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Aurora de dedos rosáceos

23.03.2011 | 0 Comentarios
Frame Ala 12, Treinta Minutos

¿Ven el frame? ¿Ven las siluetas de los pilotos y de dos cazas, a lo lejos, despegando? Parecen sacadas de “Top Gun”, pero, en realidad, corresponden al reportaje de Treinta Minutos “Ala 12, Guardianes del Cielo”, la unidad de élite del Ejército del Aire ubicada en Torrejón que ha enviado a Libia cuatro aparatos F-18 para sumarse a las fuerzas de la coalición contra Gadafi.

Toda gesta, para dignificarse, necesita épica. Y qué mejor épica que las resonancias de los cantos de la poesía clásica: “Amanecer de la Odisea” ha sido el nombre con que ha sido bautizada la operación para establecer una zona de exclusión aérea.

Rebobino hacia atrás.

El sábado pasado, cuando, a media tarde, comenzaron los vuelos aliados sobre el teatro de operaciones, “Odyssey Dawn”, la denominación anglosajona de la misión, cruzó como un relámpago todos y cada uno de los miles de millones pantallas de ordenadores y móviles del planeta. Los periodistas teníamos ya el nombre de la criatura.

Y, la verdad, al margen de la cuestión de que toda guerra es terrible y preferiblemente evitable, el nombre sonaba bien. “Odyssey Dawn”: Amanecer y Odisea, una buena combinación.

Más allá de la sorpresa inicial, me picó la curiosidad averiguar qué había llevado al Pentágono a realizar tal bautismo. Odisea. Como soy cinéfilo antes que bibliófilo, pensé en Kubrick antes que en Homero. Pensé en “El Amanecer del Hombre”, la primera parte de la película “2001: Odisea espacial”. ¿Tenía sentido que la inteligencia norteamericana hubiera extraído el hombre de aquella legendaria referencia cinematográfica? Quizá sí y quizá no. Pero, tal y como les digo, como soy cinéfilo ante todo, (y hasta cinéfago si me apuran), después de pensar en Kubrick atravesó mi mente otra idea mejor: recordé que en la soberbia “La delgada línea roja”, de Terrence Malick, Nick Nolte interpretaba a un teniente coronel destinado en el frente del Pacífico, un teniente coronel amargado y descreído del género humano que, ante el impresionante panorama del amanecer frente al mar, explicaba a un suboficial cómo en la academia de West Point parte de la formación consistía en leer “La Odisea”; nada menos que en griego clásico: “¿sabe cómo le llama Homero al alba?” –preguntaba el teniente coronel al suboficial, admirados ambos ante el espectáculo del alba teñida de rojos y ocres-; “¡Aurora de dedos rosáceos!”, se respondía a sí mismo Nick Nolte.

Recordé, pues, esta segunda referencia cinéfila y me pareció más conveniente que la primera; y, siendo así, decidí felicitarme por haber encontrado tan perspicazmente la clave del enigma; sin duda, los cerebros del Pentágono, quién sabe si añorando sus años en West Point, a la hora de bautizar la misión sobre Libia habían pensado en Homero y en la Odisea, en los amaneceres rosáceos de la cultura clásica. ¡Bien por los bibliotecarios de Babel!

Y así he vivido yo estos días, hasta hoy, miércoles 23, día en que les escribo, encantado de conocerme ante mi supuesta habilidad para descifrar las claves subterráneas del conflicto. Sin embargo, esta mañana, ojeando los diarios digitales, he reparado en una noticia que ha tirado por tierra todas mis pesquisas y elucubraciones, y, con ellas, mi vanidad. Un titular de ADN decía así: “El nombre de la operación "Odyssey Dawn" no tiene significado alguno”. Al parecer –explicaba el artículo- los responsables del Pentágono, inquiridos por los periodistas acerca del sentido real del nombre de la operación, habían explicado que un sistema aleatorio de selección alfabética eligió al azar dos nombres que no tuvieran ninguna connotación que pudiera relacionarles con Libia. El resultado de esa búsqueda fueron dos palabras: “Odyssey” y “Down”. Juntos sonaban bien. El resto, como ustedes saben, ya es historia.

De todo este embrollo mental que yo mismo he conformado he obtenido algunas conclusiones válidas que sugiero como hipótesis:

1. Veo demasiado cine.
2. Nunca está demás revisar a los clásicos, aunque sea trayéndolos tan por los pelos como yo lo he hecho.
3. No hay que sobrevalorar la actual formación literaria de los expertos del Pentágono.

Y así me he quedado, pasmado, como un flautista solitario a las puertas de la aurora.

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Blog J.M. Albelda

Desde 1992 ha desempeñado su actividad profesional como periodista en la Cadena SER, Onda Madrid y Televisión Española. En 1994 comienza a trabajar en Telemadrid en el programa de reportajes El Semanal. Posteriormente estuvo en Panorama de Actualidad y en la sección de local. En 1997 comenzó a formar parte del equipo de redacción de Treinta Minutos, programa que dirige desde el año 2001, desde donde ha elaborado también especiales informativos documentales. Durante su actividad profesional ha obtenido los galardones Premio Ejército del Aire, Tiflos, Antena de Plata y Premio de Periodismo de la Fundación de Víctimas del Terrorismo.

 

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