La Opinión de Hermann Tertsch

Confianza rota

10.11.2011 | 0 Comentarios
Silvio Berlusconi

El presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, tuvo que emitir hace unas horas una nota oficial para reafirmar la dimisión de Berlusconi en los próximos días. Se vio obligado a ello porque la falta de confianza en esta dimisión había generado pánico general en los mercados. Y en pocas horas disparo la prima de riesgo de la deuda italiana a 570 puntos. Y el interés del bono a diez años a mas del 7%. Superaba así todas las líneas rojas al tiempo que hundía las bolsas. Y se sitúa en plena zona de rescate. Todo ello debido a pura desconfianza. Es tan nulo el crédito de la palabra de Berlusconi que no se le ha creído su anunciada dimisión. Probablemente hemos tocado fondo con este caso en la caída de la credibilidad de un político.

Estamos aquí ante la quiebra absoluta y radical de la relación de confianza que ha de existir entre gobernantes y gobernados. Es duro decirlo pero la palabra del presidente del Gobierno de Italia valía este martes menos que la del peor rufián. Es profundamente alarmante. Especialmente ahora cuando es evidente que la Unión Europea se halla en la peor crisis de la historia. Y los políticos habrán de liderar una durísima senda de recuperación en algunos países meridionales. Que son los que sufren la peor desafección hacia la clase política por parte de sus respectivas sociedades.

Sócrates, Zapatero, Papandreu y Berlusconi se van. Pero han dejado atrás una quiebra de confianza profundísima. Eso en los momentos en que más necesario es un liderazgo con credibilidad. Sin una regeneración profunda de la política de nada servirán parches financieros en nuestras sociedades meridionales. Por eso los nuevos gobernantes han de dar una señal inequívoca de que entramos en una nueva era. Con una nueva calidad en la política. Y un nuevo nivel de exigencias. Entre las que destaca la lucha contra la corrupción. Todos, repito, todos los implicados en la corrupción han de pagar por ello. Es una máxima exigencia de este nuevo tiempo. Los partidos y gobernantes han de saber que, por la propia subsistencia de la democracia, han de acabarse los cambalaches. Hasta ahora tan habituales entre grandes partidos.

Quienes intenten seguir como hasta ahora, están atentando contra las instituciones y la democracia. No todos los políticos son iguales. Por eso es el deber del momento acabar conlas conductas que alimentan la percepción de una clase política dispuesta a la solidaridad corporativa frente a la sociedad. Es ese el imperativo fundamental de estos drmaáticos momentos.

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