La Opinión de Hermann Tertsch

Derechos humanos

20.01.2011 | 0 Comentarios
Derechos Humanos Blog
En Washington se ha celebrado esta mañana un encuentro que escenifica un profundo cambio en las relaciones mundiales. El presidente Barack Obama ha recibido a Hu Jintao, el presidente de una emeergente China que ya reclama el estatus de superpotencia. Y que pone así fin a ese mundo unipolar con Estados Unidos como única superpotencia, que había surgido hace casi un cuarto de siglo con la definitiva decadencia de la Unión Soviética. El presidente chino acude a Washington como líder de una megapotencia económica cuyo poder se extiende ya por todo el mundo, Estados Unidos y sus finanzas incluidos. Pero la prepotencia china, cada vez más expuesta, y su inmensa solvencia no debería hacer olvidar que también es un gigante con pies de barro. Y en absoluto invulnerable a los cataclismos que puedan sacudir al mundo en las finanzas y el comercio. Con un claro tendón de Aquiles que es su carácter dictatorial. Y el hecho de que su poder político sobre 1300 millones de chinos se base en la represión, el miedo, el oscurantismo y la mentira.
 
El régimen chino lo sabe y por eso reacciona con nerviosismo al flujo libre de información. O los reconocimientos del mundo exterior a quienes en su país reclaman derechos, verdad y libertad. Por ello, en la pugna que ya está en marcha por la hegemonía mundial, la principal arma, la inmensa plusvalía de Occidente son la verdad y los derechos humanos. Las nuevas clases medias chinas no serán indiferentes a la libertad y los derechos. Muchos se temían que Obama con tantas cuestiones políticas y económicas que negociar con Hu Jintao, no se atreviera a asumir el debate moral. Lo ha hecho. Le ha recibido recordando que "las sociedades son más armoniosas y exitosas cuando se respetan los derechos y responsabilidades de todos los pueblos y naciones". "Incluidos", dijo, "los derechos universales de todos los seres humanos".
 
Obama está sometido a fuertes presiones para ser aun más claro antes de que concluya la visita. Los chinos deben saber que sus derechos preocupan en el exterior. Y no sólo por las ventajas que supone la semiesclavitud de su población para la expansión mundial del gigante comunista. Salvo Angela Merkel, los líderes occidentales siguen callando por miedo a irritar al coloso.
 
En el caso de nuestro Gobierno de forma vergonzosa sin recordar siquiera al Nobel de la Paz durante la reciente visita del vicepresidente chino a Madrid. Pero da igual que Zapatero calle sobre los derechos humanos en el gigante chino, cuando no los defiende ni ante la diminuta satrapía cubana. Con Obama no. Las buenas relaciones entre China y Washington son vitales para el mundo. Pero desde la defensa de la libertad. Basarlas en la mentira y el silencio sería regalar la victoria a la dictadura de Pekín.
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