La Opinión de Hermann Tertsch

Anomalías e indiferncia

07.09.2010 | 0 Comentarios
Cola de parados ante el Inem

Probablemente, uno de los peores efectos de estos pasados años sobre la salud democrática en España está en la indolencia o la pasividad con que la sociedad ha aceptado todo tipo de anomalías.

 

El presidente del Gobierno presumía de economía cuando ya doblábamos a Europa en desempleo. Algunas regiones negocian con el Gobierno Central de tú a tú y con amenazas. Se prohíbe hablar la lengua común en colegios catalanes. Se recorta el sueldo a los funcionarios mientras se subvenciona a organizaciones fantasma en todo el planeta.

 

Los ejemplos son muchos. Pero, una anomalía inconcebible fue aquella decisión del juez Baltasar Garzón de investigar el paradero y el estado de salud de Francisco Franco y colaboradores. Pero, sobre todo, hacerse con competencias que no eran suyas. Usurparlas, porque lo hizo a sabiendas que no eran suyas. Eso estableció el juez instructor Varela en uno de los casos pendientes contra Garzón. Ayer, el Tribunal Supremo puso coto definitivo a ese disparate.

 

Rechazo, por unanimidad, el recurso de Garzón contra la instrucción de Varela. Garzón habrá de sentarse en el banquillo. Y su carrera como juez estrella, pero de trayectoria escandalosamente anómala, puede poco menos que darse por finiquita. Aquí se ha corregido una anomalía grave. La unanimidad en la Sala Segunda el Tribunal Supremo pone así freno a uno de los mayores disparates que al amparo de la disparatada Ley de memoria histórica pretendía Garzón.

 

Pero no seríamos nosotros si cuando acaba una anomalía no comienza otra. Ayer los sindicatos UGT y CCOO presentaron la convocatoria oficial de la Huelga General del día 29. Es la primera huelga general de la historia que no se convoca contra los gobernantes. Sino contra la oposición. Ahí es nada.

 

Los sindicatos españoles, verticales y mantenidos por el poder como ninguno en Europa, son tan responsables como el Gobierno de la larga ocultación de esta crisis. Y de sus consecuencias. Los demás europeos, ya en franca recuperación se alejan raudos de una España estancada.

 

Y los sindicatos juegan a una huelga cuyo único resultado positivo sería que sus organizadores salieran del siglo XIX o no se recuperaran jamás del fracaso. Sería la mayor aportación que les queda por hacer a la economía y la libertad de este país.

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