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Azaroso azar

13.04.2011 | 1 Comentarios
Un frame de treinta: Azaroso azar

Una ruleta, nuestro frame de esta semana. ¡Qué mejor que una rueda que gira y gira para representar el concepto de azar, de aleatoriedad, de suerte, de la buena y de la mala, según se mire, según se gire! El frame corresponde, como siempre, a un reportaje de Treinta Minutos, en este caso “De profesión, jugador”, una inmersión en el mundo de los profesionales del poker, la ruleta, el bingo y las apuestas deportivas.
Azar. Juego. Si no recuerdo mal, inauguré este blog –hace ya algunos meses- con un post titulado “La vida es juego”.

No es que yo ahora me desdiga de lo que entonces escribí, no; esto es: que la vida es juego y que jugando nacemos, vivimos y morimos; les digo que no me desdigo. Lo que sí quiero es matizar: “juego es la vida; juego, pero no azar”. ¿Puedo demostrar con pruebas esto que afirmo? No.
¿Puede alguien, en cambio, afirmar y demostrarme en mis narices lo contrario? Tampoco.

Elijo, pues. Elijo creer que la vida, la existencia, no es azar. Así de simple. Y elijo esto a pesar de las apariencias, que, aunque pudieran parecer incontestables, engañan. Y, por eso mismo, me niego a aceptar algunas cosas. Me niego a aceptar, por ejemplo, que el último tsunami de Japón y el subsiguiente terremoto sea una muestra gratuita e indiferente de la Naturaleza, ajena a los avatares humanos.

Me niego a aceptar que cada accidente de tráfico, cada vuelco, cada derrape fatal, cada colisión contra un quitamiedos, cada avión o helicóptero fatalmente siniestrados, cada naufragio producido, sean aleatorios. Me niego a aceptar que nuestro futuro, nuestro, el de ustedes y el mío, pueden comprarse o venderse en una tienda al precio de un conjuro o unos polvos mágicos que atraigan o alejen la buena suerte, el buen azar. Repudio, por tanto, a los astros lejanos como regentes de mi destino, a  unos astros de roca impertérritos cuyos supuestos designios exponen con impudicia las páginas de los diarios de información y los horarios noctámbulos televisivos.

Me niego a aceptar que nuestro insignificante planeta azul y los que en el pululamos como hormigas desapareceremos algún día más allá de Orión, cerca de la Puerta de Tannhaüser. Elijo creer que soy -que somos- algo más que ceros y unos, física y química, estadística, probabilidad… que somos algo más que código genético, pensante, sí, pero con fecha de caducidad; me niego a aceptar que la predictibilidad, el determinismo y la estocástica corren por mis venas como los glóbulos rojos.


Comprenderán ustedes que, como carezco de formación sociológica y estoy exento de sus condicionamientos y sus determismos académicos, puedo permitirme estos y otros brindis al sol sin despeinarme. La ignorancia es lo que tiene. Además, como todos ustedes saben, la ignorancia es atrevida.

Por ello, como soy ignorante, me atrevo a creer que la lógica y las reglas que rigen el juego recreativo, no tienen señorío fuera de las puertas de los casinos. Dicho de otro modo: ¿Conocen ustedes el denominado “Teorema de los infinitos monos”, una hipótesis matemática que asevera que si se le entregara a un simio una máquina de escribir y se le dejara pulsar las teclas al azar durante un periodo de infinito tiempo, el mono, antes o después, terminaría “casi seguramente” (en este matiz reside el truco) por escribir cualquier libro que existiese en la Biblioteca Nacional Francesa, incluidas las obras de Shakespeare o El Quijote?

Como tampoco soy matemático ni estadístico, al recordar este teorema y su guasa me permitiré hacer un último brindis al sol: ¡tururú!

 

  • Estoy completamente de acuerdo. De hecho, si pensara que todo esto, este mundo, este universo, con todo su caos, todo su sufrimiento, no sólo el propio, sino también el ajeno, fuera fruto del azar, apretaría el botón rojo ahora mismo. Gracias nuevamente por transmitirnos esa esperanza que tanta falta nos hace.
    17.05.2011 alias
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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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