Nos queda la música

Crónica del Primavera Sound 2

02.06.2011 | 0 Comentarios
Blog Nosqueda Primavera Sound 2

Ayer ya os contamos todo lo acontecido en el Primavera Sound de este año durante el jueves y el viernes. Y ahí nos quedamos. Porque la cosa dio mucho de sí y no queríamos agobiaros con tantas explicaciones. Así que si necesitáis poneros en antecedentes, acudid al "post" de ayer en este mismo blog y continuamos justo donde lo habíamos dejado.

Tras las decepciones del día anterior, el sábado 28 fue jornada de reconciliación. Para acabar con buen sabor de boca y ganas de repetir el año próximo. Y todo gracias a la menor afluencia de público (¿tuvo algo que ver la gran final de la Champions?) y a un póker de ases difícilmente igualable: Fleet Foxes, PJ Harvey, Einstürzende Neubauten y los Swans.

Antes, en el Auditori, Perfume Genius sonó a suplente de Antony y/o Owen Pallett. Y John Cale con banda y orquesta (la local BCN 216) acertó en (casi) todo lo tocante a Paris 1919 y en (casi) nada del resto: entre temas de AOR, el material nuevo sonó a electrónica de tercera. Pero luego… ¡Ay luego! Como aperitivo llegaron las armonías celestiales de Fleet Foxes. Subieron a escena con sobriedad sus dos discos, cargados de canciones mayúsculas que nos transportan al folk de los últimos 60 y primeros 70 y que nos recuerdan tanto –qué lujo- a unos tales Simon & Garfunkel. Vale, y a la Incredible String Band.

Seguimos en el cielo con una PJ Harvey que ejerció de Ángel Exterminador. Y no por ese vestido blanco nuclear que parecía casi una mortaja (ahí está la foto). Simplemente porque era imposible marcharse de su concierto: ¡Una vez más! ¡Venga, ésta es la última y me bajo un rato a ver a Matthew Dear! Imposible. No solo interpretó con maestría y magnetismo su último disco armada casi únicamente con un autoharp –esa pseudo cítara que tanto se utiliza en el country- sino que reinventó una cuidada selección de temas antiguos con voz única. En compañía, ahí es nada, de John Parish, Mick Harvey y el batería Jean Marc Butty.

Y el escándalo llegó con Einstürzende Neubauten. Escándalo cada vez menos industrial y cada vez más lírico, con todos los peros que quieran. El imposible equilibrio entre ambos mundos es lo que mejor les funciona y lo que más gusta. No fue tan mágico como aquel concierto del FIB pero faltó poco. Para rematar estas hostilidades estaban los Swans de Michael Gira. Movimientos circulares con un portentoso control de la tensión, el volumen, el crescendo y el ruido. Más cerca de los Swans brutales de los primeros 80 que de los misteriosos paisajes de los 90.

¿Y Animal Collective? Pues no, no están en nuestro póker ganador. Digámoslo claro: las veces anteriores nos hipnotizaron con conciertos tan diferentes que parecían de bandas distintas. El año pasado lo de Panda Bear nos dejó indiferentes. Esta vez íbamos curiosos y expectantes. Y lamentamos tener que decir que la actuación fue un bajonazo constante. Las canciones nunca arrancaban, perdiendo fuelle casi antes de empezar. En observación...

Unas menciones especiales para el rock grasientillo de los Black Angels, el pop bailable de Holy Ghost! (tontería simpática y bien divertida), y dos espectáculos que no por ya vistos no debemos recomendar: el de Jon Spencer Blues Explosion y el de Dean Wareham revisitando el cancionero de Galaxie 500 (¿de verdad no era mejor el Auditorio?)

Toca añadir la coda del Poble Espanyol. No pudimos entrar el miércoles pero sí el domingo. A contemplar cómo Mercury Rev estuvieron a punto de cargarse el hermoso legado de sus Deserter's Songs... y a recordar aquella época en que el festival transcurría en esas instalaciones y aún no había adquirido las monstruosas dimensiones que ha ido tomando con el tiempo.

Lo cual nos lleva a comentar varios asuntos organizativos: aumentar el número de entradas vendidas sin aumentar en esa misma proporción las infraestructuras no es de recibo. Y encima, el intento fallido de pagar las bebidas con la tarjetita ha propiciado graves problemas y, finalmente, la vuelta al euro: al final, la cosa así mucho mejor: ni tarjetita prepago ni tickets; para pagar, dinero contante y sonante ¡bien!

Las distancias entre escenarios y su número han vuelto a crecer. Si a esto unimos la masificación de festival, que ralentiza considerablemente el desplazamiento de un escenario a otro, se hace prácticamente imposible ese picoteo de concierto a concierto -tan del Primavera- que ayudaba a satisfacer curiosidades, a no perder el tiempo en un concierto que no gustaba y a aumentar bagaje sónico descubriendo cositas. Ahora hay que tomarse el festival de otra manera: no queda otra.

Las quejas de los vecinos cercanos al Fórum por el ruido, además, añaden otros dos problemas de imposible solución:

1) Se baja el volumen, lo cual provoca que los que están situados lejos de los escenarios –y a veces atrapados sin salida posible entre la masa- no solo no ven sino que encima no oyen. Acaban perdiendo el interés y... hablan... hablan... hablan...

2) Hay que acabar antes –a las 5:30, según parece- y se descuida la programación de DJ’s y electrónica de las últimas horas. A veces ha dado la sensación de que se quería echar al respetable cuanto antes.

En definitiva, que por cosas como éstas el festival acaba no respetando al cliente y el cliente acaba no respetando la música. Y la música ha sido siempre y debe seguir siendo el gran capital de este festival. Así que, ¡cuidado! Queremos Primavera Sound para muchos años.

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José Luis Casado presenta los programas musicales de LaOtra "Nos queda la Música" y "Central de Sonidos"

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