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Ciudadano Jackson

27.05.2011 | 1 Comentarios
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Pocas aclaraciones necesita el frame de hoy: corresponde al malogrado Rey del Pop, protagonista del último Treinta Minutos, “Michael Jackson: la cara oculta de Hollywood”, un descenso a los infiernos de Berberly Hills en busca de respuestas para explicar los porqués del declive y muerte del intérprete de “Billie Jean” o “Bad”.
A punto de cumplirse dos años de su muerte, Jackson continúa siendo un misterio. Es un enigma no sólo la causa concreta de su fallecimiento, su lamentable eclipse artístico y humano, sino todo el conjunto de su vida. Para mí, de hecho, la existencia de ese extraño ser al que el mundo conoció como Michael Jackson representa un jeroglífico no menor que el Charles Foster Kane y su Rosebud.
Cuando Orson Welles concibió su “Ciudadano Kane” revolucionó el concepto de puesta en escena, de narración, aglutinando, en una sola película, técnicas dispersas en la obra de otros genios del Séptimo Arte; pero, sobre todo, elevó a la categoría de thriller épico con un profundo trasfondo surrealista algo tan escurridizo como la biografía del magnate del periodismo William Randolph Hearst. Welles supo ver las posibilidades que ofrecía la vida de un personaje excesivo como Hearst, inasible, excéntrico y, hasta cierto punto, invulnerable.
Welles elevó su castillo kafkiano a partir de una clave de bóveda perfecta, un “macguffin” magnético y desasosegante que mantendría la atención del espectador durante las dos horas de proyección de la cinta: Rosebud. Rosebud es un artefacto simbólico que resumía en una única palabra las causas y los fines, los porqués y los cómos que impulsaron al magnate a convertirse en quien fue.
Me pregunto desde cuando intuyó Welles que la vida de Hearst podía dar tanto de sí como para construir una obra magna, una pesadilla lúcida sobre el sueño americano encarnado en un hombre de carne y hueso, después devenido en mito.
Creo sinceramente que, más allá de lo que acaben dictaminando los jueces acerca de la muerte del Rey del Pop y más allá de los datos que añadan los previsibles biógrafos sobrevenidos que han aparecido y aparecerán, Michael Jackson es un personaje cuya vida tiene muchísimas posibilidades narrativas en la gran pantalla; tantas como para que un nuevo genio del Séptimo Arte, un visionario moderno como en su día lo fue Welles, emprenda un gran proyecto que suponga una nueva vuelta de tuerca al género biográfico, una película que radiografíe el signo de los tiempos, la transición entre dos siglos, la decadencia de la música contemporánea popular. No hablo, por tanto, de un panegírico grandilocuente y autocomplaciente; y, desde luego, menos aún invoco un burdo recorrido cronológico por los hitos de la biografía de Jackson (ejemplos fallidos de este método de trabajo los tenemos por decenas: “Malcom X”, “Ali”,  “Callas Forever”, “En la cuerda floja”, “El aviador” o “W”).
No es eso. No es eso.
Cuando veo la vida de Jackson veo otra clase de tratamiento, de enfoque. Quizá tengan que transcurrir algunos años más para que, aumentada y corregida la leyenda, tal proyecto sea viable. Quizá hagan falta décadas.
Pero insisto: hay material para una gran obra. Todo el conjunto del misterio Jackson, su Neverland, sus obsesiones, sus enfermedades, sus batallas legales, sus excentricidades, sus polémicas, su propia capacidad artística, mitificada y cuestionada a partes iguales, evoca tantos elementos trágicos como sólo las biografías de un Walt Disney o un Warhol pudieran suscitar.
La pregunta ahora es quién: quién. Qué cineasta, qué creador, qué persona con suficiente grandeza y talento, con estilo, con visión, qué genio cinematográfico que a ser posible sea guionista además de director, puede emprender un proyecto semejante: ¿un Mallick, acaso? (lo siento, pero Kubrick hace más de una década que murió), ¿un Coppola, dando su canto del cisne? No lo creo; para desgracia nuestra. Me decanto más bien por un Arofnosky (“Cisne Negro”, “El luchador”): alguien con una mirada nueva, trasgresora, joven, como de marciano recién llegado a Hollywood. O por un Nolan. O por Duncan Jones, hijo de otro mito, David Bowie, por suerte aún vivito y coleando.
En cualquier caso, Jackson, ciudadano Jackson, está esperando una adaptación, un nuevo Rosebud  que arroje luz sobre su misterio, que haga de bisagra entre dos siglos en los que sobrevoló este controvertido émulo de Peter Pan que acabó como Ícaro.
  • Creo que Cristopher Nolan haría un trabajo excelente; pero más allá de las posibles interpretaciones de la vida de este gran artista, siento discrepar, creo que Michael Jackson fue víctima de aquellos quienes se aprovecharon de su gran nobleza. Tuve el honor de entrevistarle en una ocasión, y no necesité mucho tiempo para darme cuenta de que tenía ante mí un gran hombre, un magnífico esposo y padre y, por encima de todo, una gran persona. Descansa en paz Michael.
    18.06.2011 alias
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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