico, completito, de la fabada a la espuma de erizo de mar, sin olvidar una sola provincia. ¿Y los clásicos de nuestra Biblioteca Nacional? ¡Todos los incluiría, sin faltar uno, que suban a bordo! ¿Y las catedrales, Santiago, Burgos, Cuenca, Toledo…? Que sí, que sí, que caben todas, todas arriba. Y, con ellas, las capitales de provincias, que son joyas preciosas; las ciudades pequeñas y medianas, los pueblos y las pedanías, los concejos… Y los grandes Parques Nacionales, y los Montes de Galicia y Sierra Nevada, y la estepa castellana, y los Picos de Europa y el Guadalquivir; y la huerta de Murcia, y el Turia, y la Pedriza, y el Manzanares… 
 
¡Que no se olviden el aceite, de oliva virgen, y los vinos todos, y los cantes, jondos o de zarzuela, y la garganta de Plácido o de Monserrat, y las guitarras y las palmas; y el echarse al mundo a desfacer entuertos, porque sí, y los molinos de viento, y hasta el Yelmo de Mambrino! Y, si alguien lo encuentra, por lo que más quiera, que lo devuelva, porque no podemos dejar de embarcar nuestro Códice Calixtino…
 
Podría seguir, pero me parece que continuar con estas enumeraciones infinitas, tratándose de España, un país cuya riqueza insondable nunca acaba, no tiene demasiado sentido. 
 
Así que, para no cansarles más, como no toda la España nuestra cabe en este post pero sí en el Arca, en mi imaginaria arca, les propongo izar a España entera, con mucho cuidado y gran esfuerzo, por la pasarela de carga, y embarcar en el transatlántico todo el contenido, sin dejar una sola gota de oro, antes de que suba la marea…
Porque, si hay cosas que salvar, mejor que las salvemos todas. 
 
Porque España, continente y contenido, en sí misma es Arca y mar, océano y mundo.
 
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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